Parte I: orígenes y características
Ahora que los obispos españoles se han pronunciado – aunque confusamente – sobre el peligro del emotivismo en la fe, me parece interesante recuperar el comentario de hace unas semanas al multitudinario evento Llamados 2033 para centrarme en la Renovación Carismática Católica, no sólo por su falso ecumenismo, sino también por ese estilo viscoso de alabanza carismática que va imponiéndose en la Iglesia Católica.
Tal vez muchos se pregunten por qué incluimos a la Renovación Carismática en el falso ecumenismo que va imponiéndose cuando es un movimiento católico. Pues bien, vamos a ver un poco de cerca este movimiento para comprender cómo en realidad es pentecostal, protestante, y no sólo en su origen sino en todas sus características, además de heterodoxo e incluso herético, en palabras del estudioso canadiense Kennedy Hall, que perteneció a este movimiento y lo ha estudiado en profundidad en su imprescindible obra Charismania.
Para comprender el movimiento de la Renovación Carismática, comenzamos hoy un tríptico en que vamos a indagar en sus orígenes y características, su “bautismo” en la Iglesia postconciliar y su sigilosa pero constante expansión actual en las parroquias.
Un extenso artículo de Pablo Ginés en en el 2017 en el portal Aleteia (https://es.aleteia.org/2017/02/16/que-es-la-renovacion-carismatica-catolica/) dejaba ya al descubierto la heterodoxia en los orígenes y las prácticas del movimiento, si bien no realizaba ningún tipo de análisis crítico al respecto.
Ginés explicaba como sigue sus orígenes de la Renovación Carismática: “hace 50 años, el fin de semana del 17 al 19 de febrero de 1967, una veintena de estudiantes católicos norteamericanos, en la Universidad de Duquesne, se fueron de convivencia a la casa de retiros El Arca y la Paloma, cerca de Pittsburgh (EEUU). Allí rezaron para pedir el bautismo en el Espíritu, una acción potente del Espíritu Santo que transformase sus vidas. Al principio, no pareció pasar gran cosa. Hicieron un descanso, empezaron a preparar una fiesta de cumpleaños… pero poco después se encontraron con que cada uno por su cuenta acudía a la capilla y allí no podían dejar de rezar. Muchos alababan a Dios en voz alta, con entusiasmo. Otros sentían un gozo que les llevaba a bailar. Otros lloraban de alegría. Algunos cayeron como fulminados ante el Sagrario de la capilla, en un sentimiento de adoración abrumador. Cuando volvieron a su campus universitario de Duquesne, se lo contaron a sus compañeros, amigos, parientes, hermanos. Aunque la universidad era católica, nadie del clero local lo apoyó de ninguna manera, el desinterés era completo. Fueron los jóvenes y algunos profesores quienes lo contagiaron de campus en campus, de ciudad en ciudad. Cada semana necesitaban juntarse y rezar, en voz alta y con mucha música. A través de gente activa en Cursillos de Cristiandad y en otras redes católicas se extendió por Estados Unidos y por el mundo. Les llamaban “pentecostales católicos” o “católicos carismáticos”. Así nació la Renovación Carismática Católica”. En 1969 se celebró un encuentro con 500 representantes de grupos católicos de oración carismática, que nacían espontáneamente, como setas, sin planificación ni organización centralizada. En 1970 había 200 grupos en EEUU; en 1972 se contaban 12.000 carismáticos católicos en el país. En 1973 se hablaba de 1.200 grupos y 200.000 carismáticos. La chispa saltó de EEUU a Francia, a América Latina. De México y Colombia, a través de un matrimonio misionero laico llegó a Barcelona en 1973, y enseguida a Madrid, donde había un grupo “contagiado” por americanos de la base de Torrejón de Ardoz”.
Hasta aquí, el repaso histórico que hace Pablo Ginés del surgimiento de la Renovación Carismática Católica (en adelante, RCC).
