León XIV pide mayor responsabilidad pastoral y una conversión real de la Iglesia ante los casos de abusos

León XIV pide mayor responsabilidad pastoral y una conversión real de la Iglesia ante los casos de abusos
Foto: Vatican Media

El papa León XIV recibió este lunes en audiencia a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisión para la Tutela de los Menores, reunidos en el Vaticano para abordar el trabajo de prevención de abusos dentro de la Iglesia. Este organismo, creado por el papa Francisco en 2014 e integrado actualmente en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, tiene como misión asesorar a la Santa Sede en la promoción de políticas de prevención y protección de menores y personas vulnerables en las diócesis y comunidades eclesiales de todo el mundo.

En su intervención, el Pontífice insistió en que la protección de menores y de personas vulnerables no puede reducirse a protocolos o procedimientos, sino que debe convertirse en una verdadera “cultura de la cura” que atraviese toda la vida eclesial. León XIV subrayó además la importancia de escuchar a las víctimas y de reforzar la cooperación entre los distintos organismos de la Santa Sede para avanzar en la prevención y en la responsabilidad disciplinaria frente a los abusos.

Dejamos  continuación el discurso completo de León XIV: 

Sean bienvenidos, queridos hermanos y hermanas:

Me complace saludarlos a todos en este día, mientras se reúnen para su Asamblea Plenaria. Agradezco al nuevo Presidente —todavía nuevo— S.E. Mons. Thibault Verny, presidente de la Comisión, por su liderazgo y dedicación. Y agradezco al secretario, S.E. Mons. Luis Manuel Alí Herrera, por su ferviente servicio, así como a la secretaria adjunta, la Dra. Teresa Morris Kettelkamp, por sus valiosas contribuciones al trabajo de la Comisión. Asimismo, expreso mi gratitud a todos ustedes, miembros y colaboradores, por su servicio a la Iglesia protegiendo a los niños, adolescentes y personas en situaciones de vulnerabilidad. Es un servicio exigente, a veces silencioso y a menudo oneroso, pero esencial para la vida de la Iglesia y para la construcción de una auténtica cultura del cuidado.

Mi predecesor, el Papa Francisco, de venerada memoria, quiso situar permanentemente el servicio de ustedes al interno de la Curia Romana para recordar a toda la Iglesia que la prevención de los abusos no es una tarea opcional, sino una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia. Desde mi elección, me ha animado mucho el diálogo que ustedes han fomentado con la Sección Disciplinaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, porque, de este modo, están logrando el objetivo deseado: que la prevención —una de las responsabilidades de ustedes— y la vigilancia disciplinaria ―ejercida por ese Dicasterio―, se unan de manera verdaderamente sinérgica y eficaz.

La misión de ustedes es ayudar a garantizar que se prevenga el abuso. Sin embargo, la prevención nunca es solamente un conjunto de protocolos o procedimientos. Se trata de ayudar a formar, en toda la Iglesia, una cultura del cuidado, en la que la protección de los menores y las personas en situaciones de vulnerabilidad no se considere una obligación impuesta desde fuera, sino una expresión natural de la fe. Por lo tanto, exige un proceso de conversión en el que los sufrimientos de los demás sean escuchados y nos muevan a actuar. En este sentido, las experiencias de las víctimas y de los sobrevivientes son puntos de referencia esenciales. Aunque ciertamente son dolorosas y difíciles de escuchar, estas experiencias sacan poderosamente a la luz la verdad y nos enseñan humildad mientras nos esforzamos por ayudar a las víctimas y a los sobrevivientes. Al mismo tiempo, es precisamente mediante el reconocimiento del dolor que se ha causado como se abre un camino creíble de esperanza y renovación.

Otro elemento importante de su servicio es la incorporación de un enfoque multidisciplinario y sistemático. Como parte de la Curia Romana, dentro del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ustedes tienen un papel claro que los sitúa en diálogo con los Dicasterios y otras instituciones que ejercen su responsabilidad en los distintos ámbitos relacionados con la protección. Espero que sigan logrando una cooperación aún mayor con ellos, de modo que ellos enriquezcan con sus conocimientos el trabajo que ustedes hacen. Al mismo tiempo, ellos también pueden enriquecerse con la experiencia que la Comisión ha adquirido en estos once años de servicio, particularmente a través de la escucha atenta y sincera que ustedes ofrecen a las víctimas, a los sobrevivientes y a sus familias. En este sentido, el Informe Anual de la Comisión es una herramienta de gran importancia. Este representa un ejercicio de verdad y responsabilidad, así como de esperanza y de prudencia, que deben ir de la mano por el bien de la Iglesia. La esperanza nos impide caer en el desánimo; la prudencia nos preserva de la improvisación y de la superficialidad a la hora de abordar la prevención del abuso.

Los ordinarios y los superiores mayores también tienen una responsabilidad propia que no puede delegarse. Escuchar a las víctimas y acompañarlas debe hallar una expresión concreta en cada institución y comunidad eclesial. Los animo a que sigan siendo un instrumento para ellas, de modo que ninguna comunidad dentro de la Iglesia se sienta sola en esta tarea. De hecho, la ayuda que ustedes ofrecen a través de la iniciativa Memorare es invaluable. Apoyar a las iglesias locales, especialmente allí donde faltan recursos o experiencia, significa dar una expresión concreta a la solidaridad eclesial. Espero recibir información adicional en su tercer Informe Anual sobre los alentadores progresos ya realizados, así como sobre las áreas en las que aún se requiere un mayor desarrollo.

El compromiso de la Comisión con la Iglesia a todos los niveles, con las víctimas, los sobrevivientes y sus familias, así como con los colaboradores de la sociedad civil, los ha impulsado a profundizar su estudio en dos áreas de protección que están experimentando un rápido desarrollo: el concepto de vulnerabilidad en relación con el abuso y la prevención del abuso de menores facilitado por la tecnología en el espacio digital. Al leer estos “signos de los tiempos”, ayudan a la Iglesia a afrontar con valentía los retos de la protección y a responder con claridad pastoral y renovación estructural. Esto ya está tomando forma concreta en el desarrollo de un marco de líneas-guía universales. Espero recibir la propuesta final para que, tras el estudio y el discernimiento adecuados, pueda ser publicada.

Queridos amigos, todos sus esfuerzos demuestran que su misión no es simplemente el establecimiento de un proceso formal, sino un signo de comunión y responsabilidad compartida. Antes de concluir, permítanme reiterar que la protección de los menores y de las personas en situaciones de vulnerabilidad no es un ámbito aislado de la vida eclesial, sino una dimensión que atraviesa la pastoral, la formación, el gobierno y la disciplina. Cada paso hacia adelante en este camino es un paso hacia Cristo y hacia una Iglesia más evangélica y auténtica.

Encomiendo su servicio a la amorosa intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, y les imparto de corazón la Bendición Apostólica, como prenda de sabiduría y paz en nuestro Señor Jesucristo. Muchas gracias.

[Padre Nuestro, Bendición]

Muchas gracias por su servicio, y que tengan, durante estos días en Roma, un encuentro lleno de bendición. Y gracias por todo lo que están haciendo para ayudar a la Iglesia en nuestra misión. Gracias.

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