Respuesta al cardenal Sarah: «El Padre Pío hizo bien en obedecer sanciones injustas que le concernían personalmente, pues nada amenazaba la fe de los fieles»

Respuesta al cardenal Sarah: «El Padre Pío hizo bien en obedecer sanciones injustas que le concernían personalmente, pues nada amenazaba la fe de los fieles»

La Fraternidad San Pío X ha publicado una respuesta directa al cardenal Robert Sarah tras su reciente intervención en la prensa francesa sobre las consagraciones episcopales anunciadas por la Fraternidad. El texto, firmado por el abate Étienne Ginoux, prior de la Fraternidad en Sudáfrica, cuestiona la apelación a la obediencia formulada por el purpurado y sostiene que la crisis actual de la Iglesia exige distinguir entre la fidelidad al depósito de la fe y determinadas orientaciones procedentes de Roma que consideran incompatibles con la tradición.

Respuesta al cardenal Sarah
24 de febrero de 2026
Fuente: Distrito de África

En una tribuna publicada en Francia en Le Journal du Dimanche del 22 de febrero de 2026, el cardenal Sarah, que en estos últimos años ha sido una fuerte fuente de aliento para numerosos fieles, se muestra preocupado por el anuncio de las consagraciones episcopales por parte de la Fraternidad San Pío X.

El cardenal escribe: «¿Cuántas almas corren el riesgo de perderse a causa de esta nueva ruptura?». Cabe preguntarse si son realmente las almas de los fieles que frecuentan las capillas de la Fraternidad las que están en peligro, o si no habría que temer más bien por la salvación de quienes siguen a los «prelados que renuncian a enseñar el depósito de la fe» o a los «lobos disfrazados de corderos», precisamente denunciados por el prelado.

El remedio propuesto por Su Eminencia a quienes desean «librar el combate por la fe, la moral católica y la Tradición litúrgica» es el apego al Sucesor de Pedro. Todo católico debería entonces aceptar lo que viene del Papa sin desobedecer jamás. Sin embargo, esto no es tan simple como parece, pues ¿no es precisamente de Roma de donde han venido recientemente la apertura de los divorciados vueltos a casar a la comunión eucarística, la bendición de parejas irregulares, la afirmación de que Dios quiere la pluralidad de las religiones, la puesta en cuestión de títulos tradicionalmente atribuidos a la Santísima Virgen María y empleados por numerosos papas, o incluso el intento de supresión a largo plazo del misal tradicional? Ahora bien, el propio cardenal Sarah se ha opuesto a muchas de estas novedades en nombre de la Tradición.

Por un lado, nos muestra el ejemplo del buen combate por la fe, la moral católica y la tradición litúrgica; por otro, nos invita a obedecer a quienes están en el origen de los males que combatimos. ¿Cómo hacerlo cuando incluso cardenales pueden difundir opiniones heterodoxas, reprobadas por el cardenal guineano, sin que nunca sean inquietados por las autoridades de la Iglesia? ¿Qué concluir, sino que no tenemos otra opción, antes de asentir, que distinguir entre las enseñanzas fieles a la fe de siempre y aquellas que son expresión de un pensamiento nuevo, irreconciliable con el magisterio anterior? Aunque el Papa actual ejerce el pontificado supremo desde hace poco tiempo, sus nombramientos para los cargos más elevados, así como sus discursos y homilías, no permiten augurar un cambio notable.

Finalmente, el cardenal Sarah nos propone meditar el bello ejemplo de obediencia heroica del Padre Pío. Se nos permitirá, sin embargo, señalar la inmensa diferencia entre la situación del estigmatizado de Pietrelcina y la de la Fraternidad San Pío X. Él aceptó en la fe, la humildad y la obediencia una grave injusticia que le afectaba personalmente, pero que no tenía consecuencias externas en cuanto a la salvación de las almas. La Fraternidad, por su parte, se alza contra una injusticia que afecta al bien común de la Iglesia, herida en su fe, su moral y su liturgia, como reconoce el cardenal. ¿Cómo permanecer en silencio cuando la fe y la salvación de los fieles están amenazadas? ¿No es necesario, por caridad hacia esas almas, que algunos se atrevan a oponerse a quienes propagan el error?

San Pablo se opuso públicamente a san Pedro en Antioquía, antes de que el primer Papa reconociera su error. San Atanasio, cuando la mayoría de los obispos se acercaba a la herejía de Arrio, fue excomulgado por el Papa Liberio, pero continuó predicando e iluminando a las almas. El Padre Pío hizo bien, por tanto, en obedecer sanciones injustas que le concernían personalmente, pues nada amenazaba la fe de los fieles. Se sabe menos que se negó a celebrar la misa según el misal experimental de 1965 en lengua vernácula y que continuó celebrando la misa de su ordenación hasta su muerte, en 1968, pocos meses antes de la entrada en vigor de la reforma litúrgica. ¿Qué habría hecho entonces?

Eminencia, le suplicamos que utilice su autoridad, su notoriedad y su pluma para convencer al Santo Padre de poner fin a la crisis doctrinal, moral y litúrgica que atraviesa la santa Iglesia. Entonces la Fraternidad San Pío X ya no se verá en la necesidad de ordenar obispos sin mandato pontificio. Entonces habrá una verdadera unidad y una perfecta comunión en la Iglesia de Dios: la unidad y la comunión en la fe.

Abate Étienne Ginoux | F.S.S.P.X.