Solamente más adelante, cuando desglosa las principales características espirituales de la RCC, Ginés menciona dos aspectos que son muy importantes y perturbadores: 1) lo que él denomina “la conexión protestante”, y dice: “Los estudiantes de Duquesne hace 50 años habían estudiado algo la experiencia de los protestantes pentecostales y de los carismáticos baptistas, metodistas o episcopalianos, y habían leído sus libros-testimonio clásicos La Cruz y el puñal y Hablan otras lenguas; y 2) una mujer protestante carismática acudió a su retiro a contar su experiencia del Espíritu, y oró con ellos. Desde el principio, los carismáticos, en EEUU y en el resto del mundo, sintieron un llamado a trabajar por la unidad de los cristianos (es decir, el falso ecumenismo emanado del Concilio Vaticano II) y a confiar en que el Espíritu Santo encontraría las vías para suscitar esa unidad”.
En 2006 se celebró el centenario del nacimiento del pentecostalismo, protestante, que empezó en una destartalada iglesia de la calle Azusa de Los Ángeles en 1906, con docenas de congregaciones pentecostales y carismáticas católicas. Es decir, que la RC Católica celebró como propio el origen de un movimiento protestante, pentecostal.
Kennedy Hall aporta muchos más detalles reveladores en su libro publicado en 2024 y aún no disponible en español, Charismania: the truth about the Charismatic Renewal (“Carismanía: la verdad sobre la Renovación Carismática”). En el prólogo, el P. Marcel Stannus, FSSPX, dice del libro:” Kennedy Hall ofrece un análisis descarnado de cómo la llamada Renovación Carismática propone un atajo hacia el codiciado poder de los milagros y los signos. Con una capacidad verdaderamente quirúrgica para examinar los tentáculos, las raíces ocultas, los síntomas purulentos, el encanto engañoso y los efectos nauseabundos de esta charlatanería religiosa moderna, el autor ofrece un análisis convincente que confirma las dudas de los incrédulos y alerta a los crédulos y equivocados”.
Con permiso del autor, vamos a reproducir y comentar fragmentos de su obra.
La ventaja de la obra de Kennedy Hall, además de la riqueza de detalles, es su perspectiva crítica de la Renovación Carismática, al analizarla desde la tradición de la Iglesia. Por eso es una obra imprescindible para cualquiera que desee comprender este movimiento.
Sobre su paso por el movimiento entre 2015 y 2017, Kennedy Hall comenta un aspecto muy importante que nos puede llevar a empatizar con tantas personas que buscan a Dios pero están desorientadas: “No tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Así que agradecí la oportunidad de estar rodeado de católicos que se lo tomaban en serio. Al principio, no encontré nada objetable en las prácticas: algo de música, algunas oraciones y momentos felices de compañerismo. Sin embargo, al poco tiempo me di cuenta de que la Renovación es una especie de club con círculos internos: después de que te «inician» y demuestras cierto potencial o fervor, te piden que pruebes cosas nuevas. Primero, es rezar con alguien, luego rezar sobre alguien o imponerle las manos, y tal vez rezar con un equipo de liberación; mientras tanto, la gente sigue rezando para que «hables en lenguas» (…) En una ocasión, asistí a un evento y vi y escuché algo muy extraño. Había una mujer de pie a mi lado que era considerada una especie de gurú y que era conocida en la zona por sus «dones». La gente se acercaba a ella para rezar y yo vi algo muy preocupante. La música estaba muy alta —la Renovación es muy ruidosa— y las luces estaban bajas, y oí a la mujer hablar en lo que parecía un antiguo idioma gutural. De repente, la mujer murmuró algo y pasó las manos por la espalda de una joven, que cayó al suelo y empezó a retorcerse como si la hubieran electrocutado. La joven permaneció allí retorciéndose durante mucho tiempo, y el evento continuó con gente haciendo cosas similares por todas partes. Cuando reflexiono sobre aquella ocasión, casi me avergüenza admitir que no me fui inmediatamente. Sin embargo, cuando te encuentras en un estado de ignorancia en materia espiritual, y los mentores y las personas a las que respetas aceptan los acontecimientos que suceden a tu alrededor, te ves atrapado en un entorno que no puedes evaluar adecuadamente. Mi instinto me decía que algo no estaba bien, pero yo era un neófito y creía que tal vez había un nivel de inteligencia espiritual que aún no había llegado a comprender. Cuando ahora miro atrás, me doy cuenta de que lo que ocurrió fue demoníaco o tal vez algún tipo de hipnosis”.
