El sacerdote Eleuterio Vásquez, conocido en Chiclayo como “Lute” y denunciado por tres víctimas por graves abusos a menores —a quienes llevaba a solas a pernoctar a una estancia en la sierra— ha reaparecido públicamente la semana pasada en una celebración parroquial acompañado por el sacerdote Edward Tocto, canonista próximo a Prevost que además ejerció como su abogado defensor en el polémico proceso canónico fallido sobre los abusos en Chiclayo.
La escena, en la que ambos aparecen el pasado 8 de marzo celebrando junto a fieles el aniversario de actividades parroquiales, ha provocado desconcierto entre muchos católicos que conocen la gravedad del caso y el modo en que terminó la tramitación eclesiástica, con la dispensa del estado clerical concedida el pasado mes de octubre y sin una sentencia sobre el fondo de los hechos.
El método «Lute»
Eleuterio Vásquez fue denunciado por comportamientos gravemente impropios con menores. Los testimonios de las víctimas describen viajes a la sierra con niñas de entre nueve y once años, con quienes el sacerdote pernoctaba a solas mientras un conductor permanecía fuera, durmiendo en el vehículo que les había trasladado. Las declaraciones que las víctimas trasladaron en 2022 al entonces obispo Prevost relatan episodios en los que el sacerdote se desnudaba delante de las menores y realizaba frotamientos de carácter sexual, hechos que trascendieron públicamente cuando las denunciantes, después de años de silencio institucional, acudieron a los medios peruanos.
Las medidas cautelares tomadas por el entonces obispo Prevost contra Lute, según confirmó Infovaticana a través de una grabación del instructor Giampiero Gambaro, no incluyeron nunca la suspensión del abusador del ministerio público, sino solamente su traslado y una prohibición de confesar. La falta de indagaciones: no se identificó siquiera al conductor que llevaba a las víctimas y a su abusador a la sierra, y una extraña solicitud de archivo del caso vinculándolo a la prescripción civil del mismo, sitúan el caso Lute como un borrón no aclarado en la trayectoria de Prevost previa al papado.
Un proceso canónico marcado por irregularidades
El procedimiento eclesiástico que siguió a las denuncias quedó desde el principio rodeado de decisiones controvertidas. En un primer momento el expediente fue archivado invocando la prescripción civil de los hechos, una decisión contraria a la lógica del propio ordenamiento canónico y que después quedó expuesta cuando se conocieron las graves deficiencias de la investigación previa, descrita por el propio instructor como «una tomadura de pelo, superficial y plagada de errores».
Más tarde el procedimiento se reabrió, pero durante años quedó prácticamente paralizado. Las víctimas denunciaron bloqueo total de información, sin acceso al expediente y sin conocer el estado real de la causa. Esa situación quedó reflejada cuando pidieron formalmente ver los documentos que la Iglesia llevaba años sin mostrarles. A día de hoy, el caso sigue dejando a las denunciantes sin una respuesta mínimamente reparadora.
Durante la investigación salió además a la luz otro elemento especialmente perturbador: el propio sacerdote llegó a admitir conductas abusivas, aunque intentó rebajar su gravedad alegando que no había penetración. Esa afirmación quedó recogida en la información publicada por este medio bajo el título “Lute reconoció que abusaba de niñas pero no lo considera delito por no haber penetración”.
La dispensa que cerró el proceso sin juicio
El episodio más delicado llegó cuando León XIV concedió la gracia de la dispensa del estado clerical solicitada por el propio Eleuterio Vásquez. Con esa decisión, el proceso penal canónico quedó extinguido sin que llegara a celebrarse juicio ni se dictara sentencia sobre los hechos denunciados.
Antes de que se adoptara esa medida, las víctimas habían pedido expresamente al Papa que no concediera la dispensa hasta que la causa concluyera, petición recogida cuando solicitaron públicamente que se permitiera continuar el juicio canónico. Finalmente la dispensa fue otorgada, intentando dejar el caso sin resolución judicial, como explicó Infovaticana en la información sobre la decisión adoptada en Roma que cerró el procedimiento.
