El monasterio benedictino de Estella cerrará sus puertas en las próximas semanas, poniendo fin a ocho siglos de presencia ininterrumpida de las benedictinas en Navarra. La comunidad, formada actualmente por ocho religiosas, se trasladará al convento de San José, en Burgos.
Según informa Diario de Navarra, la despedida tuvo lugar este domingo 1 de marzo en una eucaristía presidida por el arzobispo de Pamplona y Tudela, Florencio Roselló, en la iglesia del convento situado junto a la basílica del Puy, edificio al que las religiosas se trasladaron en 1971 desde su anterior ubicación en el paseo de Los Llanos.
Un adiós con gratitud y esperanza
La celebración estuvo marcada por la emoción y el agradecimiento. La iglesia se llenó de fieles, sacerdotes, familiares y vecinos de Estella, que quisieron acompañar a esta pequeña comunidad encabezada por la abadesa, madre María Teresa Pérez Montero.
En su homilía, el arzobispo pidió mirar este momento no como un fracaso, sino como una etapa nueva. “Humanamente, podemos pensar que es un momento triste, un final, una pérdida. No es nada de eso”, afirmó. Recordó que cuando Cristo dice “ha llegado mi hora” no habla de derrota, sino del cumplimiento de la voluntad del Padre. “También es que algo nuevo empieza”.
Roselló subrayó que la vida monástica es una “peregrinación interior” y una disponibilidad total a la voluntad de Dios. El traslado, aseguró, no implica pérdida de identidad ni del carisma, que continúa siendo el mismo: sostener a la Iglesia con la oración.
Dos motivos para el traslado
La abadesa tomó la palabra al final de la eucaristía y explicó los motivos de la decisión. El primero, atender mejor a las hermanas mayores. El segundo, fortalecer el carisma monástico en una comunidad más amplia que pueda favorecer nuevas vocaciones.
“Es verdad que los tiempos que corren parece que no invitan a ello, pero estamos convencidas de que Él lo puede todo y que sus caminos no son los nuestros”, afirmó.
Reconoció que la partida está marcada por “incertidumbres, miedos y alegrías”, y que dejar Navarra duele. “Dejamos atrás muchas cosas. Nuestra tierra navarra, nuestro monasterio, nuestras familias, nuestros amigos, dejamos una diócesis a la que amamos de todo corazón”.
Ocho siglos de presencia benedictina
La despedida reunió a representantes de otras comunidades religiosas, como los monjes de Leyre, religiosas de Oñate y Burgos, y miembros de distintas congregaciones presentes en Estella. También acudió el obispo de Vitoria, el navarro Juan Carlos Elizalde.
Con este traslado, el monasterio de Estella queda vacío a la espera de que se determine su futuro. La marcha de las benedictinas supone el cierre de una etapa de 800 años de vida contemplativa en Navarra, una presencia silenciosa que ha acompañado la historia espiritual de la región generación tras generación.