Hall afirma también que “en cuanto a la efusión del Espíritu, en el protestantismo de estilo pentecostal, hay muchos grupos que propugnan que sólo tiene el Espíritu Santo quien “ora en lenguas”. Para la doctrina católica (y eso incluye a los católicos carismáticos), tiene el Espíritu Santo todo aquel que haya sido válidamente bautizado en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Otra cosa distinta, dicen los carismáticos católicos, es que los dones del Espíritu estén adormecidos por falta de fe, ansia y práctica, y necesitan un “derramamiento o efusión” para manifestarse. Por eso, cuando los protestantes hablan de “bautizo en el Espíritu”, los católicos prefieren decir “efusión del Espíritu”. Es decir, la RCC reconoce abiertamente que sus orígenes y su espiritualidad se basan en el movimiento Pentecostal protestante.
El texto de Pablo Ginés del que hablamos al inicio pasa por alto cuestiones que precisarían ser profundizadas, mientras omite otras igualmente importantes. En primer y fundamental lugar, la conexión con los protestantes pentecostales de los carismáticos católicos, que es el fundamento de su espiritualidad. ¿No es eso un problema? ¿No son los protestantes, en sus diversas variantes, sectas herejes? No lo parece para el catolicismo liberal post-conciliar, por eso puede afirmar Ginés tan tranquilamente que la RCC tiene origen en el Pentecostalismo y que sienten “un llamado a trabajar con la unidad de los cristianos” según el falso ecumenismo surgido tras el Concilio Vaticano II. Sin embargo, visto desde la perspectiva católica tradicional, este origen de la RCC en una secta hereje y sus préstamos espirituales son su mismo problema. Y así lo explica Kennedy Hall: “No fueron solo las pocas cosas extrañas que vi lo que me alejó de la Renovación – continúa Hall. A finales de 2017, descubrí la Tradición Católica a través de sermones que encontré en Internet. Al escuchar estos sermones de sacerdotes tradicionales, mi corazón se encendió. No podía creer la profundidad y la grandeza de la fe católica que me había estado perdiendo todo este tiempo. Me enamoré de la fe de nuestros antepasados porque me enamoré de Cristo. Y empecé a ver la novedad atroz y la mentalidad errónea que impregna todo el paradigma de la Renovación Carismática. En la Renovación se anima a todos a convertirse en un canal directo con el Espíritu Santo, y en la práctica esto significa que los creyentes individuales son como católicos que actúan bajo una especie de «inspiración divina».
La Tradición de la Iglesia abrió los ojos a Kennedy Hall a comprender plenamente el gran horror de la RCC. Dice Hall: “sabía desde hacía tiempo que algo «no cuadraba» en la Renovación (Carismática), pero nunca me había tomado el tiempo de estudiar en profundidad las innumerables cuestiones relacionadas con la teología carismática o la historia del movimiento. Como si fuera cosa de la Providencia, en los últimos meses hice lo que siempre hago: encontré una madriguera y me sumergí en ella sin pensarlo dos veces. Descubrí que la Renovación no solo estaba «mal», sino que su teología se basa en herejías flagrantes, y que muchas de esas herejías han sido adoptadas, al menos en parte, por muchos católicos. Para decirlo sin rodeos, la Renovación es un caos absoluto de teología y prácticas extrañas, y la historia del movimiento está llena de un caos desenfrenado. Los fundamentos teológicos son modernistas, protestantes e incluso gnósticos en algunos casos”. Y remata: “La Renovación no es la voluntad de Dios, y no es católica: su emocionalismo y sus peligrosas prácticas espirituales han hecho daño a mucha gente”.