León XIV volverá al Palacio Apostólico antes de Semana Santa

León XIV volverá al Palacio Apostólico antes de Semana Santa

El apartamento pontificio, desocupado desde la renuncia de Benedicto XVI y nunca habitado por Francisco, ya está listo tras nueve meses de obras y el traslado podría producirse en los próximos días.

El Papa León XIV se prepara para regresar a la residencia pontificia del Palacio Apostólico, cerrada e inutilizada durante trece años. Según anunció la Sala Stampa, el histórico apartamento papal, sometido durante los últimos nueve meses a una profunda rehabilitación, ha quedado ya listo para recibir a su nuevo ocupante, y el traslado podría producirse antes de Semana Santa.

La mudanza dependerá ahora de las indicaciones definitivas de la Secretaría del Papa, que deberá coordinar con los servicios internos del Vaticano el momento exacto del traslado. En el interior del Palacio Apostólico, sin embargo, todo estaría ya preparado. Han concluido las obras, se han instalado los muebles y se han rematado los últimos detalles de tapicería y acabados, siempre bajo la supervisión técnica de arquitectos, aparejadores y especialistas que han trabajado durante meses en la tercera logia del edificio.

La reforma no ha sido sencilla. Algunos trabajos resultaron más complejos de lo previsto debido al deterioro acumulado durante más de una década de abandono. Entre las intervenciones más delicadas figuraban la impermeabilización de parte de la cubierta y la consolidación de cornisas renacentistas de travertino que presentaban riesgo de desprendimiento. Ya el año pasado el Vaticano se había visto obligado a instalar redes de protección para evitar la caída de fragmentos de piedra sobre las zonas de paso.

La gobernadora del Estado de la Ciudad del Vaticano, sor Raffaella Petrini, ha seguido personalmente buena parte del proceso. Diversas fuentes la sitúan inspeccionando las obras sobre el terreno e incluso revisando medidas. No se trata, al fin y al cabo, de una residencia cualquiera. El apartamento papal posee una carga simbólica evidente en la vida de la Iglesia: es un lugar de gobierno, de representación y también un punto visual de referencia para la plaza de San Pedro, especialmente por la ventana desde la que el Pontífice se asoma para el Ángelus dominical.

Cuando León XIV pudo visitar el apartamento tras el cónclave del pasado mes de mayo, el estado de abandono era, al parecer, difícil de disimular. Había humedades, filtraciones, instalaciones hidráulicas anticuadas, tendidos eléctricos que debían rehacerse y numerosos elementos pendientes de restauración. No era una simple puesta a punto, sino una intervención a fondo en un inmueble histórico que llevaba demasiado tiempo sin recibir el uso para el que fue concebido.

Durante meses, desde una de las zonas que dan a la plaza del Belvedere, se ha visto a los operarios entrar y salir constantemente por los andamios levantados para la restauración. El resultado final, según las informaciones publicadas en Italia, responde a un criterio de sobriedad y funcionalidad, sin renunciar a la dignidad del lugar.

León XIV no vivirá solo en el apartamento. Está previsto que le acompañen sus dos secretarios, el italiano Marco Billeri y el peruano Iván Rimacuya, sacerdote de su máxima confianza desde la etapa anterior a su elección. También formarán parte de la casa varias religiosas encargadas de la atención doméstica, el cuidado del vestuario y el servicio de cocina.

Una de las principales novedades introducidas en la reforma afecta a la parte superior del apartamento, en la zona de los llamados soffittoni, una amplia mansarda luminosa que ha sido rehabilitada para albergar los dormitorios, los servicios correspondientes y una pequeña capilla privada. Allí mismo se habría dispuesto además un espacio destinado al ejercicio físico, con equipamiento de Technogym donado por un benefactor. El detalle no es irrelevante: antes de ser elegido Papa, Prevost mantenía el hábito de entrenar varias veces por semana, una rutina que ahora resulta más difícil de mantener fuera de la residencia pontificia.

En la planta principal, en cambio, la estructura habría permanecido en lo esencial intacta. El despacho y la biblioteca continúan siendo el núcleo de trabajo y recepción, y de hecho algunos encuentros ya se celebran allí. El retorno de la residencia papal al Palacio Apostólico supone, en todo caso, algo más que un simple cambio logístico. Tiene una lectura institucional y también eclesial.

Francisco renunció desde el principio a habitar el apartamento y prefirió instalarse en la Casa Santa Marta, presentando aquella decisión como un gesto de austeridad. Con el paso del tiempo, sin embargo, aquella solución provisional fue ampliándose de hecho por exigencias de trabajo, seguridad y salud. Según las mismas informaciones periodísticas, la ocupación terminó extendiéndose a buena parte de la planta y los costes de mantenimiento alcanzaron cifras muy elevadas.

León XIV habría querido, desde el primer momento, devolver las cosas a su cauce tradicional. Tras el cónclave manifestó su intención de regresar al apartamento pontificio, devolviendo al Palacio Apostólico una función que había quedado en suspenso desde 2013. Mientras se ultimaban las obras, el Papa ha residido en el Palacio del Santo Oficio. Ahora, con la reforma concluida, el retorno parece inminente.

Si no se produce ningún retraso de última hora, la luz del apartamento pontificio volverá a encenderse por la noche en los próximos días, una imagen que en Roma siempre ha tenido un valor que va mucho más allá de lo doméstico.

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