Poesía en la Iglesia

Poesía en la Iglesia
Trifacial Trinity by an anonymous artist from Cuzco, c. 1750-1770 [Lima Museum of Art, Peru]

Por Randall Smith

Agustín admite en las Confesiones que, cuando era joven, no le gustaban las Escrituras; encontraba el lenguaje feo y poco inspirador. Prefería a Cicerón y Virgilio. Peor aún, algunas cosas en las Escrituras le hacían pensar que el cristianismo era ridículo. ¿Quién sería tan ingenuo como para pensar que Dios tiene una mano derecha? ¡Dios no tiene cuerpo! Qué horda de rústicos debían ser los cristianos.

No fue hasta que envejeció que se dio cuenta de que las Escrituras hacían uso de figuras retóricas, metáforas, analogías y otros recursos poéticos. Los cristianos no creen que Dios tenga una mano derecha física; más bien, esta es una imagen que sugiere la unión íntima entre el Padre y el Hijo.

Se había estado burlando de los cristianos cuando él era el ignorante cuya soberbia le había cegado ante la riqueza del lenguaje y la imaginería bíblica. «Mi inflada soberbia rechazaba su estilo», escribe, «ni la agudeza de mi ingenio podía penetrar su interior sentido. Verdaderamente eran tales que debían crecer con los pequeños; pero yo me despreciaba de ser pequeño y, henchido de orgullo, me tenía por grande».

No es raro que las personas que se jactan de su sofisticación científica encuentren la manera de hablar de la Iglesia, especialmente en la liturgia, extraña, tal vez incluso infantil; algo aceptable solo para personas rudas que creen cualquier cosa que se les diga, por ridícula que sea.

Puedo imaginar a alguien con esta mentalidad preguntando: «¿Realmente cree que hay coros de ángeles «volando en lo alto con sus alas», cantando «Santo, Santo, Santo»?». Como converso adulto, puedo entender cómo los escépticos ajenos a la Iglesia podrían ver este tipo de lenguaje. Parece algo sacado de un libro infantil, como hablar del «sombrero seleccionador» de Harry Potter o de volar sobre un hipogrifo. Está bien para los niños, pero no para adultos serios.

Dado que vivimos en lo que es en gran medida una monótona y poco poética «era de la información», entiendo por qué el lenguaje de la Iglesia puede parecer así. Pero quizás hay cosas que simplemente no se pueden decir en el habla ordinaria del tipo que uno encuentra en el periódico o en el último artículo de una revista. Tal vez algunas cosas simplemente trascienden nuestras formas normales y cotidianas de hablar y requieren un modo diferente de discurso, uno que comunique realidades que superen nuestras formas habituales de hablar y escribir; como cuando Robert Frost dice:

La tierra era nuestra antes de que nosotros fuéramos de la tierra.
Ella fue nuestra tierra más de cien años
Antes de que nosotros fuéramos su gente.

O cuando T. S. Eliot escribe que,

No cesaremos de explorar
Y el final de todas nuestras exploraciones
Será llegar a donde empezamos
Y conocer el lugar por primera vez.

O cuando el Salmista proclama:

El Señor es mi pastor, nada me falta.
En verdes praderas me hace recostar;
hacia aguas de reposo me conduce;
él conforta mi alma.

Si usted no «capta» las muchas formas en que el lenguaje significa —si, por ejemplo, no «capta» el habla poética y le parece un montón de tonterías sin sentido—, entonces probablemente no «captará» el lenguaje de las Escrituras y de la liturgia. Gran parte de ello probablemente le parecerá tan tonto como le pareció a san Agustín cuando imaginaba que los cristianos pensaban que Dios tenía un cuerpo físico.

Podría decir que la frase «a la derecha del Padre» significa que el Cristo Resucitado está íntimamente unido en la unidad del Ser con Aquel de quien Él, la segunda «persona» de la Trinidad, es eternamente generado, siendo amado plena y eternamente y amando plena y eternamente a su vez. Pero eso no es mejor.

Ese lenguaje podría tener un papel útil para ayudarnos a comprender mejor el lenguaje con el que se nos ha expresado la fe. Pero después de haber usado las palabras más «académicas» para explicar esas palabras bíblicas y litúrgicas, generalmente lo mejor es volver a las palabras y frases originales por ser más claras, más bellas y, probablemente, más cercanas a la verdad.

En la poesía, no está mal expresar el significado de las palabras con sus propias palabras, «desentrañarlas», por así decirlo. Pero una vez que ese «desentrañar» ha llegado a cierto punto, es importante leer el poema de nuevo y simplemente dejar que esas palabras resuenen en su alma.

Se dice que una vez le preguntaron a Robert Frost qué significaba uno de sus poemas, a lo cual respondió: «Así que quiere que le diga lo que dice el poema con palabras diferentes y peores». Si hubiera habido una mejor manera de expresarlo, el poeta lo habría expresado de esa manera. Si hubiera habido una mejor manera de expresarlo, Dios lo habría expresado de esa manera.

Por tanto, si alguien me pregunta: «¿Cree que realmente hay huestes de ángeles rodeando a Dios cantando «Santo, santo, santo»?», mi respuesta es: Sí.

Pero con esto me refiero a dos cosas. Primero, mi creencia honesta es que, si tengo la suerte de experimentar esta realidad, probablemente diré: «Vaya, sabes, no creo que hubiera una mejor manera de expresar lo que estoy viendo. Quiero decir, está tan lejos de cualquier cosa que pudiera imaginarse, pero si tuvieras que ponerlo en palabras, supongo que esto es probablemente lo mejor que podrías hacer». Lo segundo que puedo decir es que creo en la verdad de cualquier realidad a la que esas palabras apunten, aunque no dudo que la realidad supera con creces lo que mi mente puede comprender.

Utilizando imágenes que conocemos y hemos experimentado concretamente en nuestras vidas terrenales, este es un lenguaje destinado a orientarnos hacia el cielo. Nuestro desafío es dejar que nos envuelva y nos ayude a impulsarnos en ese viaje hacia el cielo, para que, cuando lleguemos, podamos decir: «¿Ah, es así? ¡Pues claro que lo es! Esto da un sentido perfecto a lo que leímos y oímos, pero que aún no podíamos ver ni comprender».

Sobre el autor

Randall B. Smith es profesor de Teología en la Universidad de St. Thomas en Houston, Texas. Su último libro es From Here to Eternity: Reflections on Death, Immortality, and the Resurrection of the Body.

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