Cardenal Sarah: «La misericordia levanta al pecador; no renombra el pecado»

Cardenal Sarah: «La misericordia levanta al pecador; no renombra el pecado»

El cardenal Robert Sarah ha respondido a las críticas surgidas tras la publicación de su nuevo libro 2050, una obra en forma de diálogo con el escritor Nicolas Diat en la que reflexiona sobre la crisis espiritual de la Iglesia y de Occidente. El purpurado africano defiende que la Iglesia solo puede cumplir su misión permaneciendo fiel al depósito de la fe, y advierte contra la tentación de adaptarse al espíritu del mundo.

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Según recoge el medio francés Le Journal du Dimanche, Sarah reaccionó a las críticas de algunos sectores eclesiales —entre ellos el diario La Croix, que calificó el libro de «polémico»— en una segunda entrevista, aclarando que su intención no ha sido entrar en disputas personales, sino recordar los fundamentos de la fe cristiana.

Un diagnóstico espiritual de la crisis de la Iglesia

En su nuevo libro, el cardenal guineano plantea una reflexión de fondo sobre la situación espiritual de la Iglesia y del mundo occidental. Para Sarah, la raíz de la crisis actual no es principalmente organizativa ni pastoral, sino espiritual.

«Vivimos una época en la que se habla mucho de la Iglesia, pero a menudo sin hablar de Dios», afirma el purpurado. A su juicio, cuando el centro de la vida eclesial deja de ser Dios, todo termina desordenándose.

El libro, explica, no pretende ser un panfleto ni una intervención coyuntural, sino una llamada a la fidelidad en un tiempo de incertidumbre. «La crisis que vivimos no es solo una crisis de organización; es una crisis de adoración», sostiene.

Sarah insiste en que la Iglesia, fundada por Cristo, no teme por su supervivencia como institución divina. Sin embargo, advierte que pueblos enteros pueden abandonar la fe si los cristianos dejan de vivirla con coherencia.

El silencio sobre Francisco y la esperanza en León XIV

Uno de los reproches señalados es la ausencia de referencias al fallecido papa Francisco en el libro. Sarah ha respondido a esa crítica subrayando que el Papa, sea quien sea, merece amor, respeto y oración.

«El Papa es el Papa», afirma el cardenal, insistiendo en que la Iglesia no es una arena de confrontación política. Según explica, el libro no pretende hacer un balance de pontificados, sino centrarse en aquello que permanece en la Iglesia más allá de los cambios históricos: el depósito de la fe, la liturgia y la centralidad de Dios.

En cambio, Sarah menciona a Benedicto XVI, cuya reflexión teológica y litúrgica considera especialmente iluminadora para comprender el momento actual. También expresa su esperanza en el pontificado de León XIV, que podría —según señala— abrir una etapa marcada por la unidad en la verdad.

«La Iglesia no salva al mundo imitándolo»

El cardenal también rechaza la idea de que la Iglesia deba adaptarse a las tendencias culturales para sobrevivir. A su juicio, esa tentación constituye uno de los principales peligros del momento presente.

«La Iglesia no salva al mundo copiándolo; lo salva abriéndolo a Dios», afirma. En su opinión, la crisis actual tiene raíces profundas: una catequesis debilitada, una liturgia empobrecida y la penetración del relativismo en la vida cristiana.

Aunque reconoce que estas dificultades preceden a cualquier pontificado concreto, el purpurado recuerda que los pastores tienen la responsabilidad de examinar si determinadas decisiones han contribuido a sembrar confusión entre los fieles.

Clima, migración y agenda política

Sarah también se refiere a otro de los reproches que ha recibido su libro: no abordar cuestiones como el cambio climático o las migraciones. El cardenal responde que estos temas son importantes, pero advierte contra el riesgo de que el discurso eclesial quede reducido a una agenda temporal.

Según explica, estos asuntos solo pueden ser comprendidos correctamente cuando se abordan desde la fe. «Si se habla del clima sin hablar del Creador, o de las migraciones sin hablar de la dignidad sobrenatural del hombre, entonces se reduce la Iglesia a una agencia moral», afirma.

Para el cardenal, la misión propia de la Iglesia es anunciar a Dios y conducir a los hombres hacia la salvación. Cuando pierde esa centralidad, corre el riesgo de diluir su identidad.

Occidente y la tentación de reinventar la fe

En su análisis, Sarah también contrasta la situación espiritual de Occidente con la de África. A su juicio, la cultura occidental ha sido marcada por una creciente autosuficiencia que ha llevado a cuestionar la tradición cristiana.

«Occidente quiere reinventar lo que ha recibido», afirma. Frente a ello, el cardenal observa que en muchos lugares de África persiste una actitud más humilde ante la fe: la conciencia de haber recibido un tesoro que debe ser custodio y transmitido.

La vida contemplativa como signo profético

Uno de los puntos que, según el propio cardenal, ha suscitado mayor consenso entre los lectores es su reflexión sobre la vida contemplativa. Sarah defiende que los monasterios siguen siendo un recordatorio esencial de la vocación última del hombre.

«El hombre no ha sido creado solo para producir o consumir, sino para adorar», afirma. En ese sentido, los monjes y monjas muestran con su vida que Dios sigue siendo el centro de todo.

Para el cardenal, la renovación espiritual de la Iglesia pasa necesariamente por recuperar el sentido de la adoración, del silencio y de la liturgia como encuentro con Dios.

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