“Hacer teología juntos”: la propuesta de León XIV a las facultades eclesiásticas

“Hacer teología juntos”: la propuesta de León XIV a las facultades eclesiásticas

León XIV recibió este 2 de marzo en el Palacio Apostólico del Vaticano a las comunidades de la Facultad Teológica Pugliese y del Instituto Teológico Calabrés. El encuentro se enmarca en las audiencias concedidas por el Pontífice a instituciones académicas eclesiásticas, en este caso vinculadas a las regiones del sur de Italia, que atraviesan un proceso de colaboración y unificación en el ámbito formativo.

En su intervención, León XIV subrayó que la teología está al servicio del anuncio del Evangelio y no puede reducirse a una mera tarea académica. Invitó a “permanecer en mar abierto”, evitando refugiarse en “puertos seguros”, y defendió una formación teológica vivida en comunión, orientada a la misión y capaz de generar un pensamiento crítico y profético ante los desafíos sociales y culturales contemporáneos.

Dejamos a continuación el mensaje completo de León XIV:

Queridos hermanos, ¡bienvenidos!

Me alegra encontrarme con vosotros esta mañana y compartir algunas reflexiones sobre el camino de formación ofrecido por vuestras respectivas instituciones, la Facultad Teológica Pugliese y el Instituto Teológico Calabrés.

Pensando en las dos regiones de las que procedéis, bañadas por la belleza y la vastedad del mar, me vienen a la mente las palabras que el Papa Francisco dirigió a la comunidad de los escritores de La Civiltà Cattolica, que pueden ser útiles también para vosotros: «Permaneced en mar abierto. El católico no debe tener miedo del mar abierto, no debe buscar el refugio de puertos seguros» (Encuentro con los escritores de “La Civiltà Cattolica”, 9 de febrero de 2017).

Hay gran necesidad de esta actitud, especialmente en los contextos en los que hoy la fe debe ser anunciada e inculturada. No se trata de adquirir nociones para cumplir obligaciones académicas, sino de iniciar una navegación valiente, una travesía en alta mar. Este viaje se mueve en una doble dirección: por una parte, es un camino para descender en profundidad, escrutando los abismos del misterio de Dios y las diversas dimensiones de la fe cristiana; por otra, es hacerse a la mar para ir más allá, para explorar otros horizontes y encontrar así nuevas formas y nuevos lenguajes con los que anunciar el Evangelio en las distintas situaciones de la historia.

Este es un punto importante que deseo reiterar: la teología sirve para el anuncio del Evangelio y, por tanto, es parte integrante y fundamental de la misión de la Iglesia. La formación teológica no es un destino para unos pocos especialistas, sino una llamada dirigida a todos, para que cada uno pueda profundizar en el misterio de la fe y recibir los instrumentos útiles para llevar adelante con pasión el «perseverante compromiso de mediación cultural y social del Evangelio» (Const. ap. Veritatis gaudium, Proemio, 3).

Desde esta perspectiva, deseo recordar el valioso camino de unidad que habéis iniciado en vuestras regiones, unificando también realidades, institutos y recorridos formativos que antes avanzaban de manera autónoma. Es una sinergia verdaderamente importante: un auténtico paso histórico del que sois protagonistas, que promueve la comunión entre las diócesis, favorece la superación de antiguos localismos y, sobre todo, impulsa un camino eclesial marcado por la unidad y la fraternidad. En esta dirección es posible construir un horizonte común de pensamiento y una convergencia ante los desafíos pastorales y las exigencias de la evangelización.

He aquí entonces la invitación: ¡hacer teología juntos! Una formación que sirve al anuncio del Evangelio solo es posible juntos, navegando “en mar abierto” pero no como navegantes solitarios. Y hacerlo, como decíamos, dejando el propio puerto seguro, yendo más allá de los propios confines territoriales y eclesiales, en el encuentro y el intercambio, en la escucha recíproca y en el diálogo, en esa comunión entre las Iglesias que conecta recursos, competencias y carismas.

Haciendo teología juntos, los horizontes intelectuales, espirituales y pastorales se amplían y se entrelazan, generando perspectivas comunes y un compromiso eclesial más encarnado en el territorio, ofreciéndoos la posibilidad de renovar los estilos y los lenguajes de la fe en el contexto real en el que os encontráis.

Haciendo teología juntos, descubriréis que sois un laboratorio que prepara a los futuros presbíteros y agentes pastorales para vivir relaciones eclesiales en estilo sinodal, en el que los diversos sujetos, ministerios y carismas eclesiales se complementan mutuamente, superando todo tipo de cierre.

Haciendo teología juntos, finalmente, seréis más capaces de acoger las preguntas y los desafíos del contexto social y cultural. De hecho, la riqueza de la historia de la que procedéis y la extendida religiosidad de vuestro pueblo no eliminan las numerosas problemáticas sociales, la crisis del trabajo, el fenómeno de la emigración y todas aquellas formas de opresión, de esclavitud y de injusticia que reclaman una conciencia nueva y un compromiso audaz por parte de todos. La formación teológica contribuye a generar un pensamiento crítico y profético, representando una inversión cultural para el futuro capaz de desactivar las lógicas de la resignación y de la indiferencia.

Os animo a llevar adelante este proyecto con entusiasmo, con determinación y sin dejaros seducir por la tentación de volver atrás. Os invito a soñar con una comunidad académica en la que los candidatos al ministerio ordenado, los consagrados y las consagradas, los laicos y las laicas se formen juntos y ayuden a las comunidades cristianas a convertirse en signo del Evangelio y en talleres de esperanza.

Gracias, queridos, por vuestro compromiso, por vuestro servicio generoso, por la paciencia y la laboriosidad con la que estáis construyendo este mosaico de unidad y de comunión: esto nos ayuda a habitar el mundo entre fidelidad y creatividad, tradición y novedad, unidad y diversidad, siempre atentos a lo que, también hoy, el Espíritu del Señor quiere decir a la Iglesia.

Que san Francisco de Paula y María Santísima Reina de Apulia os custodien e intercedan por vosotros. Gracias.

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