La crisis entre Estados Unidos y Cuba ha entrado en una nueva fase de tensión marcada por la presión económica de Washington, el deterioro social en la isla y movimientos diplomáticos discretos en Roma. En este contexto, la Santa Sede ha puesto en marcha una actividad de mediación entre ambas partes, aunque las conversaciones avanzan en un clima que fuentes vaticanas describen como “ni fácil ni color de rosa”.
El trasfondo del conflicto entre Washington y La Habana
La actual escalada se produce en el marco de la política de máxima presión impulsada por la administración del presidente Donald Trump, que ha reforzado sanciones y restricciones sobre la isla. Washington sostiene que estas medidas buscan limitar la capacidad financiera del régimen cubano y debilitar su aparato represivo.
La Habana, por su parte, denuncia una asfixia económica deliberada que afecta al suministro de combustible y a la capacidad de importación de bienes básicos. En las últimas semanas, apagones prolongados, escasez de alimentos y medicinas y un malestar social creciente han marcado la cotidianeidad en la isla.
La tensión aumentó tras un incidente en el que murieron cuatro tripulantes de una embarcación procedente de Estados Unidos durante un tiroteo con la guardia fronteriza cubana, episodio que elevó aún más el clima de confrontación.
Estados Unidos atribuye el colapso estructural del sistema energético y sanitario a décadas de mala gestión interna del régimen castrista. Cuba, en cambio, señala al embargo y a las sanciones como causas determinantes. En medio de esta confrontación, el pueblo cubano soporta una situación que los obispos han calificado de crítica.
Voces de la Iglesia cubana ante la crisis
La Iglesia en Cuba ha alzado la voz para describir una realidad que va más allá de las cifras políticas. En declaraciones recogidas por ACI Prensa, el obispo de Cienfuegos-Santa Clara, monseñor Domingo Oropesa, afirmó que “como estamos viviendo no es humano”, señalando la prolongada carencia de bienes esenciales, las dificultades energéticas y el impacto directo sobre las familias cubanas.
Oropesa subrayó que la situación exige un cambio profundo en el país, y que el dolor y la incertidumbre de la población no pueden ser ignorados por aquellos que tienen responsabilidades de gobierno. La postura de los obispos cubanos se suma a los mensajes de advertencia sobre un riesgo real de mayor colapso social, especialmente después de las decisiones dirigidas a bloquear el suministro energético.
Los obispos también pusieron de manifiesto su preocupación por una mayor inestabilidad interna y por el impacto de la crisis sobre los sectores más vulnerables.
Mediación activa y contactos en Roma
En este escenario, la Santa Sede está desarrollando una actividad de mediación entre Estados Unidos y Cuba. Así lo ha confirmado a Agenzia Nova una fuente cercana al secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin. En Roma coinciden actualmente el ministro de Asuntos Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, y el jefe de la misión diplomática estadounidense en La Habana, Mike Hammer.
El canciller cubano, diplomático veterano considerado pragmático ya durante la administración Obama, habría acudido a Roma para abordar con la Santa Sede la situación en la isla. No se descarta que las conversaciones incluyan contactos indirectos con Hammer, aunque no hay confirmación de un encuentro formal entre ambos.
Washington pide mayor implicación de la Iglesia
Mike Hammer ha reforzado públicamente la dimensión política del momento. En una entrevista concedida a EWTN Noticias, afirmó que Cuba vive un “momento decisivo” y que existen intercambios “a alto nivel” dentro del régimen para explorar una posible transición.
El diplomático atribuyó el colapso energético y sanitario a “políticas mal llevadas a cabo por el régimen cubano durante casi siete décadas”, rechazando que la crisis sea consecuencia directa de las sanciones estadounidenses. También instó al Vaticano y a la Iglesia en Cuba a pronunciarse con mayor claridad sobre los derechos humanos y la liberación de los presos políticos.
Hammer se reunió en Roma con el secretario vaticano para las Relaciones con los Estados, monseñor Paul Richard Gallagher, y con el embajador estadounidense ante la Santa Sede, Brian Burch. En ese encuentro se destacó el papel relevante de la Iglesia en la sociedad cubana. Estados Unidos ha canalizado además nueve millones de dólares en ayuda humanitaria a través de la Iglesia Católica y Catholic Relief Services, evitando la intermediación directa del régimen.
La preocupación pastoral de León XIV
El pasado 1 de febrero, tras el Ángelus, León XIV expresó su cercanía “al querido pueblo cubano”. Un día antes, los obispos cubanos habían advertido del “riesgo real de un mayor colapso social” ante el deterioro económico y las restricciones energéticas.
En una entrevista concedida a Vatican News, el sacerdote Ariel Suárez Jáuregui, secretario adjunto de la Conferencia Episcopal Cubana, describió un panorama de escasez de alimentos, medicamentos y recursos básicos, subrayando que la Iglesia intenta ser “signo de caridad y consuelo” para la población.
Además, la visita que los obispos cubanos tenían prevista realizar al Vaticano en febrero fue aplazada debido al agravamiento de la situación interna.
El precedente venezolano
La mediación cubana se produce tras el fallido intento de la Santa Sede de facilitar una salida negociada en Venezuela antes de la operación militar estadounidense que culminó con la detención de Nicolás Maduro el 3 de enero. Según el Washington Post, el cardenal Parolin intentó entonces abrir una vía diplomática con responsables estadounidenses para evitar un derramamiento de sangre.
Aunque aquella gestión no prosperó, confirmó la implicación directa del Pontífice en los asuntos hispanoamericanos, región en la que Robert Francis Prevost desarrolló más de veinte años de ministerio episcopal antes de su elección.
A la espera de un acuerdo
Por ahora no existe anuncio oficial de un acuerdo ni de una mediación formalizada. Sin embargo, las conversaciones están activas. En un escenario marcado por la presión económica, la crisis social en la isla y una relación compleja entre Washington y el Vaticano, la Santa Sede vuelve a situarse como posible facilitador en una negociación cuyo desenlace sigue siendo incierto.