La Católica (ex)Perpleja (CatExPer en adelante) va a publicar una serie de artículos en InfoVaticana sobre la Renovación Carismática. ¡Bien! Es un tema apasionante y relevante. Y muy grande.
Veo que ella no conoce el tema de primera mano, y el autor al que acude, el canadiense Kennedy Hall (autor de Charismania, 2024), tampoco mucho.
Dice Hall en su blog: «mi experiencia en la Renovación fue realmente sólo un breve paso de unos dos años». Luego, dice Hall, «a finales de 2017, descubrí la Tradición Católica a través de sermones que encontré en Internet», y en otro sitio añade: «Desistí de ser aceptado en la corriente principal de la apologética o la autoría, y decidí unirme a los ‘deplorables’ de la FSSPX y el tradicionalismo en general». (Eso era antes de que la FSSPX dijera que iba a ordenar obispos sin permiso del Vicario de Cristo).
La CatExPer cita a otro autor que sabe mucho más que Hall sobre la Renovación: yo.
Hace 25 años que estoy en la Renovación (en distintos grupos y ciudades) y hace otros tantos que soy periodista especializado en Religión. ¡Gracias por la confianza!
Quiero seguir colaborando, porque de jardines y coches no sé nada, pero este asunto sí lo conozco con detalle y de cerca. Los lectores de InfoVaticana lo merecen. Aunque ella enlazaba a un artículo mío en Aleteia, mi artículo original, más completo aunque ya algo anticuado, está en ReligionEnLibertad.
Aviso ya al lector de una cosa: si usted es de los que cree que en la Iglesia no hay nada, nada, nada bueno desde 1965 (cuando acabó el Concilio Vaticano II), puede dejar de leer aquí y hacer algo útil con su tiempo.
También si es de los que cree que no hay nada bueno desde 1789 (la Revolución Francesa), 1700 (mueren los Austrias, llegan los Borbones), el Renacimiento (¡esos innovadores jesuitas, esa imprenta!) o el gótico (¡esa Virgen blanca que sonríe!).
Mi tesis es que en esas épocas, como en la nuestra, crecen juntos trigo y cizaña, como ya dijo Nuestro Señor. Espérese a que crezcan ambas para distinguirlas bien: que se recoja el trigo y se queme la cizaña. La RCC existe hace 6 décadas: se puede examinar ya la cosecha. Creo que en la Renovación Carismática Católica (RCC) el 99% es trigo y hay un 1% de cizaña; el porcentaje es pequeño, pero como es una realidad tan grande, puedes reunir bastantes anécdotas.
Desgranaré 10 ideas.
1) La RCC es muy grande, el «movimiento» más grande
Sí, la Renovación Carismática es muy grande. La World Christian Database en 2020 calculaba que había 644 millones de cristianos carismáticos y pentecostales de todas las denominaciones, la mayoría en África, Hispanoamérica y Asia. Calculaban que los carismáticos católicos serían entre 120 y 170 millones. La oficina Charis en Roma también habla de 120 millones.
Comparemos con el Camino Neocatecumenal, que tendría 1 millón de seguidores en todo el mundo. O incluso con el alumnado de las 3.200 escuelas jesuitas (sumo las de Fe y Alegría y las del Servicio Jesuita a Refugiados), que son 1,7 millones de niños. Realidades grandísimas… pero la Renovación es mayor en número y extensión.
A Jesús le salió mal Judas, un 8% de su colegio apostólico. ¡Y eso que Judas vivía con el Señor y veía sus milagros! Pero yo no veo que un 8% de la feligresía de una parroquia normalita sea disfuncional. Sí veo un 1%, entre raros, locos o directamente corruptos. Una parroquia grande, a la que acuden mil feligreses, por ejemplo, tendría que vigilar a esos 10 personajes extraños.
Pues bien, entre 120 millones de católicos carismáticos, cabe esperar que un 1% sean problemáticos: 1,2 millones de problemáticos. Normal: donde hay gente hay problemas, si hay más gente, hay más problemas.
