El sobrecogedor testamento espiritual de un seminarista fallecido

El sobrecogedor testamento espiritual de un seminarista fallecido

El seminarista brasileño Igor Pavan Tres, conocido en redes por compartir su testimonio de fe durante una larga enfermedad, falleció el 6 de marzo de 2026 a los 26 años tras una prolongada lucha contra un raro cáncer renal que le había sido diagnosticado en diciembre de 2021. Natural de Planalto, en el estado de Rio Grande do Sul, pertenecía a la diócesis de Frederico Westphalen y había convertido su proceso de enfermedad en un apostolado digital, donde relataba su tratamiento, sus reflexiones espirituales y su preparación para el sacerdocio. Durante años se sometió a cirugías, quimioterapia y tratamientos oncológicos complejos —llegó a superar el centenar de sesiones— mientras mantenía una intensa vida espiritual. Consciente de la gravedad de su estado de salud, el joven seminarista publicó pocos días antes de su muerte un texto que tituló “testamento espiritual”, en el que ofrecía su sufrimiento por la Iglesia y pedía perdón por sus pecados, confiándose a la misericordia de Dios.

Este es el texto que dejó escrito:

“En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.” (Sal 30,6)

Sintiendo la posibilidad del desenlace y del encuentro con el Juez, cuyo día y hora solo Él conoce, pero consciente de mis condiciones de salud y de las debilidades que me acompañan, decidí escribir estas líneas como mi testamento espiritual.

Nada sé sobre el tiempo que aún me será concedido. Sé, sin embargo, que la vida es breve y que cada día es una preparación silenciosa para comparecer ante Aquel que es la Verdad.

Ofrezco la cruz que me ha sido confiada, con sus dolores, limitaciones e incertidumbres, por la Santa Iglesia, por el Santo Padre, por el Obispo Diocesano, por todo el clero, por la conversión de los pecadores, por los que sufren en el cuerpo y en el alma, por las almas del purgatorio y por los cristianos perseguidos en tantas partes del mundo. La ofrezco también en reparación por mis pecados y por los pecados del mundo.

Sé que el sufrimiento, por sí solo, no santifica automáticamente. Puede endurecer o purificar. En mi debilidad reconozco que muchas veces fui infiel. Sin embargo, puedo testimoniar que el dolor me enseñó a no permanecer alejado de Dios durante mucho tiempo. Como un caballo indómito que intenta huir, fui mantenido por las riendas por el Señor, que se sirvió del sufrimiento para impedir mi fuga definitiva. Si hoy permanezco, es por misericordia, no por mérito.

Pido perdón, de modo particular y público, a todos los que fueron afectados por mis iniquidades, palabras, omisiones o escándalos. A aquellos a quienes perjudiqué directa o indirectamente, les ruego que me perdonen. Confío en que Dios sabrá reparar aquello que yo no supe o no pude reparar suficientemente.

Agradezco a mis familiares, que me sostuvieron con amor paciente; a los amigos, que permanecieron; a los profesionales de la salud, que me atendieron con competencia y humanidad; y a todos los bienhechores que, de modo visible u oculto, aliviaron mi camino. Cada gesto fue instrumento de la Providencia.

Ruego a la Abogada, María Santísima, que me ampare en la hora decisiva e interceda por mí ante su Hijo. Me confío a la misericordia de Dios, único fundamento de mi esperanza.

Si soy llamado, pido al Señor que me conceda el descanso eterno mientras aguardo, en la comunión de los santos, la resurrección de la carne y la vida del mundo que ha de venir.

Igor Pavan Tres
20 de febrero de 2026

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