El Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como el “banco vaticano”, ha anunciado el nombramiento del financiero luxemburgués François Pauly como nuevo presidente de su Consejo de Supervisión, en sustitución de Jean-Baptiste Douville de Franssu, en un relevo que se hará efectivo a finales de abril.
Un relevo programado tras un año de preparación
Según ha comunicado oficialmente el propio IOR, Pauly asumirá el cargo tras la reunión del Consejo prevista para el 28 de abril de 2026, en la que se aprobarán las cuentas correspondientes al ejercicio 2025. Hasta entonces, Douville de Franssu permanecerá en funciones.
El proceso de sucesión, llevado a cabo durante los últimos doce meses, ha sido coordinado entre el Consejo de Supervisión y la Comisión de Cardenales, con el objetivo de garantizar la continuidad en la gobernanza del Instituto.
La designación de Pauly fue aprobada por dicha Comisión el 28 de enero de 2026, tras la propuesta formal presentada por el Consejo el 12 de diciembre de 2025, conforme a los estatutos del IOR.
Presencia en redes financieras y corporativas
François Pauly cuenta con más de tres décadas de experiencia en el sector financiero europeo, con una trayectoria ligada a la banca institucional, la financiación pública y la gestión de grandes estructuras bancarias.
Inició su carrera en los años ochenta y pronto se especializó en financiación de infraestructuras y relaciones con entidades públicas, un ámbito clave en la arquitectura financiera europea. Su paso por Dexia Crediop, donde fue subdirector general entre 2002 y 2003, lo situó en el centro de la financiación estructurada en Italia.
Su consolidación llegó al frente de Banque Internationale à Luxembourg (BIL), una de las principales entidades del Gran Ducado. Entre 2011 y 2016 ejerció como consejero delegado y presidente, liderando el proceso de reestructuración del banco tras la crisis financiera y su salida del grupo Dexia.
Posteriormente ha ocupado múltiples cargos en consejos de administración en los sectores de seguros, banca privada y gestión de activos en Luxemburgo, Suiza y Bélgica. Actualmente preside el grupo asegurador La Luxembourgeoise, lo que refuerza su perfil como gestor de patrimonios y estructuras financieras complejas dentro de los circuitos de la alta finanza europea.
Un banquero de la órbita Rothschild
La proyección internacional de François Pauly se consolidó en el grupo Edmond de Rothschild, una de las ramas de la familia centrada en banca privada y gestión de grandes patrimonios —distinta de Rothschild & Co y con un perfil más discreto y reservado—.
Desde junio de 2021 ejerció como consejero delegado del perímetro suizo y presidente del comité ejecutivo de Edmond de Rothschild (Suisse), situándose en el núcleo de la gestión operativa del grupo.
En la nota publicada en El Español en 2021, Ariane de Rothschild, presidenta del consejo de administración de Edmond de Rothschild, mencionó sobre Pauly: «He querido llamar a François Pauly como sucesor porque, además de su notable talento y experiencia profesional, tiene un conocimiento profundo del grupo, de su estrategia y de los retos que se avecinan».
Su responsabilidad se extendía a una red de filiales en Europa y otros mercados —incluyendo Mónaco, Israel, Reino Unido y Francia—, con participación en consejos y comités clave, especialmente en áreas de control y riesgos.
El cargo de Pauly coincidió con un momento especialmente delicado para el grupo tras la muerte de Benjamin de Rothschild. En ese contexto, participó en la gestión de la transición y en operaciones estratégicas, en un periodo en el que la entidad destacó crecimiento en activos y actividad.
Su salida se formalizó en marzo de 2023. La versión oficial la enmarca como una evolución natural hacia funciones como consejero independiente, manteniendo un vínculo parcial con el grupo. Sin embargo, informaciones de prensa económica apuntaron a posibles divergencias estratégicas internas, una hipótesis no confirmada públicamente por la entidad.
Vínculos previos con el Vaticano
No se trata de un recién llegado al entorno vaticano. Pauly fue miembro del consejo del Fondo de Pensiones del Vaticano entre 2017 y 2021, lo que le permitió integrarse en la estructura económica de la Santa Sede antes de su actual nombramiento.
Además, mantiene relaciones con la Iglesia en su país de origen, formando parte de la Comisión de Asuntos Económicos de la archidiócesis de Luxemburgo, un órgano clave en la gestión patrimonial eclesial.
Balance de una década de reformas
El presidente saliente, Jean-Baptiste Douville de Franssu, ha subrayado en el comunicado que, desde 2014, el IOR ha experimentado una “profunda transformación estructural” tras años marcados por dificultades de gestión.
Según el propio Instituto, este proceso ha permitido establecer un marco de gobernanza más sólido, reforzar los mecanismos de control y alcanzar estándares internacionales en la lucha contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, reconocidos por Moneyval.
El IOR mantiene actualmente relaciones con más de 35 bancos corresponsales y presta servicio a más de 12.000 clientes en todo el mundo, incluyendo instituciones de la Santa Sede y entidades vinculadas a la Iglesia.
Continuidad, control y poder financiero
El cardenal Petrocchi, presidente de la Comisión de Cardenales del IOR, ha agradecido la labor de Douville de Franssu y ha destacado la experiencia de Pauly como garantía de continuidad en esta nueva etapa.
El relevo se produce en un momento en el que el Vaticano busca mantener la credibilidad internacional de su sistema financiero, apoyándose en perfiles técnicos procedentes de la gran banca europea.
Sin embargo, la elección de un directivo estrechamente vinculado a los círculos de la alta banca privada —y en particular al entorno Rothschild— pone de relieve el creciente peso de perfiles tecnocráticos en la gestión económica de la Santa Sede.
En un ámbito donde las decisiones se toman en círculos reducidos y altamente especializados, cabe preguntarse hasta qué punto estos nombramientos responden realmente a criterios de apertura o participación. Al menos en el gobierno del banco vaticano, la tan invocada “sinodalidad” parece no haber encontrado todavía su espacio. Cuando están en juego el poder, el dinero y la reputación internacional, siguen imponiéndose los criterios clásicos de gobierno —jerárquicos, selectivos y tecnocráticos—, muy alejados de la retórica sinodal.