2) La RCC recoge a gente «rarita», y hace bien
La Renovación Carismática es muy acogedora, muy amable y es especialmente paciente con los raritos. Venid a mí los cansados y agobiados… y los que os pasen cosas raras. la RCC recoge personas inquietas que han estado dando vueltas por el reiki, el esoterismo y lugares más extraños. Recoge a muchas personas dañadas en su familia, o por clérigos narcisistas o cristianos agresivos, quizá hace muchas décadas.
También acoge inmigrantes que pueden tener costumbres raras o se expresan de forma más emocional a lo habitual en Zamora o Soria. A todos, algunos muy alejados de la fe, los recibe en sus grupos e invita a la vida cristiana. Está bien, pero no es el tranquilo club de té de la señorita Marple.
3) En la RCC veteranos y novatos rezan juntos
En un grupo carismático la oración es espontánea, la gente dice en voz alta con libertad lo que quiere, dentro de una cierta guía. Hay un orden (acogida, alabanza, invocación del Espíritu…) pero un novato no lo ve de primeras. Rezan juntos, en la misma reunión, veteranos que llevan muchos años de vida cristiana y personas novatas que acaban de llegar, muy despistadas. Muchos llevan cosas en el pecho que no lograban expresar durante décadas.
Así, un visitante puede ver a alguna persona peculiar diciendo cosas peculiares.
Con el tiempo, los cristianos veteranos a veces llevan a los novatos a tomar un café y les animan fraternalmente a mejorar su vida. «Deberías dejar el reiki, a tu amante y a esa banda criminal en la que estás, te ayudaremos, Dios te ayudará». Lo que no le dirán es: «hasta que dejes esas cosas no puedes venir a nuestro grupo». No, en un grupo carismático animan a todos a ir. ¡Aunque seas ateo o budista! «Ven ya, ven cada semana a alabar con nosotros, tal como estás ahora, y alaba a Dios, y Dios abrirá caminos para ti». Uno no se hace cristiano perfecto, y luego alaba. Es al revés, uno alaba ya a Dios, pide el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo va haciendo su trabajo, va cambiando el corazón de la persona.
4) La RCC no sólo es grande, también es veterana
Dentro de unos meses, en febrero de 2027, la Renovación Carismática Católica (RCC) cumplirá 60 años. Los jóvenes que asistieron a su primer retiro en 1967 con 22 años tendrán 82. La RCC ha sido examinada por San Pablo VI, San Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y ahora León XIV. No es un experimento moderno. Nació justo antes de la Revolución sexual.
Está en todos los países y culturas, en infinidad de idiomas, entre noruegos (pocos) y africanos (muchos), entre vascos, andaluces, canarios, catalanes, colombianos, filipinos… Y ha ayudado a muchas personas de muchas tradiciones católicas. Hay carismáticos dominicos, jesuitas, capuchinos, religiosas…
No es ya un experimento rarito: es una fórmula probada con más de cien millones de católicos. Es una fórmula probada una y otra vez en todo tipo de ambientes. Y funciona bastante bien.
5) La RCC está descentralizadísima
Como periodista especializado en Religión, me interesa el fenómeno sectario. El caso es que como la Renovación está super-mega-ultra descentralizada, no tiene fundador ni gurú ni nada de eso, está bastante protegida contra el sectarismo. Bastante, pero no del todo.
Es una corriente como, no sé, el romanticismo. O la electricidad. Fluye. No tiene jefe mundial.
El Papa Francisco intentó poner algo más de coordinación creando la oficina Charis en Roma, pero eso es una oficina con seis o doce personas generosas, infrafinanciada, que intenta coordinar a nivel planetario o continental movimientos, plataformas de grupos, escuelas de evangelización, comunidades de alianza y algunas cosas más, en multitud de idiomas, con líderes que cambian continuamente.
Los carismáticos de a pie conocen a sus responsables de grupo, y a veces a algún responsable regional, pero no suelen saber ni cómo se llaman los responsables nacionales, que además se mantienen cuatro o cinco años en el cargo. No por secretismo, es que no les afecta mucho. La RCC es todo lo contrario al culto al líder.
