La información publicada por el diario El País sobre el encuentro del 17 de noviembre entre el Papa León XIV y la cúpula de la Conferencia Episcopal Española introduce un elemento de enorme carga política: que la “mayor preocupación” del Pontífice en relación con España sería la “ideología de ultraderecha” que intentaría “instrumentalizar a la Iglesia”. El periódico atribuye esa afirmación a fuentes conocedoras de la reunión y la presenta como clave interpretativa de decisiones posteriores del episcopado en cuestiones como inmigración o abusos.
Sin embargo, InfoVaticana ha podido contrastar esa versión con varias personas que estuvieron presentes en la reunión en el Vaticano. Según estas fuentes directas, el contenido del encuentro no se desarrolló en los términos que ahora se difunden. De manera coincidente, varios de los asistentes consultados aseguran que no hubo una advertencia específica centrada en la “ultraderecha” española ni una formulación que señalara esa cuestión como eje principal de preocupación papal.
Las mismas fuentes subrayan que la conversación abordó asuntos pastorales y eclesiales de carácter más amplio, en un tono que describen como institucional y no partidista. La interpretación política que se está proyectando —afirman— no se corresponde con el desarrollo real del diálogo mantenido con el Santo Padre.
En círculos episcopales también se apunta a la posibilidad de que la filtración responda a dinámicas internas. Diversas voces reconocen que en los últimos meses ha aumentado el malestar por la gestión del Valle de los Caídos y por los términos de los acuerdos alcanzados con el Gobierno. La percepción de que determinadas decisiones se han canalizado con escaso debate previo en los órganos colegiados ha generado tensiones que no habían aflorado públicamente.
En ese contexto, la atribución al Papa de una supuesta preocupación prioritaria por la “ultraderecha” tendría efectos evidentes en el equilibrio interno: refuerza determinadas posiciones, desautoriza otras y reviste de autoridad pontificia decisiones que están siendo discutidas dentro de la propia Conferencia.
A día de hoy, lo único constatable es que fuentes presentes en la reunión desmienten el núcleo de la versión publicada y niegan que se produjera en esos términos la advertencia que ahora se difunde. La distancia entre ambas narraciones obliga, como mínimo, a extremar la prudencia antes de convertir una filtración anónima en criterio interpretativo de la acción episcopal.