«Que Dios bendiga a Chile»: la oración del presidente José Antonio Kast al asumir el cargo

«Que Dios bendiga a Chile»: la oración del presidente José Antonio Kast al asumir el cargo

El nuevo presidente de Chile, José Antonio Kast, concluyó su discurso de toma de posesión con una oración pública en la que encomendó su gobierno y el futuro del país a Dios. El gesto, poco habitual en la política contemporánea, marcó uno de los momentos más significativos de la jornada y subrayó la dimensión espiritual con la que el mandatario ha querido iniciar su mandato.

Tras asumir oficialmente la presidencia en una ceremonia celebrada en el Congreso Nacional en Valparaíso, Kast pronunció su primer discurso como jefe de Estado desde el Palacio de La Moneda. Al finalizar su intervención, dirigió unas palabras que sintetizan el espíritu con el que pretende afrontar esta nueva etapa política:

«Que Dios bendiga a Chile, que Dios bendiga a nuestras familias. Que Dios nos dé sabiduría para gobernar con justicia, fuerza para actuar cuando sea necesario y humildad para servir siempre a nuestro pueblo».

La invocación a Dios no fue un gesto improvisado. Kast es conocido por su identidad como católico practicante y por su pertenencia al Movimiento de Schoenstatt, una comunidad espiritual de origen alemán con fuerte presencia en América Latina. A lo largo de su trayectoria pública ha hecho referencia en diversas ocasiones a la importancia de la fe en su vida personal y en su comprensión del servicio político.

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Una oración por el nuevo gobierno en la Catedral de Santiago

Al día siguiente de la toma de posesión, el nuevo presidente acudió a la Catedral Metropolitana de Santiago para participar en la tradicional Oración por Chile y por el nuevo Gobierno, una ceremonia religiosa que forma parte de los actos institucionales que acompañan el inicio de cada mandato presidencial.

La celebración fue presidida por el arzobispo de Santiago, el cardenal Fernando Chomalí, una de las figuras más relevantes del episcopado chileno. En el templo se reunieron miembros del gobierno, autoridades del Congreso, representantes de las Fuerzas Armadas, dirigentes políticos y líderes de distintas confesiones religiosas.

Al inicio de la ceremonia, el cardenal Chomalí elevó una oración por el nuevo jefe de Estado y por su responsabilidad al frente del país:

«Concede a su presidente José Antonio Kast Rist un próspero gobierno, de modo que procurando en su gestión el bien de todos los chilenos alcance para el pueblo que le has encomendado el bienestar y la paz».

La ceremonia tuvo un carácter ecuménico, siguiendo una tradición arraigada en la vida pública chilena, en la que representantes de distintas confesiones se unen para pedir por el país y por sus autoridades.

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La homilía del cardenal Chomalí

Durante su homilía, el cardenal Chomalí reflexionó sobre el momento político y social que vive Chile y sobre la responsabilidad moral que implica el ejercicio del poder.

El arzobispo recordó que la reciente elección presidencial forma parte de una tradición democrática que debe ser valorada como un bien para la sociedad.

«En Chile, las expresiones democráticas son parte de una celebración que nos enorgullece», señaló, subrayando que las diferencias políticas no deben impedir el trabajo común por el bien del país.

Chomalí llamó a afrontar las tensiones sociales con prudencia y sentido de responsabilidad, recordando que los desacuerdos forman parte inevitable de la vida política, pero que deben gestionarse desde el respeto y el amor a la patria.

Una reflexión sobre la sociedad y la vida

El cardenal aprovechó también la ocasión para plantear algunas reflexiones sobre los desafíos culturales y sociales que enfrenta Chile.

Entre ellos mencionó la tendencia a reducir el desarrollo de una sociedad únicamente al crecimiento económico, olvidando dimensiones fundamentales de la vida humana.

«No se puede fomentar una educación centrada solo en la producción y el consumo, olvidando los horizontes trascendentes que animan la vida humana», advirtió.

El arzobispo expresó además su preocupación por la caída de la natalidad y por una cultura marcada por el individualismo, recordando que la familia y la apertura a la vida son elementos esenciales para el futuro de la sociedad.

Asimismo, exhortó a las autoridades a ejercer la política con responsabilidad moral, alertando contra los peligros del sectarismo y de las visiones parciales de la realidad que pueden dañar la unidad nacional.

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