En los grupos carismáticos se anima a participar con regularidad, pero no hay ningún compromiso ni voto ni se persigue a nadie si no acude. No se suele pagar ninguna cuota ni membresía de nada. Va quien quiere.
Además, en los grupos no hay recursos económicos ni presupuestos. En España, el gran encuentro nacional de la RCCE se financia cada año medio de milagro, pasando la bolsa a los asistentes.
No hay «parroquias de la Renovación» ni «escuelas de la Renovación». Se suele decir que la Universidad Franciscana de Steubenville es carismática (o tradismática, porque tienen misa tradicional y también bizantina), pero sólo porque «se carismatizó» y allí hay muchos grupos carismáticos. A veces me pregunto qué pasaría si hubiera escuelas carismáticas, igual que hay escuelas de otros movimientos, o de tradicionalistas…
Como las plataformas de grupos de la RCC no tienen dinero ni infraestructuras, no atraen a corruptos ni estafadores. Y las normas suelen establecer un mandato breve por líder de grupo, máximo dos. No hay margen apenas ahí para un liderazgo sectario. Si hubiera un jefecillo sectario en un grupo pequeño, el grupito tendería a autoaislarse y disolverse, no se contagiaría.
Puede haber más peligro si el jefecillo local es un párroco, un clérigo que atraiga a la gente hacia sí y no hacia Jesús. Pero eso no es un riesgo específico de la Renovación, sino del clericalismo en general o la inacción de su obispo. Puede pasar con un párroco nada carismático.
6) Un caso muy específico: las comunidades de alianza
Las comunidades de alianza son escasísimas y anecdóticas entre los carismáticos españoles, pero parece que Kennedy Hall ha vivido alguna experiencia mala en una comunidad de alianza en EEUU. Parece que la gente que le ha contado experiencias malas también se refería a comunidades de alianza, sobre todo en los años 70 u 80, cuando eran realidades muy novatas, jóvenes, entusiastas y experimentales.
En EEUU, cuando todos los anti-republicanos cargaban contra la candidata a juez Amy Coney Barrett por ser católica provida, empezaron a hablar de su veterana comunidad de alianza, Pueblo de Alabanza. Cientos de periodistas de izquierda bien financiados buscaron escándalos y sólo encontraron a algunas personas diciendo «probé y no era lo mío».
Las comunidades de alabanza suelen tener clero propio y consagrados. Los dos obispos asesores de la oficina internacional Charis son uno de Oregón, de Pueblo de Alabanza, y otro de Francia, de Chemin Neuf.
Decían con razón los obispos españoles en su reciente nota sobre el emotivismo que se necesita una fe con compromisos y responsabilidades y acción y madurez creciente en la fe, con servicio y generosidad. Pues bien, las comunidades de alianza precisamente insisten en eso, es que sus miembros se comprometan, se formen, paguen diezmos, hagan voluntariados, etc…
Pero con los diezmos en comunidades de cierto tamaño llegan recursos (dinero, locales, a veces ONGs) que requieren gestión y liderazgo y estructuras. Y por ahí, junto con cristianos generosos y entregados, pueden colarse líderes corruptos o narcisistas. ¡Igual que a cualquier parroquia puede llegar un sacerdote corrupto o narcisista o un ludópata que se gaste los fondos parroquiales! Se supone que es el obispo el que supervisa las comunidades en su diócesis. No es un problema específicamente carismático.
7) ¿Y qué se yo de la Renovación carismática?
No quiero hacer argumentos «ad hominem» (contra las personas), pero quiero señalar que cuando hablo de la Renovación Carismática lo hago con bastante más conocimiento que Católica ExPerpleja y Kennedy Hall con sus dos añitos.
Yo no uso pseudónimo, escribo con mi nombre, y no me importa contar desde dónde hablo. Soy Pablo J. Ginés, tengo 51 años, me pagan como periodista desde 1996, soy de Barcelona, vivo en Madrid desde 2008. He ido a misa dominical casi todos los domingos de mi vida, excepto algún despiste buscando misas de viaje en el extranjero.
