Varden a la curia vaticana: gobernar la Iglesia exige «consideración» antes que soluciones técnicas

Varden a la curia vaticana: gobernar la Iglesia exige «consideración» antes que soluciones técnicas

La reforma de la Iglesia no comienza con estructuras, sino con la calidad espiritual de quienes la gobiernan. Ese ha sido el eje de la décima meditación cuaresmal predicada por el obispo Erik Varden ante el papa León XIV, los cardenales residentes en Roma y los responsables de los Dicasterios de la Curia.

Según informa L’Osservatore Romano, la reflexión, pronunciada en la Capilla Paulina en el marco de los Ejercicios espirituales de Cuaresma, giró en torno al concepto de «consideración», tomando como referencia el tratado homónimo de san Bernardo de Claraval dirigido al papa Eugenio III.

San Bernardo y el arte de gobernar

Varden recordó que san Bernardo escribió De consideratione como una carta dirigida a un antiguo monje de Clairvaux que, contra todo pronóstico, fue elegido Papa. El tratado, convertido en su momento en un auténtico “best seller”, no proponía reformas institucionales, sino una orientación espiritual para el ejercicio del gobierno.

La contemplación, explicó el predicador, se ocupa de verdades ya conocidas; la consideración, en cambio, busca la verdad en las circunstancias concretas y cambiantes de los asuntos humanos. Es “la tensión del ánimo en busca de la verdad” en medio de las responsabilidades cotidianas.

Ante los problemas de la Iglesia, san Bernardo no ofrecía recetas administrativas, sino un criterio esencial: rodearse de colaboradores íntegros.

El perfil de los colaboradores

Las cualidades que Bernardo pedía al Papa siguen siendo actuales: hombres de probada integridad, obedientes, pacientes y mansos; firmes en la fe católica, fieles en el ministerio, amantes de la concordia y de la unidad; prudentes en el consejo y sobrios en la palabra.

Se trata, en definitiva, de personas que confían más en la oración que en su propia astucia. “Su entrada es sin estrépito, su salida sin pompa”, recordaba el texto citado en la meditación.

Para Varden, una Iglesia gobernada de este modo reflejaría la armonía de las jerarquías celestiales y manifestaría con claridad su misión primordial: dar gloria a Dios.

Mirar lo alto para ordenar lo temporal

San Bernardo advertía a Eugenio III que, para juzgar correctamente las cuestiones terrenas, era necesario buscar a través de ellas lo que está por encima. Lejos de ser una evasión, esta actitud supone “volver a la patria”.

La meditación subrayó además la centralidad de Dios como “voluntad omnipotente, virtud benévola y razón inmutable”, que crea al hombre para participar de su bienaventuranza. Solo a la luz de esa verdad pueden ordenarse rectamente las tareas pastorales.

El peso del ministerio episcopal

Varden evocó también a san Agustín, quien describía el oficio episcopal como una carga, el fardo del soldado en campaña. Sin embargo, ese peso se vuelve ligero cuando se reconoce que es participación en el “yugo suave” de Cristo.

“Lleva tu carga hasta el final: si la amas será ligera; si la odias será pesada”, recordaba Agustín. La responsabilidad pastoral puede parecer ardua, pero es luminosa cuando se vive como servicio compartido con Cristo.

La meditación concluyó con una cita de san Bernardo que resume el sentido último del ministerio: el depósito confiado a los pastores pertenece a Cristo y deberá serle devuelto. Gobernar la Iglesia, por tanto, no es administrar un poder propio, sino custodiar un tesoro ajeno.

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