El Papa León XIV y los miembros de la Curia Romana vivieron este lunes 23 de febrero una jornada de Ejercicios Espirituales en la Capilla Paulina, articulada en dos meditaciones que abordaron la conversión interior y la purificación de la fe ante la prueba.
Según informó Vatican News, el predicador de este año, Mons. Erik Varden O.C.S.O., obispo de Trondheim y monje trapense, ofreció por la mañana una reflexión centrada en San Bernardo de Claraval y, por la tarde, una meditación sobre cómo vivir en la ayuda de Dios sin reducir la religión a una “póliza de seguros”.
San Bernardo: conversión nacida de la lucha interior
En la meditación matutina, Varden presentó a San Bernardo de Claraval como un “excelente compañero” para quien desee emprender un auténtico éxodo cuaresmal del egocentrismo y del orgullo. Lejos de una figura idealizada, el predicador subrayó que la enseñanza de Bernardo sobre la conversión nace de la experiencia concreta, de la lucha personal y de la necesidad de cuestionar las propias presunciones.
Recordó que el movimiento cisterciense del siglo XII, al que perteneció Bernardo, fue al mismo tiempo innovación y reforma. La fundación del novum monasterium en Cîteaux no surgió como reacción contra alguien, sino como búsqueda positiva de fidelidad. Los proyectos meramente reactivos —advirtió— están destinados a agotarse.
San Bernardo fue un hombre de carácter fuerte, capaz de posiciones rígidas, pero al mismo tiempo profundamente humilde, tierno y fiel en la amistad. Su vida, señaló Varden, muestra tensiones reales, comparables en cierto modo a las vividas siglos después por Thomas Merton. La conversión, en este horizonte, no es un ideal abstracto, sino un proceso sostenido por la cultura bíblica y una teología bien arraigada.
“Dios no es un servicio de emergencia”
Por la tarde, la tercera meditación cambió el foco hacia la experiencia del sufrimiento y la ayuda divina. Partiendo de una frase de Mary Ward —«Haced lo mejor que podáis y Dios os ayudará»— el obispo explicó que la convicción de que Dios socorre al hombre pertenece al núcleo de la fe bíblica.
A la luz del Salmo 90, desarrolló la imagen de la ayuda de Dios como morada estable. No se trata de un recurso ocasional al que se acude en situaciones límite, como quien marca un número de emergencia. Vivir “al amparo del Altísimo” implica fundar la existencia en una presencia constante.
La reflexión se adentró entonces en la figura de Job. El libro bíblico fue descrito como una “sinfonía” que atraviesa el lamento, la amenaza y finalmente la gracia. Job rechaza reducir su relación con Dios a un cálculo contable, en una prueba no se explica mediante esquemas simplistas.
La tentación de una fe utilitarista
Varden advirtió contra la tentación de considerar la religión como una póliza de seguros: cumplir con Dios esperando protección garantizada frente al mal. Cuando las “barreras protectoras” se derrumban, esa fe contractual entra en crisis.
Morar en la ayuda de Dios —enseñó el predicador— no significa blindarse ante el sufrimiento ni negociar seguridades. Significa atravesar el lamento y la amenaza para aprender a vivir con gracia en un nivel más profundo de confianza.
Dios puede permitir que caigan los muros que creíamos necesarios, muros que en realidad nos asfixiaban. Solo así puede abrirse un mundo nuevo y bendito.