Hacia 1997 empecé a leer más sobre religión y apologética. Mi novia se bautizó con 25 años, y un par de años después, en el 2000, nos casamos. Yo buscaba cosas que la ayudaran a ella a crecer en su fe de neófita.
En 2001 fuimos a un encuentro de jóvenes católicos, entre progres y disidentes: se dedicaban sólo a criticar a la Iglesia. Qué decepción, qué esterilidad. A la semana siguiente nos invitó un parroquiano a ir a la asamblea regional de la Renovación Carismática. Predicaba Vicente Borragán, un dominico con el que no estoy de acuerdo en todo, pero ¡te hacía amar la Biblia! Y la alabanza, y los salmos. Cada abuelito en aquella asamblea era mucho más alegre, activo y lleno de vida que todos los jóvenes disidentes que había visto la semana antes.
Así, en 2001 empecé a ir semanalmente al grupo carismático de mi parroquia de L’Hospitalet, Jesús Te Quiero. Otros días acudía a otros grupos: a Amor de Dios (abuelitos de una residencia) y a Betania (hacían canciones que aún se cantan, venían también evangélicos). Fui a retiros con la Comunidad de Emmanuel (a la que pertenece el obispo Dominique Rey, la más grande de las comunidades carismáticas de origen francés) y con Civitas Dei, una comunidad con grupos en Colombia y Costa Rica. También a algunos con los grupos Ágape y Bonanova. Recibí formación de evangelización de Ministerios de María (con sede en Arizona y apoyo de un obispo español, misionero en Perú). Y seguí la prensa carismática internacional, por Internet y suscribiéndome a alguna revista.
Desde 2001 empecé a trabajar como periodista en temas sociales y religiosos. Llevo 25 años explorando la actualidad de la Iglesia en varios idiomas y varios países.
Al llegar a Madrid fui durante unas semanas al grupo Elohim (muy conocido en la capital) y después a la oración semanal con Comunidad Israel (antes en Coslada, ahora en San Martín de la Vega). Sin ser miembro de esta comunidad de alianza, diminuta pero perseverante y alegre, sigo rezando con ellos casi cada semana, desde hace casi 15 años. En Boadilla asistí varias semanas a unos encuentros y oraciones con Koinonía Juan Bautista.
He colaborado en Seminarios de Vida en el Espíritu en Hospitalet, Barcelona, Madrid, Torrejón de Ardoz, Rivas, San Fernando de Henares y San Martín de la Vega. He visitado grupos además en Alcalá y Manresa. Miro con interés lo que hace la comunidad Fe y Vida. En encuentros en Toulon, en Londres y Roma hablé con carismáticos de distintos estilos y países. En Londres me alojé en la casa de Sion Community, vi sanaciones en Cor et Lumen Christi y en HTB entrevisté a Nicky Gumbel. Mis hijos han ido a retiros de niños, adolescentes y adultos jóvenes con la RCC de España. Y colaboro con Nuevo Pentecostés, la revista de la Renovación Carismática (sin cobrar), donde llegan historias y testimonios muy edificantes.
En fin: conozco el asunto de cerca, y también como periodista.
Alguien puede decir: «Ginés, está usted demasiado en el ajo para hacer un juicio ecuánime».
¡Al contrario! He estado en muchos grupos, ayudando, sirviendo o aprendiendo, sin haber hecho nunca compromiso de fidelidad ni obediencia a nadie. En todos con gran libertad. Tengo visión de conjunto.
Como periodista especializado he conocido muchas más realidades eclesiales, puedo comparar. Tengo la suspicacia que tenemos los periodistas: he visto en la Iglesia muchos escándalos de gente que parecía buena y miro las cosas con sano escepticismo.
Mi parte de sangre aragonesa y cabezona tiende a cierto anarquismo. No me gusta que me digan lo que he de hacer. Soy rápido detectando mandones y culto al líder. Y también sé detectar esa complacencia de «nuestro grupito es especialísimo y buenísimo»… especialmente entre quienes no han viajado ni conocido nada fuera de su grupito.
