León XIV inaugura el año judicial del Vaticano: «La justicia debe servir a la verdad y al bien común»

León XIV inaugura el año judicial del Vaticano: «La justicia debe servir a la verdad y al bien común»
Foto: Vatican Media

El papa León XIV presidió este sábado la ceremonia de apertura del año judicial del Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano, donde recordó que la justicia no puede reducirse a una mera aplicación técnica de normas, sino que debe estar profundamente vinculada a la verdad, al bien común y a la caridad.

Primer discurso del pontificado ante la justicia vaticana

Según informó la Santa Sede, la ceremonia se celebró en el Aula de la Bendición y contó con la presencia del presidente del Tribunal, magistrados, abogados, colaboradores del tribunal y representantes de órganos judiciales del Estado italiano.

Se trata del primer discurso del pontificado de León XIV dirigido a las autoridades judiciales del Estado de la Ciudad del Vaticano, un ámbito especialmente sensible en los últimos años por las controversias que han rodeado el funcionamiento del sistema judicial vaticano.

En su intervención, el Papa agradeció el servicio que prestan quienes trabajan en la administración de justicia, destacando que se trata de una labor que debe ejercerse “con discreción y en silencio”, pero que resulta esencial tanto para el funcionamiento institucional del Estado como para la credibilidad del orden jurídico.

Justicia, verdad y orden del amor

El Pontífice explicó que la justicia auténtica no puede comprenderse únicamente en categorías técnicas del derecho positivo, pues en el contexto de la misión de la Iglesia constituye también una forma ordenada de caridad destinada a custodiar la comunión entre las personas.

Para explicar esta relación, León XIV citó a san Agustín, quien afirmaba que el orden de la sociedad nace del orden del amor: «ordinata dilectio est iustitia». Cuando Dios ocupa el centro y se reconoce la dignidad del prójimo, explicó el Papa, la vida social encuentra su orientación correcta.

En esta misma línea recordó la clásica definición de santo Tomás de Aquino, basada en el derecho romano, según la cual la justicia es la “voluntad constante y perpetua de dar a cada uno lo que le corresponde”. Esta visión subraya que la justicia no depende de intereses momentáneos ni de equilibrios de poder, sino que se fundamenta en la verdad sobre la persona y en la búsqueda del bien común.

La justicia como fundamento de la unidad

León XIV insistió en que cuando la justicia se ejerce con fidelidad a la verdad se convierte en un auténtico factor de unidad dentro de la comunidad.

“Cuando la justicia se aplica con equilibrio y fidelidad a la verdad —señaló— refuerza los vínculos entre las personas y genera la confianza necesaria para una convivencia ordenada”.

Esta perspectiva adquiere un significado particular en el caso del Estado de la Ciudad del Vaticano, cuya estructura jurídica —recordó el Pontífice citando el Tratado de Letrán— está al servicio de la misión del Sucesor de Pedro y de la independencia de la Santa Sede en el ámbito internacional.

Por ello, añadió el Papa, la administración de justicia no se limita a resolver conflictos, sino que contribuye a proteger el orden jurídico y a fortalecer la credibilidad de las instituciones.

Independencia judicial y garantías procesales

En su discurso, León XIV subrayó también la importancia de algunos principios esenciales para el funcionamiento del sistema judicial: el respeto a las garantías procesales, la imparcialidad del juez, la efectividad del derecho de defensa y la duración razonable de los procesos.

Estos elementos —explicó— no son simples instrumentos técnicos, sino condiciones necesarias para que la función judicial sea reconocida como legítima y contribuya a la estabilidad institucional.

El Papa recordó además que la justicia debe ejercerse con independencia de presiones o relaciones personales, subrayando que el magistrado está llamado a aplicar la ley con fidelidad a la verdad y no en función de conveniencias o influencias.

Un servicio jurídico y espiritual a la Iglesia

En la parte final de su discurso, León XIV recordó que la justicia dentro de la Iglesia tiene también una dimensión espiritual.

La administración de justicia, afirmó, no es un mero ejercicio técnico de la norma, sino un servicio al Pueblo de Dios, que exige no solo competencia jurídica, sino también sabiduría, equilibrio y una constante búsqueda de la verdad.

Por ello animó a los miembros del tribunal a desempeñar su tarea con integridad, prudencia y espíritu evangélico, recordando que la justicia debe estar siempre iluminada por la verdad y acompañada por la misericordia.

El Papa concluyó confiando el trabajo de los magistrados a la intercesión de la Virgen María y les impartió su bendición apostólica como signo de comunión y de paz.

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