En el último episodio del podcast The Spiritual Life, producido por America Magazine, el polémico jesuita James Martin entrevista al sacerdote y teólogo Bryan Massingale, a quien presenta explícitamente como “sacerdote negro y abiertamente gay”, proponiéndolo como referencia para la Iglesia actual.
Desde el inicio, Martin insiste en aclarar que se trata de un sacerdote “gay y célibe”, y subraya lo inusual que resulta que un presbítero haga pública su «orientación». La conversación gira en torno a identidad, visibilidad y acompañamiento pastoral, con un marcado énfasis en la autenticidad personal como eje del ministerio.
La “salida del armario” y el activismo internacional
Massingale explica que decidió hacer pública su condición homosexual en 2019, durante un encuentro de la Global Network of Rainbow Catholics —una organización ideológica que promueve abiertamente ideas contrarias a la doctrina católica sobre la sexualidad—. Relata que, tras escuchar testimonios de personas perseguidas por su orientación sexual, concluyó que no podía pedir a otros que asumieran riesgos si él mismo no estaba dispuesto a hacerlo.
Comenzó su intervención con una declaración explícita: “Vengo ante ustedes como un sacerdote negro y gay”. Posteriormente autorizó la publicación del discurso, que fue traducido a varios idiomas. Según afirma, su decisión no fue un gesto personalista, sino una manera de “dejar que el amor de Dios salga a la luz”.
“No soy un coche híbrido”
En la entrevista, Massingale insiste en que su identidad no puede fragmentarse. Rechaza que se le presente únicamente como “sacerdote gay” y afirma: “No soy un coche híbrido. No tengo un sombrero negro y otro gay”. Con esa expresión pretende subrayar que su condición racial y su orientación sexual forman una “realidad compuesta” inseparable de su sacerdocio.
En otro momento afirma que su vocación más profunda es ser “una encarnación negra y gay de la presencia de Cristo en el mundo”, sosteniendo que la gracia de Dios puede encontrarse también en aquello que algunos dentro de la Iglesia considerarían problemático.
Rechazo dentro del clero
Massingale asegura que tras hacer pública su orientación perdió amistades sacerdotales. Según su relato, algunos le dijeron que, si mantenían relación con él, otros podrían sospechar sobre su propia orientación sexual. También afirma que el mayor distanciamiento no vino de los laicos, sino de obispos y compañeros sacerdotes.
Martin refuerza esta idea señalando que en ciertos ambientes eclesiales existe el prejuicio de identificar “sacerdote gay” con conducta sexual activa, algo que ambos rechazan explícitamente.
Identidad y modelo eclesial
El episodio no se limita a narrar experiencias personales, sino que presenta esa visibilidad como un modelo. Massingale sostiene que su autenticidad ha permitido que estudiantes y fieles se sientan “liberados” para vivir su propia identidad. Relata, por ejemplo, cómo en una ceremonia universitaria de graduación organizada por estudiantes LGBT recibió un homenaje por su 40 aniversario sacerdotal, interpretándolo como un signo de apoyo a su doble condición.
La conversación concluye con consejos a padres de hijos LGBT que rechazan la práctica religiosa, recomendando acompañamiento, validación del dolor y la búsqueda de comunidades “acogedoras”.
Magisterio y discernimiento: qué dice la Iglesia
Más allá de los testimonios personales, en la tradición católica el sacerdocio no se define por categorías sociológicas o identitarias, sino por la configuración sacramental con Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia. La identidad sacerdotal nace del sacramento del Orden y de la participación en el único sacerdocio de Cristo, no de rasgos culturales, raciales o afectivos.
La Iglesia distingue con claridad entre inclinación y conducta, y mantiene una enseñanza moral objetiva sobre la sexualidad, al tiempo que afirma sin ambigüedades la dignidad de toda persona. En este marco se sitúa la Instrucción de la Congregación para la Educación Católica de 2005 —vigente hasta la fecha— que establece:
“La Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario ni a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay.”
Se trata de un criterio disciplinar fundado en una visión teológica del sacerdocio y en el discernimiento vocacional propio de la Iglesia.