Libertad y verdad según san Bernardo: tercera jornada de meditaciones en la Capilla Paulina

Libertad y verdad según san Bernardo: tercera jornada de meditaciones en la Capilla Paulina

Las meditaciones del 24 de febrero en los Ejercicios Espirituales de Cuaresma en el Vaticano centraron la reflexión en el sentido cristiano de ambos conceptos. León XIV, junto con los cardenales residentes en Roma y los jefes de dicasterios, participaron en la Capilla Paulina en dos nuevas meditaciones predicadas por monseñor Erik Varden, obispo de Trondheim (Noruega) y monje cisterciense, en las que abordó los temas “Llegar a ser libres” y “El esplendor de la verdad”.

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La libertad no es afirmación del yo, sino donación

Según informó Vatican News, en la meditación matutina, Varden partió del uso contemporáneo del término “libertad”, convertido con frecuencia en herramienta retórica dentro del discurso político y social. Lo que unos presentan como liberación, otros lo perciben como opresión, generando una confrontación permanente en nombre de la misma palabra.

A la luz de san Bernardo, el predicador recordó que la verdadera libertad no es connatural al hombre herido por el pecado. Lo que suele entenderse como libertad —hacer la propia voluntad sin límites— puede convertirse en una forma de esclavitud. La facilidad con la que el hombre cae repetidamente en las mismas trampas revela, precisamente, su falta de libertad interior.

La libertad cristiana, explicó, se fundamenta en el “sí” de Cristo a la voluntad del Padre. No consiste en imponerse ni en dominar, sino en amar con un amor crucificado, capaz de entregarse. En esta perspectiva, ninguna ideología puede apropiarse legítimamente del concepto de libertad para justificar la opresión de otros, pues la libertad auténtica es siempre personal y nunca anula la del prójimo.

Tentación, ambición y búsqueda de la verdad

En la meditación vespertina, centrada en “El esplendor de la verdad”, Varden abordó el papel de las tentaciones en la vida espiritual. Recordando el Salmo 90 y las enseñanzas de san Bernardo, afirmó que nadie está exento de ellas y que, lejos de ser inútiles, pueden fortalecer el compromiso con la verdad.

Alejados de la falsedad, señaló, el creyente puede convertirse y confirmar a sus hermanos. Entre las tentaciones, destacó especialmente la ambición, que san Bernardo describe como negación de la verdad y forma de alienación. La ambición —subrayó— puede corromper incluso a quienes están llamados al servicio, transformando la vocación en vanagloria.

Ante la pregunta “¿Qué es la verdad?”, el predicador indicó que la Iglesia no está llamada a adaptarse a los lenguajes cambiantes de la cultura para resultar aceptable, sino a hablar con su propio lenguaje: el de la Escritura, la liturgia y los santos. La credibilidad de la verdad cristiana no nace del brillo exterior, sino de su encarnación en vidas santas.

Al finalizar, Varden recordó que la llamada universal a la santidad, subrayada por el Concilio Vaticano II, sigue siendo plenamente actual. La verdad cristiana se vuelve convincente cuando se manifiesta en forma personal, a través de una vida dispuesta al sacrificio.

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