El papa León XIV afirmó que “no puede comentar” la condena a 20 años de prisión del empresario y periodista católico Jimmy Lai, encarcelado en Hong Kong bajo la ley de seguridad nacional impuesta por China. La declaración fue realizada ante periodistas a la salida de la residencia pontificia de Castel Gandolfo, en el que fue su primer intercambio informal con la prensa desde diciembre del año pasado.
La frase —breve y medida— no pasó inadvertida. Lai no es un desconocido para el Vaticano: el Pontífice recibió en octubre de 2025 a su esposa y a su hija. Sin embargo, ante la confirmación de la sentencia, la respuesta fue tajante: “no puedo comentar”.
Un caso emblemático
Jimmy Lai, fundador del diario prodemocrático Apple Daily, fue condenado el 9 de febrero tras un proceso que sus defensores califican de juicio político. Católico practicante, se convirtió en uno de los rostros más visibles de la defensa de las libertades civiles en Hong Kong.
En otras ocasiones, León XIV ha defendido la libertad de prensa y ha recordado que los periodistas encarcelados interpelan la conciencia de la comunidad internacional. Pero cuando el caso afecta directamente al régimen chino, el Papa ha optado por no pronunciarse.
El acuerdo Vaticano-China
Desde 2018, la Santa Sede mantiene un acuerdo provisional con la República Popular China sobre el nombramiento de obispos, renovado en varias ocasiones. El objetivo declarado ha sido garantizar la unidad eclesial y evitar la fractura entre la Iglesia oficial —controlada por la Asociación Patriótica Católica China— y la llamada Iglesia clandestina, fiel a Roma.
Sin embargo, el acuerdo ha sido objeto de críticas persistentes. Mientras Roma insiste en que el diálogo evita una ruptura mayor, el régimen de Xi Jinping ha reforzado la política de “sinización” de la religión: las comunidades deben someterse a supervisión estatal, adaptar su actividad a los principios del Partido Comunista y aceptar controles sobre la formación, la catequesis y la vida pastoral.
En los últimos años se han producido presiones, detenciones y restricciones a obispos y sacerdotes que no se alinean plenamente con las estructuras oficiales. La Iglesia clandestina continúa existiendo, aunque en condiciones de fuerte vigilancia.
Silencio y diplomacia
En este contexto, el “no puedo comentar” adquiere un significado que va más allá de una simple evasiva. La Santa Sede sostiene que su diplomacia es discreta y que el diálogo con Pekín busca proteger a los fieles católicos en China.
Pero el silencio ante un caso concreto —el de un católico condenado por el régimen— plantea una cuestión inevitable.
¿Es el silencio de León XIV una prudencia diplomática necesaria para no poner en riesgo una negociación delicada? ¿O refleja una limitación real a la hora de señalar públicamente los abusos del poder chino?
Finalmente, León XIV reiteró su llamamiento general a la paz y al diálogo: “Recemos por menos odio y más paz”. Una apelación universal que, en el caso chino, sigue envuelta en un silencio cuidadosamente medido.