Bätzing se despide sin mencionar el sínodo alemán y centra su mensaje en la caridad frente al populismo

Bätzing se despide sin mencionar el sínodo alemán y centra su mensaje en la caridad frente al populismo

Georg Bätzing cerró su etapa como presidente de la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) con una homilía centrada en la crisis cultural de Occidente, el auge del populismo y la necesidad de una respuesta cristiana concreta basada en las obras de misericordia.

Según recoge el portal alemán Katholisch.de, el obispo pronunció este lunes el sermón en la apertura de la asamblea plenaria de primavera en Würzburg, donde también recordó que no optará a un segundo mandato. Su sucesor será elegido esta semana.

Crisis, miedo y desgaste social

Bätzing describió el momento actual como una etapa de profundas transformaciones que afectan a casi todos los ámbitos de la vida. Señaló la invasión rusa de Ucrania como punto de inflexión geopolítico, aludió al debilitamiento de la cohesión social, a la pérdida de confianza en la democracia parlamentaria, a la fragilidad económica, a la emergencia climática y al impacto de la inteligencia artificial.

A su juicio, el antiguo relato de progreso ha sido sustituido por el miedo a la pérdida, el cansancio y la sobrecarga. Ese clima de inseguridad —afirmó— deja a muchas personas en una sensación de impotencia que favorece el aislamiento.

Frente a ello, advirtió contra las respuestas populistas que ofrecen certezas simples, identifican culpables y prometen soluciones radicales. Ese tipo de discurso, sostuvo, transforma la frustración en emociones políticas intensas, pero no resuelve los problemas de fondo.

La respuesta cristiana: “actuar ayuda”

El eje de la homilía fue el pasaje del juicio final en el Evangelio de san Mateo: “Lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”.

Bätzing insistió en que la alternativa cristiana a la resignación no es la queja ni la nostalgia, sino la acción concreta en favor de los pobres, los enfermos, los extranjeros y los marginados. Ayudar —subrayó— no solo transforma la situación del necesitado, sino también al que actúa, devolviéndole la conciencia de que no está condenado a la impotencia.

En este contexto citó a Dietrich Bonhoeffer, destacando la idea de que Dios se manifiesta en el “estar para los otros”. La conversión hacia el prójimo, vino a afirmar, constituye la experiencia decisiva de trascendencia para el cristiano.

El silencio sobre el Camino Sinodal

Más allá del contenido espiritual del mensaje, hubo una ausencia llamativa: ninguna referencia al Camino Sinodal alemán ni a la sinodalidad, pese a que Bätzing ha sido una de sus principales figuras y defensores.

Durante su mandato, el proceso sinodal impulsado en Alemania ha promovido resoluciones controvertidas en materia de moral sexual, poder eclesial y estructuras de gobierno, generando tensiones con Roma y advertencias explícitas sobre los límites doctrinales y jurídicos de ciertas propuestas. Temas que siguen pendientes y tendrán que ver la resolución en este tiempo.

Sin embargo, en su despedida pública como presidente de la DBK, el obispo optó por no mencionar ese proceso ni reivindicar su legado en ese ámbito.

Una Iglesia alemana en tensión

La elección del sucesor de Bätzing —para un mandato de seis años según los estatutos de la conferencia— aparece así como un barómetro del rumbo futuro del episcopado alemán: si se consolida la dinámica reformista o se abre una etapa de contención y reconstrucción de puentes con la Iglesia.

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Nombres como Udo Markus Bentz, Heiner Wilmer o Peter Kohlgraf circulan en los análisis como posibles candidatos, aunque no hay candidaturas oficiales y lo decisivo será el mandato implícito que la mayoría de los obispos quiera dar.

Este momento, enmarcado por tensiones canónicas, debates sobre la autoridad eclesial y el papel de los procesos sinodales, sitúa a la Iglesia alemana en una encrucijada que va más allá de una simple elección interna: es una prueba de autoridad y de identidad eclesial para la Iglesia.

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