El arzobispo de Viena, Josef Grünwidl, ha intentado matizar sus recientes declaraciones sobre el papel del derecho canónico en la Iglesia, pero sus nuevas afirmaciones no solo no corrigen el fondo, sino que lo refuerzan. En una entrevista concedida al medio austriaco Der Sonntag, el prelado insiste en que, si algo procede del Espíritu Santo, terminará imponiéndose también en la Iglesia, incluso en ámbitos regulados por normas y tradiciones.
Sus palabras llegan semanas después de la polémica generada por unas declaraciones en las que afirmaba que “lo que viene del Espíritu Santo no puede ser detenido por el derecho canónico”. Ahora, Grünwidl sostiene que quizá no se expresó con precisión, pero mantiene la idea central.
Una “corrección” que reafirma el fondo
El arzobispo explica que se inspiraba en un pasaje de los Hechos de los Apóstoles para subrayar que aquello que procede de Dios no puede ser frenado por estructuras humanas. Sin embargo, lejos de limitar el alcance de sus palabras, añade que, si determinadas cuestiones —como el papel de la mujer en la Iglesia— responden a un impulso del Espíritu Santo o a “signos de los tiempos”, acabarán desarrollándose también a nivel eclesial.
En este sentido, vincula explícitamente estas posibles evoluciones a los procesos sinodales recientes, señalando que sus conclusiones deberían traducirse en cambios concretos en la vida de la Iglesia. Entre ellos, menciona la necesidad de revisar la composición de órganos consultivos para incluir no solo clérigos, sino también laicos y mujeres.
Cambios estructurales en nombre de la sinodalidad
Grünwidl no se limita a una reflexión teórica. Propone medidas prácticas que apuntan a una mayor participación de los laicos —y especialmente de las mujeres— en instancias de decisión. A su juicio, la estructura actual debe adaptarse si se quiere aplicar de manera efectiva el camino sinodal impulsado en los últimos años.
Este planteamiento refuerza la percepción de que no se trata de una simple matización de sus palabras anteriores, sino de una reformulación que mantiene intacta la idea de fondo: que las normas eclesiales pueden cambiar si así lo exige lo que él interpreta como acción del Espíritu Santo.
El Viernes Santo y la comparación con los protestantes
En otro momento de la entrevista, el arzobispo aborda la situación del Viernes Santo en Austria, que dejó de ser festivo específico para los protestantes tras una reforma legal en 2019. Grünwidl afirma que esta jornada tiene una relevancia “más identitaria” para los protestantes que para los católicos, en referencia a la reivindicación de esas comunidades de recuperar el carácter festivo del día.
La afirmación resulta llamativa, dado que el Viernes Santo conmemora la Pasión de Cristo y ocupa un lugar central en la liturgia católica. Aunque el prelado muestra comprensión hacia las demandas de las iglesias protestantes, su comparación introduce un matiz discutible sobre el peso de esta celebración en la vida católica.
La confesión, una tarea pendiente
Preguntado por la práctica de la confesión en el contexto de la Semana Santa, Grünwidl reconoció que este año no ha podido dedicar tiempo al ministerio del sacramento de la penitencia debido a la intensidad de su agenda. El arzobispo señaló que, a diferencia de su predecesor, que solía atender confesiones en la catedral durante los días previos a la Pascua, él no ha logrado hacerlo en esta ocasión.
No obstante, afirmó que se trata de un aspecto que desea incorporar en el futuro, manifestando su intención de implicarse personalmente en la administración de este sacramento en próximas celebraciones.
Entre la gestión pastoral y la visión de la Iglesia
En la entrevista, el arzobispo de Viena también ofreció diversas reflexiones sobre la vida cristiana y su labor pastoral. Grünwidl subrayó la centralidad de la Pascua como eje de la fe, recordando que cada domingo constituye “una pequeña Pascua” que invita a los fieles a vivir con esperanza la resurrección de Cristo a lo largo del año.
En el plano doctrinal, explicó la diferencia entre la esperanza cristiana y la reencarnación, insistiendo en que la vida es única y que la salvación no depende del esfuerzo humano, sino de la acción redentora de Jesucristo y de la misericordia de Dios.
Más allá de estos puntos, Grünwidl defiende la estructura institucional de la Iglesia frente a las críticas, justificando la necesidad de recursos económicos, personal y organización para cumplir su misión evangelizadora. Al mismo tiempo, insiste en una visión de gobierno no individualista, subrayando la importancia de los órganos consultivos y del trabajo conjunto.
Sin embargo, son sus reflexiones sobre el posible cambio de normas en la Iglesia y su interpretación de la acción del Espíritu Santo las que vuelven a situarlo en el centro del debate, en continuidad con sus anteriores declaraciones.