El Parlamento de Escocia ha rechazado este 17 de marzo la legalización de la eutanasia tras una votación final que se saldó con 69 votos en contra y 57 a favor, según informa la BBC. La propuesta, impulsada por el liberal demócrata Liam McArthur, buscaba permitir que adultos con enfermedades terminales pudieran recibir «ayuda médica» para poner fin a su vida.
Una votación marcada por el debate sobre la coacción
El proyecto de ley fue finalmente rechazado tras un debate especialmente intenso, en el que los detractores insistieron en los riesgos para las personas más vulnerables.
Entre las principales preocupaciones expuestas en el Parlamento destacaron el peligro de presiones —directas o indirectas— sobre enfermos, la falta de garantías suficientes para evitar abusos y la necesidad de priorizar los cuidados paliativos.
Algunos parlamentarios alertaron de que no existe una protección efectiva frente a la coacción, mientras que otros subrayaron que la falta de acceso a cuidados adecuados puede condicionar la libertad real de los pacientes.
Un proyecto con condiciones restrictivas
La iniciativa contemplaba que solo pudieran acceder a la muerte asistida adultos con enfermedades terminales, con plena capacidad mental y con una expectativa de vida inferior a seis meses.
Además, el procedimiento requería varias declaraciones formales del paciente y evaluaciones médicas para descartar presiones externas. Pese a estas condiciones, el texto no logró reunir el apoyo suficiente en la votación final.
Los obispos habían advertido de las consecuencias
Antes de la votación, los obispos de Escocia expresaron su “profunda preocupación” por el proyecto de ley, alertando de que supondría una “grave vulneración de la dignidad humana”, según recogió ACI Prensa.
En una carta pastoral, señalaron que el país se encontraba en “un momento de profundas consecuencias morales” y recordaron su responsabilidad como “encargados del cuidado de las almas y de la protección de la dignidad humana”.
Llamado a los fieles y defensa de la vida
Los prelados instaron a los católicos a implicarse en el debate público: “Haced oír vuestra voz en defensa de quienes quizá no puedan hablar por sí mismos”.
Asimismo, defendieron que “la verdadera compasión no se encuentra en acelerar la muerte, sino en acompañar a quienes sufren”, subrayando la necesidad de garantizar atención médica, emocional y espiritual.
También recordaron que toda persona “es un don de Dios” y que la respuesta adecuada ante el sufrimiento debe ser el acompañamiento y el cuidado hasta el final natural de la vida.
Advertencias sobre los riesgos de la ley
Los obispos advirtieron del riesgo de “coacción sutil y oculta” sobre los más vulnerables y criticaron la falta de medidas para reforzar los cuidados paliativos, proteger la objeción de conciencia del personal sanitario o salvaguardar a instituciones contrarias a estas prácticas.
Asimismo, señalaron que la experiencia de otros países muestra una progresiva ampliación de los supuestos iniciales, lo que podría poner en riesgo a un número creciente de personas.
Un debate que continúa abierto
Aunque el proyecto ha sido rechazado, sus promotores han advertido de que el debate sobre la eutanasia continuará en Escocia.
La votación supone, por ahora, un freno a la legalización de la muerte asistida en el país, en un contexto en el que iniciativas similares siguen siendo discutidas en otras partes del Reino Unido.