El Vaticano ha lanzado un nuevo llamamiento a toda la Iglesia para sostener la Colecta para Tierra Santa del Viernes Santo, en un momento especialmente dramático para los cristianos de la región, golpeados por la guerra, la crisis económica, la emigración y el desplome de las peregrinaciones. En una carta del prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales, el cardenal Claudio Gugerotti, pide a obispos y fieles que no reduzcan esta ayuda a un gesto simbólico, sino que la entiendan como un apoyo concreto para que las comunidades cristianas puedan seguir viviendo en los lugares santos.
Gugerotti pide pasar de las palabras a una ayuda real
La iniciativa ha sido presentada oficialmente por la Santa Sede y hunde sus raíces en la voluntad de los Papas de mantener un vínculo efectivo entre los cristianos de todo el mundo y los Santos Lugares. Según la documentación difundida por el Vaticano, esta colecta se realiza tradicionalmente el Viernes Santo y tiene como objetivo ayudar de forma directa a las personas y a la vida eclesial en Tierra Santa. San Pablo VI dio un impulso decisivo a esta obra con la exhortación apostólica Nobis in Animo en 1974.
Gugerotti dibuja un panorama sombrío. Afirma que, pese a los anuncios de diálogo y a los supuestos acuerdos de paz, las armas no han callado, la población sigue muriendo, las tierras continúan en disputa y los cristianos se ven empujados a emigrar para salvar la vida. El prefecto subraya además que en algunos lugares ni siquiera las escuelas pueden funcionar con normalidad porque los profesores no logran pasar los controles. Su mensaje es claro: rezar sigue siendo necesario, pero hace falta una ayuda económica real que permita a las comunidades sobrevivir un día más y conservar una mínima esperanza de recomenzar.
El prefecto insiste en que la colecta no es una limosna opcional ni un gesto piadoso sin consecuencias. La presenta como un acto de conversión cristiana y de responsabilidad eclesial ante una tierra devastada por la violencia. En esa línea, exhorta a los pastores a despertar las conciencias de los fieles y a recordar que una Tierra Santa sin cristianos sería una tierra espiritualmente desfigurada, porque se perdería la memoria viva de los lugares en los que se desarrolló la historia de la salvación.
La guerra y el hundimiento de las peregrinaciones agravan la crisis
El llamamiento del Vaticano se apoya también en los datos ofrecidos por la Custodia de Tierra Santa y por el propio Dicasterio para las Iglesias Orientales. Ambos organismos coinciden en que los conflictos en curso, especialmente en Gaza y en otras zonas de Oriente Medio, han agravado la pobreza de las familias cristianas y han dejado a muchas de ellas sin sustento. A ello se suma la casi completa caída del turismo religioso, que durante años ha sido la fuente básica de ingresos para miles de familias vinculadas a la acogida de peregrinos.
El informe económico difundido por la Custodia explica que, dos años después del comienzo de la guerra que vuelve a castigar la región, los ingresos procedentes de parroquias, santuarios, peregrinos y otras actividades locales se han reducido drásticamente. Como consecuencia, numerosos proyectos han tenido que ser redimensionados, ralentizados o suspendidos, dando prioridad a aquellos que afectan directamente a las personas más necesitadas. Esa situación no solo golpea a las familias, sino también al tejido eclesial, educativo y asistencial que permite a los cristianos permanecer en su propia tierra.
Para qué sirve la colecta del Viernes Santo
De forma ordinaria, el 65 % de lo recaudado se destina a la Custodia de Tierra Santa, mientras que el 35 % restante lo administra el Dicasterio para las Iglesias Orientales, que lo distribuye según las necesidades de las Iglesias de la región. Esa distribución financia la conservación de los santuarios, el mantenimiento de estructuras pastorales, educativas, sanitarias y sociales, así como ayudas directas a diócesis, eparquías, seminarios e instituciones religiosas.
La Custodia sostiene escuelas, viviendas, santuarios y obras sociales
El informe de la Custodia de Tierra Santa, correspondiente al ciclo 2024/2025, permite ver con más detalle el destino concreto de las ayudas. La obra franciscana sostiene desde hace siglos la conservación de los santos lugares, pero también mantiene una extensa red de escuelas, apartamentos para familias necesitadas, centros parroquiales, becas universitarias, dispensarios, iniciativas culturales y proyectos de emergencia en distintos países de Oriente Medio.
Entre las intervenciones descritas aparecen obras en santuarios y basílicas de enorme importancia para la cristiandad, como el Santo Sepulcro, Getsemaní, Belén, Nazaret, Cafarnaúm, el Monte Tabor o Ain Karem. Junto a ello, la Custodia financia mejoras en centros educativos, ayuda al pago de matrículas escolares, mantiene viviendas con alquileres simbólicos para jóvenes matrimonios y familias pobres, y colabora con hospitales, centros para discapacitados, casas de ancianos y proyectos de apoyo psicológico para niños y adolescentes afectados por la guerra.
El informe también pone de relieve un dato revelador: la Custodia cuenta con cerca de 1.500 empleados, de los cuales alrededor de 1.000 trabajan en obras y escuelas situadas en Israel y en los territorios palestinos. La continuidad de ese entramado depende en buena medida de la colecta del Viernes Santo y de otras campañas de apoyo, precisamente en un contexto en el que la guerra ha reducido ingresos y ha dificultado incluso la obtención de permisos de trabajo para muchos empleados palestinos.
El Vaticano advierte del riesgo de una Tierra Santa sin cristianos
Más allá del aspecto económico, el llamamiento de la Santa Sede tiene un marcado contenido eclesial. Gugerotti insiste en que no se trata solo de conservar piedras y monumentos, sino de impedir que desaparezcan las “piedras vivas”, es decir, las comunidades cristianas que todavía habitan la tierra de Jesús. En esa línea, recuerda unas palabras de León XIV en las que el Papa agradecía a los cristianos de Oriente Medio su perseverancia y reclamaba que se les dé la posibilidad real, no solo retórica, de permanecer en sus tierras con seguridad y con todos sus derechos.
El prefecto afirma que herir a la Iglesia en sus miembros más vulnerables es también una forma de sacrilegio. Por eso pide a los obispos que hagan sonar esta llamada en sus diócesis, adapten el mensaje a la sensibilidad de sus fieles y les expliquen que colaborar con la colecta es una manera concreta de sostener el Cuerpo de Cristo allí donde hoy sufre con más crudeza. Su planteamiento es tajante: si hay que elegir, el cristiano no quita la vida al otro, sino que da la vida por el otro.