Edward Tocto, el nexo central del caso
La reaparición pública de Lute junto a Edward Tocto no es un detalle secundario. Es, en realidad, el eje de la noticia. Tocto no solo fue el canonista que asumió la defensa de Eleuterio Vásquez en el proceso eclesiástico. Tocto forma además parte del entorno personal de Robert Francis Prevost desde los años de Chiclayo y mantiene con él una relación de evidente cercanía, acreditada por hechos concretos y por testimonios públicos del propio sacerdote.

La imagen difundida en redes sociales la semana pasada resulta por ello especialmente significativa: muestra al defensor canónico de Eleuterio Vásquez de celebración pública junto al propio sacerdote denunciado, en un ambiente festivo y rodeado de fieles, como si nada de lo ocurrido hubiera existido. No se trata solo de una fotografía incómoda. Es la visualización de una red de vínculos personales y eclesiásticos que atraviesa el caso de principio a fin.
La situación resulta todavía más grave por la posición institucional que ocupa Edward Tocto dentro de la diócesis de Chiclayo. Tocto es actualmente vicario judicial adjunto del tribunal eclesiástico diocesano. Esa condición es incompatible con su actuación como defensor en el proceso contra Eleuterio Vásquez, porque el vicario judicial y sus adjuntos forman parte de la propia estructura encargada de administrar justicia en la diócesis. Esa doble posición contamina la limpieza del procedimiento y agrava la sensación de desorden que ya rodeaba todo el caso.
Una amistad estrecha con el actual Papa
La relación entre Edward Tocto y Robert Francis Prevost no es tangencial ni protocolaria. Es una amistad estrecha, antigua y conocida en el entorno de Chiclayo. El propio Tocto la ha contado públicamente. Tras el cónclave, recordó en la cadena de radio española COPE un episodio ocurrido en Roma con ocasión de la creación cardenalicia de Prevost. Según su relato, llegó de noche y sin alojamiento, y terminó encontrándose con el entonces cardenal cerca del obelisco de la plaza de San Pedro. Tocto contó que Prevost lo reconoció enseguida, lo abrazó, se interesó por su situación y le consiguió un lugar donde dormir aquella misma noche.

Pero hay un dato todavía más expresivo sobre esa cercanía. En febrero de 2015, cuando Prevost era obispo de Chiclayo, condujo personalmente desde Madrid hasta Pamplona para visitar a Tocto, que en aquel momento estudiaba Derecho Canónico en la Universidad de Navarra. Hizo el viaje de ida y vuelta en el mismo día —cerca de ochocientos kilómetros— solo para felicitarle por su cumpleaños, pasar unas horas con él y regresar después a Madrid. No se trata de una relación distante entre obispo y sacerdote. Se trata de una amistad personal intensa, sostenida y singularmente estrecha.
Ese dato resulta capital para entender la fotografía difundida ahora en Chiclayo. Tocto no aparece al lado de Lute como un sacerdote cualquiera. Aparece como el defensor canónico del sacerdote denunciado y, al mismo tiempo, como una persona muy próxima al actual pontífice. Y ese mismo Tocto es, además, una figura conocida por su cercanía tanto a Prevost como al propio entorno de Lute. Ahí radica el verdadero centro de gravedad de la noticia: la reaparición pública de Eleuterio Vásquez se produce de la mano de un sacerdote que conecta el caso con la estructura judicial de la diócesis y con el círculo personal del Papa.
Esta imagen no reabre solo una herida mal cerrada. Reabre también una pregunta de fondo sobre cómo se gestionó el caso desde el principio, quién estuvo cerca de quién en cada fase del procedimiento y por qué un sacerdote abusador con unos testimonios tan sólidos y un contexto tan abrumador, termina reapareciendo públicamente acompañado precisamente por uno de los hombres más próximos al actual Papa dentro de la diócesis de Chiclayo.
La situación procesal del caso Lute
- Las víctimas reclaman acceso al expediente
Las víctimas del caso Lute piden ver los documentos que la Iglesia les lleva ocultando desde 2022 - Las pruebas que nunca se practicaron
Las pruebas que Prevost no practicó y que las víctimas piden para esclarecer su caso - Las deficiencias de la investigación previa
La Iglesia admitió la negligencia en el caso Lute - La admisión de abusos por el propio sacerdote
Lute reconoció que abusaba de niñas pero no lo considera delito