Y con esto digo que, sociológicamente, la Renovación Carismática es muy sana y necesaria. Digo que si hay disfunciones en tal o cual grupo concreto, casi siempre es porque tal o cual personajillo concreto se ha saltado normas muy básicas y que algún obispo, o párroco, no cumplió su deber de vigilancia y acompañamiento.
La Renovación funciona muy bien allí donde los curas acompañan de cerca pero sin reclamar protagonismo.
8) Sobre la relación con el mundo evangélico
El artículo de la pseudónima Perpleja se pregunta si «la conexión con los protestantes pentecostales de los carismáticos católicos, que es el fundamento de su espiritualidad, ¿no es eso un problema?» Y luego considera malo cualquier ecumenismo desde 1965 y el Concilio Vaticano II.
Ya dije que quien no vea nada bueno desde 1965 no valía la pena que siguiera leyendo.
Con todo, para la RCC el ecumenismo (la amistad sincera con cristianos no católicos, para crecer en unidad, y orar por la unidad) es clave.
Los españoles, incluso los católicos carismáticos, están poco acostumbrados a tratar con protestantes. Pero en otros países los protestantes son tus vecinos, colegas, amigos, y a menudo compañeros activistas provida, contra la pobreza, constructores de paz… es decir, cristianos que aman a Cristo y la Palabra. Y personas reales, no abstracciones interneteras.
Los protestantes se equivocan en una serie de cosas, como las erróneas doctrinas protestantes de «Sola Fide» y «Sola Scriptura». Pero eso no significa que se equivoquen en todo. No se equivocan en leer la Biblia, en amar a Cristo, en cantar Salmos, en advertir del pecado, en anunciar el kerigma, en ayudar a los pobres, etc… Todo eso es muy bueno.
He leído, traducido y resumido cientos de testimonios de protestantes convertidos al catolicismo: casi ninguno venía de un entorno sectario. Casi todos decían «doy gracias a los protestantes que me enseñaron la Palabra, cómo orar, el señorío de Cristo, la fraternidad cristiana…»
9) Usar cosas que existían fuera del catolicismo
La pregunta es si se puede usar algo que en su origen tuvo relación con los protestantes.
Me recuerda a los enemigos del Papa Silvestre hacia el año mil: ¡le acusaban de usar números mahometanos, en vez de usar números cristianos, es decir los números romanos! El caso es que hoy todos usamos esos números arábigos (que en realidad se crearon en un entorno hindú). Y los números romanos ¡también eran paganos!
«Martes», «miércoles», «jueves», son nombres de dioses paganos (Marte, Mercurio, Júpiter)… ¿podemos usar estas palabras paganas que invocan dioses sanguinarios? Muchos cristianos murieron sacrificados a ellos en juegos en el Coliseo.
En el siglo XIX hubo casas enteras de congregaciones femeninas anglicanas (la Society of St Margaret, las Anglican Sisters of Charity) que se hicieron católicas. En 2009 Benedicto XVI creó los ordinariatos anglocatólicos, para exanglicanos, que mantienen costumbres y liturgia de origen anglicano. Origen protestante de comunidades que perseveran como católicas.
También ha habido conventos enteros de Iglesias orientales (siríacas, etc…) que se hicieron católicos, manteniendo su liturgia, costumbres, etc…
Cuando te haces católico, ¡eres católico! Y la Renovación Carismática Católica, ¡es católica!
Si un protestante inventó la bombilla eléctrica y la megafonía, ¿los católicos deben dejar de usar estas herramientas porque son «cosas protestantes»? Es evidente que pueden usarse, incluso en la liturgia, aunque la Tradición nunca dijo «usaréis electricidad en el culto».
Los catecismos de pregunta-respuesta, para memorizar doctrina, ¡son un invento luterano del siglo XVI! Lo inventó el luterano Johannes Brenz en 1527, y Lutero luego hizo uno para niños y otro para adultos en 1529, y Calvino otro en 1541 en Ginebra. Va ligado a la imprenta, a la facilidad de hacerlo llegar a los laicos.
