En un acto celebrado en Arroyo de la Encomienda con motivo de la campaña de las elecciones en Castilla y León, el presidente de Vox, Santiago Abascal, dedicó una parte sustancial de su intervención a cuestiones que afectan directamente a la posición pública de la Iglesia en España. Sus palabras, especialmente las referidas a algunos obispos, ponen en evidencia unos planteamientos pastorales alejados de la realidad de la gente de a pie, que vuelve a hacerse explícito en plena contienda electoral.
Abascal enmarcó su intervención en la reivindicación del “sentido común” como criterio rector de la acción política. “El sentido común es el modo en que se han comportado nuestras familias, los valores que nos han enseñado, nuestras tradiciones, lo que es normal en nuestra sociedad, lo que ha sido común para todos y que de repente parece que todo está en cuestión”, afirmó ante los asistentes.
En ese contexto criticó determinadas políticas vinculadas al Pacto Verde y a la agenda climática, que, según sostuvo, estarían penetrando también en el ámbito educativo. Relató como ejemplo una experiencia personal: “El otro día me venían mis hijos con la huella ecológica, además, en un colegio concertado religioso, y tenían que calcular cuál era la huella ecológica que dejaban y que eran muy contaminantes”. Añadió después: “Yo con cinco hijos, mucha huella ecológica estoy dejando. No sé, pues si en un colegio religioso nos tienen que decir que incluso tener hijos es dejar huella ecológica… pues sí, que nos lo digan claramente”.
Otra parte directa del discurso llegó al referirse a informaciones sobre advertencias de obispos respecto a Vox. “Veía que no sé cuántos obispos alertaban contra Vox… alguno había, porque alguno nos ha atacado duramente e incluso ha puesto en cuestión mi condición como católico”, señaló. A continuación formuló una frase muy clara: “Es sorprendente la deriva de una parte de los pastores… que digan Misa los obispos, pero si se van a poner a defender la invasión migratoria, me parece que a muchos feligreses no les va a gustar”.
Abascal vinculó esa supuesta “defensa” de la inmigración masiva con un riesgo cultural y religioso para España: “A muchos españoles no les va a gustar que algunos obispos les condenen a la invasión migratoria y a la islamización, precisamente. A ser sustituidos. A que las mujeres, dentro de unas décadas en España, tengan que ir tapadas”.
El dirigente de Vox describió la actual política migratoria como un sistema de “fronteras abiertas” en el que “entra el que quiere”, es atendido con recursos públicos y, pasado un tiempo, queda en situación irregular sin integración efectiva. “Eso no es de sentido común, eso no es normal”, concluyó, rechazando que sus planteamientos puedan ser reducidos a “xenofobia” u “odio al extranjero”.
Las declaraciones sitúan en el centro del debate la relación entre la doctrina social de la Iglesia en materia migratoria y su traducción política concreta. Mientras el Magisterio insiste en la dignidad de toda persona y en el deber de acogida, pone en otro plano y reconoce la competencia de los Estados para ordenar los flujos migratorios según el bien común. La interpretación y el equilibrio entre ambos principios requiere, sobre todo, escuchar a la gente de a pie y aplicar sentido común.