La Pontificia Comisión para América Latina ha difundido con antelación el mensaje para el Día de Hispanoamérica —que se celebrará el próximo 1 de marzo— bajo el título “Caminamos juntos, compartimos alegría”. En ese documento, firmado por su presidente, Mons. Filippo Iannone, se sostiene que las resistencias en torno a la sinodalidad no tienen su raíz principal en problemas estructurales o doctrinales, sino en una insuficiente conversión personal y comunitaria. El texto ha sido dado a conocer oficialmente y recogido por Aciprensa.
El Concilio como punto de partida
El prelado parte de una reflexión sobre el Concilio Vaticano II. A más de sesenta años de su clausura, reconoce que puede parecer que sus documentos hayan quedado superados por la evolución histórica. Sin embargo, sostiene que una lectura atenta demuestra lo contrario.
“A un observador desprevenido fácilmente le puede parecer que los documentos de este Concilio han quedado rebasados por la cambiante realidad del mundo y de la Iglesia”, admite. Pero añade que, al releerlos, “descubrimos que nuestra falta de conversión es, muy posiblemente, la principal responsable de que aún existan temas que requieren una mayor asimilación personal y comunitaria”.
La tesis es clara: el problema no sería el Concilio, ni su interpretación, sino la escasa interiorización de sus enseñanzas.
Sinodalidad como fidelidad, no como innovación
Iannone aplica este diagnóstico de modo particular a la sinodalidad. Recuerda que el Papa Francisco convocó la renovación sinodal “no tanto por tal o cual idea innovadora, sino como un gesto de fidelidad al Evangelio y a la eclesiología” de Lumen gentium.
En esa misma línea, afirma que el Papa León XIV continúa guiando a la Iglesia por este camino, proponiendo comprender la unidad y la comunión como una realidad dinámica: el pueblo de Dios que camina en la historia y profundiza en su identidad bautismal y en su dimensión ministerial.
El planteamiento insiste en que la sinodalidad no es una construcción ideológica reciente, sino una consecuencia directa de la eclesiología conciliar. Sin embargo, el mensaje evita entrar en una cuestión que sigue abierta en amplios sectores eclesiales: si todas las concreciones prácticas del proceso sinodal han reflejado con claridad esa fidelidad al Evangelio o si, en algunos contextos, se han producido ambigüedades que alimentan la desconfianza.
Una Iglesia que no vive para sí misma
Uno de los ejes más insistentes del mensaje es la dimensión misionera. “La Iglesia no existe para sí misma, sino para anunciar con alegría la belleza del Evangelio a todos los hombres y en todos los lugares”, subraya el presidente de la Pontificia Comisión.
Se trata de una afirmación clásica, que conecta con el impulso misionero de la Iglesia en América Latina y con la tradición evangelizadora española. El lema elegido para la jornada de este año —“Caminamos juntos, compartimos alegría”— es una síntesis del espíritu sinodal: caminar reconciliados para que el mundo crea.
El mensaje concluye con una referencia explícita a la Virgen María, retomando el capítulo VIII de Lumen gentium. María es presentada como “Madre” y “tipo” de la Iglesia, modelo que precede y orienta la misión.
Finalmente, en el horizonte se sitúan el V Centenario del acontecimiento guadalupano (2031) y el Jubileo de la Redención (2033), que Iannone invita a preparar con espíritu de comunión y compromiso evangelizador.