Conforme van pasando los días, se van revelando más detalles sobre la última asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Alemana (DBK). Según informa la revista Communio, la votación de los estatutos de la futura «Conferencia Sinodal» evidenció que el respaldo al nuevo organismo dista mucho de ser unánime. Aunque formalmente se alcanzó la mayoría cualificada necesaria, lo hizo con una mayoría de dos tercios alcanzada por un margen muy estrecho, confirmando que una parte significativa de los obispos mantiene serias reservas sobre la oportunidad y legitimidad del proyecto.
Mientras sus promotores lo presentan como un instrumento de corresponsabilidad y participación laical, los críticos advierten del riesgo de consolidar un órgano nacional con capacidad decisoria que pueda tensionar la comunión con la Iglesia universal.
Cuatro obispos al margen y financiación incierta
La fractura no es solo teórica. Cuatro obispos —Regensburg, Eichstätt, Passau y Colonia— no participaron en los trabajos del Comité Sinodal. Además, la financiación prevista para 2026 no garantiza que todas las diócesis contribuyan efectivamente al nuevo órgano, pese a la aprobación formal de un presupuesto común.
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La secretaria general de la DBK, Beate Gilles, trató de transmitir una imagen de avance conjunto, señalando que al menos el marco financiero ha sido acordado. Sin embargo, todo queda condicionado a la decisión final de la Santa Sede.
Elección disputada de Wilmer
La fractura interna también se reflejó en la elección del nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Alemana. Según recoge Communio, hubo una votación disputada entre el obispo Franz-Josef Overbeck, representante del sector más reformista, y Heiner Wilmer.
En las dos primeras rondas ninguno alcanzó la mayoría cualificada de dos tercios. Finalmente, Wilmer fue elegido en tercera votación por mayoría simple, un dato que revela la ausencia de un respaldo sólido en un momento clave para la Iglesia en Alemania.
La decisión final está en Roma
El futuro de la Conferencia Sinodal depende ahora del Vaticano. Si Roma concede la recognitio ad experimentum, el órgano podrá iniciar su andadura provisional. Si impone modificaciones o rechaza el proyecto, no parece existir un plan alternativo claro por el momento.
Lo que sí ha quedado patente es la gran división dentro de la Iglesia en Alemania. La aprobación ajustada de los estatutos desmonta cualquier relato de unanimidad y confirma que el debate sobre los límites de la sinodalidad y la fidelidad a la estructura jerárquica sigue abierto.