El cardenal Kikuchi advierte de una “persecución educada” contra los cristianos en Japón

El cardenal Kikuchi advierte de una “persecución educada” contra los cristianos en Japón

La Iglesia en Japón afronta una “persecución educada” que, bajo la apariencia de neutralidad institucional, restringe progresivamente la presencia pública de la fe, según ha advertido el cardenal Tarcisio Isao Kikuchi, arzobispo de Tokio, en declaraciones recogidas por el medio Crux.

El purpurado reaccionaba a recientes intervenciones en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, donde representantes de la Santa Sede alertaron de que los llamados “nuevos derechos” —vinculados a agendas como el aborto, la eutanasia o la ideología de género— están siendo utilizados para erosionar libertades fundamentales históricamente reconocidas, entre ellas la libertad religiosa.

Libertad reconocida en la ley, limitada en la práctica

Kikuchi recordó que la Constitución japonesa garantiza formalmente la libertad religiosa y establece una estricta separación entre religión y Estado, fruto de la experiencia negativa del sintoísmo estatal antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, explicó que en la práctica se ha consolidado una interpretación que expulsa cualquier voz religiosa del debate público. Las actividades religiosas son toleradas siempre que permanezcan confinadas dentro de templos e iglesias. Cuando la Iglesia interviene en cuestiones que afectan a la dignidad humana —como el desarme nuclear o la defensa de los migrantes— es acusada de ser “demasiado política”.

“A menudo se sostiene que, en virtud del principio de separación entre religión y Estado, la Iglesia debería abstenerse de hablar sobre asuntos considerados políticos”, señaló el cardenal.

Marginalización moral de la religión

El arzobispo de Tokio describió una situación en la que la religión no es reconocida como autoridad moral en el espacio público. Mientras la Iglesia permanezca en silencio y limitada a su ámbito interno, es considerada inofensiva. Pero cuando ejerce su derecho a proponer una visión ética basada en la dignidad humana, encuentra resistencia social.

Japón es una sociedad altamente secularizada, donde la práctica religiosa regular resulta difícil incluso sin persecución abierta. El domingo no es ampliamente reconocido como día de descanso y la religión organizada suscita indiferencia cultural, salvo cuando está asociada a tradiciones folclóricas.

En este contexto, la advertencia sobre los “nuevos derechos” adquiere relevancia: según la posición expresada por la Santa Sede en la ONU, la redefinición ideológica de los derechos humanos corre el riesgo de convertirse en un instrumento para silenciar convicciones religiosas tradicionales.

Identidad católica sin complejos

Kikuchi, que también preside Caritas Internationalis, subrayó que la identidad católica no puede diluirse para evitar tensiones culturales. “Nuestras actividades deben estar arraigadas en la comprensión católica de la dignidad humana, la sacralidad de la vida y los valores éticos”, afirmó.

El cardenal defendió que la Iglesia en Japón, pese a ser minoritaria, posee una historia que se remonta a 1549 y tiene capacidad para colaborar activamente en la misión de la Iglesia en Asia. En un contexto global donde la noción de derechos humanos se encuentra en disputa, su testimonio plantea un debate de fondo: si la libertad religiosa seguirá siendo un derecho fundamental o quedará subordinada a nuevas construcciones ideológicas.

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