«El sacerdocio no es un derecho»: un dominico responde al feminismo en la Iglesia

«El sacerdocio no es un derecho»: un dominico responde al feminismo en la Iglesia

La cuestión del papel de la mujer en la Iglesia se ha convertido en uno de los ejes del actual proceso sinodal, especialmente en países como Alemania, donde el llamado “Camino Sinodal” ha impulsado propuestas de reforma que afectan directamente a la comprensión del ministerio y de la estructura eclesial. En este contexto, el dominico francés, Édouard Divry ofrece una respuesta teológica que apunta al núcleo del problema: la tendencia a releer la fe desde esquemas ideológicos ajenos a la Revelación.

No es la Iglesia la que debe adaptarse

Para Divry, uno de los presupuestos más problemáticos de estas corrientes es sostener que la Iglesia no habría “rehabilitado” plenamente a la mujer. Este planteamiento implica asumir que la Iglesia se habría desviado de la intención de Cristo. En sus palabras, se trata de una “presunción de tipo protestante” que “se enfrenta directamente a la constitución divina de la Iglesia”.

Desde la perspectiva católica, esa hipótesis no se sostiene. La Iglesia puede necesitar purificación en sus miembros, pero no ha traicionado su constitución esencial. Pretender corregirla desde categorías externas supone introducir una “ruptura hermenéutica” que Benedicto XVI ya denunció como una lógica de “discontinuidad y ruptura”.

La jerarquía, una realidad querida por Cristo

El teólogo desmonta también la idea de que la estructura jerárquica sea una construcción posterior o una forma de dominación. El propio Cristo instituyó una organización concreta al elegir a los Doce y conferir a Pedro una misión singular.

“No se trata de una dominación sociológica”, explica Divry, sino de “un orden sacramental orientado al servicio”. Confundir este plano con el de la igualdad fundamental de todos los bautizados lleva a errores de interpretación. Como recuerda san Pablo, “ya no hay hombre ni mujer, porque todos sois uno en Cristo Jesús” (Ga 3,28), lo que no elimina la diversidad de funciones dentro de la Iglesia.

María, lejos de toda caricatura

Uno de los puntos donde más se evidencian estas distorsiones es en la interpretación de las figuras femeninas. La lectura que presenta a la Virgen María como símbolo de sumisión resulta, según el dominico, un claro error teológico.

El “fiat” de María no es pasividad, sino un acto de libertad decisivo. Como recuerda la tradición, ese sí de la Virgen compromete a toda la humanidad en la historia de la salvación. “Dios no quiere una esclava para esposa”, subraya Divry, insistiendo en que la relación entre Cristo y la Iglesia se fundamenta en la libertad.

Feminismo y pérdida de universalidad

Divry es especialmente claro al evaluar ciertas corrientes feministas dentro del ámbito eclesial: “Hay en algunas reivindicaciones feministas una pérdida de universalidad tan flagrante”, advierte.

A su juicio, introducir categorías como “patriarcado” o “igualdad de funciones” traslada al interior de la Iglesia esquemas sociopolíticos que no responden a su naturaleza. En ese contexto, el sacerdocio se presenta como un derecho o una promoción, cuando en realidad “no forma parte de los derechos de la persona”, sino que pertenece “a la economía del misterio de Cristo y de la Iglesia”.

La diferencia no es desigualdad

La clave, insiste el dominico, está en comprender que la diversidad de vocaciones no implica inferioridad. La Iglesia reconoce plenamente la dignidad de la mujer y su papel insustituible en la vida cristiana, pero sin confundir funciones.

En este sentido, recuerda que la misión de figuras como María Magdalena —“apóstol de los apóstoles”— no equivale al ministerio sacerdotal. Se trata de ámbitos distintos dentro de una misma comunión.

En un momento en que se multiplican las propuestas de reforma desde claves ideológicas, la advertencia es clara: la fidelidad al Evangelio no consiste en adaptarlo a las categorías del tiempo, sino en acoger el misterio de la Iglesia en toda su profundidad, donde la igualdad de los bautizados convive con la diversidad de vocaciones.

 

Fuente: Tribune Chrétienne

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