El Papa León XIV ha reconocido que las relaciones entre católicos y anglicanos atraviesan un momento de nuevas dificultades, pero ha insistido en la necesidad de perseverar en el diálogo ecuménico “en la verdad y en el amor”. Así lo ha expresado en el mensaje enviado a la nueva arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, con motivo de su toma de posesión, celebrada el 25 de marzo en la catedral de Canterbury.
En su mensaje, el Pontífice subraya que, pese a los desacuerdos surgidos en los últimos años, los cristianos están llamados a seguir caminando juntos, recordando que las diferencias no pueden borrar la fraternidad que nace del bautismo común.
Dejamos a continuación el mensaje de León XIV:
A la Muy Reverenda y Muy Honorable
Dama Sarah Mullally
Arzobispa de Canterbury
«La gracia, la misericordia y la paz estarán con nosotros, de parte de Dios Padre y de Jesucristo, el Hijo del Padre, en la verdad y en el amor» (2 Jn 1,3).
Con esta certeza de la presencia constante de Dios, le envío mis saludos y oraciones con motivo de su toma de posesión como Arzobispa de Canterbury.
Sé que el ministerio para el que ha sido elegida es exigente y comporta responsabilidades no solo en la diócesis de Canterbury, sino también en toda la Iglesia de Inglaterra y en la Comunión Anglicana en su conjunto. Además, asume estas responsabilidades en un momento desafiante en la historia de la familia anglicana. Al pedir al Señor que la fortalezca con el don de la sabiduría, ruego que sea guiada por el Espíritu Santo en el servicio a sus comunidades y que encuentre inspiración en el ejemplo de María, la Madre de Dios.
Hace sesenta años, durante su histórico encuentro en Roma, nuestros predecesores de feliz memoria, san Pablo VI y el arzobispo Michael Ramsey, comprometieron a católicos y anglicanos en «una nueva etapa en el desarrollo de las relaciones fraternas, basada en la caridad cristiana» (Declaración conjunta, 24 de marzo de 1966). Ese nuevo capítulo de apertura respetuosa ha dado mucho fruto en las últimas seis décadas y continúa hasta hoy.
En aquella misma ocasión, el Papa Pablo VI y el arzobispo Ramsey acordaron también iniciar un diálogo teológico. De hecho, la Comisión Internacional Anglicano-Católica (ARCIC) ha contribuido enormemente al crecimiento de la comprensión mutua desde su creación. Los frutos de este valioso trabajo nos han permitido dar un testimonio conjunto más eficaz (cf. Comisión Internacional Anglicano-Católica para la Unidad y la Misión, Crecer juntos en unidad y misión, 93). Esto es especialmente importante ante los múltiples desafíos que afronta hoy la familia humana. Por ello, agradezco que este importante diálogo continúe.
Al mismo tiempo, sabemos que el camino ecuménico no siempre ha sido fácil. A pesar de los muchos avances, nuestros predecesores inmediatos, el Papa Francisco y el arzobispo Justin Welby, reconocieron con franqueza que «nuevas circunstancias han presentado nuevos desacuerdos entre nosotros». Sin embargo, hemos seguido caminando juntos, porque las diferencias «no pueden impedirnos reconocernos como hermanos y hermanas en Cristo en virtud de nuestro bautismo común» (Declaración conjunta, 5 de octubre de 2016). Por mi parte, creo firmemente que debemos continuar dialogando en la verdad y en el amor, porque solo en la verdad y en el amor llegamos juntos a conocer la gracia, la misericordia y la paz de Dios (cf. 2 Jn 1,3), y así podemos ofrecer estos preciosos dones al mundo.
Además, la unidad que los cristianos buscan no es un fin en sí mismo, sino que está orientada a la proclamación de Cristo, para que, como el mismo Señor Jesús oró, «el mundo crea» (Jn 17,21). Dirigiéndose a los primados de la Comunión Anglicana en 2024, el Papa Francisco declaró que «sería un escándalo que, a causa de nuestras divisiones, no cumpliéramos nuestra vocación común de dar a conocer a Cristo» (Discurso a los Primados de la Comunión Anglicana, 2 de mayo de 2024). Querida hermana, hago mías estas palabras, porque es mediante el testimonio de una comunidad cristiana reconciliada, fraterna y unida como el anuncio del Evangelio resonará con mayor claridad (cf. Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2026, 2).
Con estos sentimientos fraternos, invoco sobre usted las bendiciones de Dios Todopoderoso al asumir sus altas responsabilidades. Que el Espíritu Santo descienda sobre usted y la haga fecunda en el servicio del Señor.
Desde el Vaticano, 20 de marzo de 2026
Memoria de san Cutberto, obispo
LEÓN PP. XIV