Cuando los protestantes llevaban 30 años usando catecismos de memorizar con pregunta-respuesta, apareció el primer catecismo católico, de San Pedro Canisio, Summarium christianae doctrinae (1555). Era jesuita, es doctor de la Iglesia y se le conoce como «el santo del Catecismo». ¿Le regañamos a él, a Astete y a Ripalda por usar un «método protestante»?
Ahora en muchas parroquias españolas se enciende la Corona de Adviento. Es un signo incorporado recientemente que viene de las iglesias luteranas escandinavas, las más litúrgicas.
Otro ejemplo que afecta a millones: el sistema pedagógico de los Boy Scouts, para adolescentes, lo lanzó en 1908 el anglicano Lord Baden-Powell. La Iglesia Católica no dijo «esto es de protestantes». Bueno, algunos gruñones sí lo hicieron al principio. Pero el Venerable Jacques Sevin (jesuita, sus virtudes heroicas ya están reconocidas) fue en 1913 a Inglaterra a conocer en persona a Baden-Powell, tomar nota, «examinarlo todo y quedarse con lo bueno». Hacia 1918 escribió Le scoutisme, étude documentaire et applications y fundó los primeros scouts católicos «oficiales» en Francia. Los scouts se parecen a la Renovación en su gran crecimiento, adaptación a muchas culturas y descentralización. El escultismo católico ha ayudado a millones de católicos en su fe y crecimiento personal (otra cosa es que en tal o cual sitio no se aplique el verdadero escultismo católico).
Así que la respuesta a CatExPer es: sí, la Iglesia lleva toda la vida incorporando algunas cosas que nacieron en otros ambientes.
10) La clave de la RCC es pedir el Espíritu Santo
El texto de CatExPer dice que «el fundamento de la espiritualidad» carismática está en el contacto con los protestantes.
Pero no es cierto. El fundamento es el bautismo, es decir, el Espíritu Santo que se recibe al ser bautizado (también al ser bautizado ortodoxo, copto o protestante) y que puede transformar nuestras vidas hoy si una y otra vez invocas el Espíritu y sus dones.
En la liturgia ya se hacía, pero poco, y fuera de la liturgia casi nada, como se quejaba Santa Elena Guerra, la maestra de Gema Galgani, escribiendo a León XIII. Santa Elena Guerra es conocida como «la abuela de la Renovación Carismática», su predecesora.
Lo único esencial en la Renovación Carismática es lo siguiente: unos hermanos, bautizados, piden al Espíritu Santo por otro hermano, también bautizado, para que se avive en él la acción de Dios Espíritu Santo, con sus dones de conversión y sus carismas.
El cardenal Cantalamessa, veterano carismático capuchino y biblista, enumera los tres elementos implicados: «amor fraternal, imponer las manos, orar… son elementos no sacramentales, sólo eclesiales».
Y la experiencia de 60 años y millones de personas católicas de todas las culturas es que ¡Dios actúa! Millones declaran que tras esta «efusión del Espíritu» rezaron más y mejor, cambiaron de vida, la Biblia les fascinó, Dios estaba siempre cercano, podían amar y perdonar, las quejas y apariencias ya no les importaban, algunos hasta se curaron de enfermedades y traumas.
Al lector interesado, simplemente le animo a apuntarse a un Seminario de Vida en el Espíritu, que se imparten desde hace casi 60 años. Los hay de fin de semana y de sesiones semanales. No tiene nada secreto, está todo explicado en vídeos en Internet. No hace falta ser un intrépido periodista de investigación. Está abierto a cualquiera y no hay que hacerse de ningún movimiento.
CatExPer: ¡tú también puedes! Vete a un Seminario de Vida en el Espíritu, invoca al Espíritu Santo, deja que recen por ti… y luego nos cuentas lo que te vaya pasando. ¡Y así hablas de lo que has visto y oído en persona!