El cardenal Ruini analiza los últimos pontificados: «Francisco tuvo poco en cuenta la tradición»

El cardenal Ruini analiza los últimos pontificados: «Francisco tuvo poco en cuenta la tradición»

A sus 95 años, el cardenal Camillo Ruini no habla como un hombre retirado, sino como una de las grandes conciencias del catolicismo italiano contemporáneo. En una extensa entrevista concedida al diario italiano Corriere della Sera, el histórico presidente de la Conferencia Episcopal Italiana —durante dieciséis años— ofrece un balance sobre los últimos pontificados, la crisis de la fe en Occidente y el futuro del cristianismo.

Sus palabras, medidas pero claras, contienen afirmaciones de gran calado. Especialmente sobre la renuncia de Benedicto XVI y el pontificado de Francisco.

“Fue una decisión equivocada”

La renuncia de Benedicto XVI en 2013 marcó un antes y un después en la historia moderna del papado. Ruini no oculta que aquel gesto le afectó profundamente. Asegura que le tomó “completamente por sorpresa” y que lo vivió con tristeza.

Y cuando se le pregunta si considera que fue un error, responde sin rodeos:

«Le digo la verdad: fue una decisión equivocada, al menos así me lo parece».

Sin embargo, el cardenal introduce un matiz importante: reconoce que Joseph Ratzinger conocía mejor que nadie su situación física y espiritual, y evita juzgar su conciencia. Pero, insiste en que la decisión no le convenció.

Sobre el perfil del Papa alemán, traza una valoración equilibrada. Destaca su talla intelectual —“ante todo un grandísimo teólogo”—, pero admite que el ejercicio del gobierno no fue su punto fuerte. Es un juicio significativo viniendo de quien participó en el cónclave de 2005 y conoció de primera mano el clima interno de la Iglesia tras la muerte de Juan Pablo II.

Un cambio brusco y en tensión con la tradición

El análisis del pontificado de Francisco es más complejo y revela la incomodidad de una generación eclesial ante el giro pastoral de los últimos años.

Ruini reconoce que el cambio introducido por el Papa argentino fue “demasiado grande y repentino”. No habla de ruptura, pero sí de dificultad personal ante una transformación acelerada.

«Me parece un balance complejo, con aspectos muy positivos y otros bastante menos. Es pronto para decir cuáles prevalecerán».

Entre los aspectos positivos menciona el valor personal del Papa: «Su gran coraje». Pero, «ha tenido demasiado poco en cuenta la tradición».

No es una acusación menor. Para Ruini, la tradición no es un elemento ornamental, sino la estructura misma de la continuidad eclesial. Y añade que «no por casualidad ha sido quizá más amado por los no creyentes que por los creyentes».

La referencia indiscutible

Si hay una figura que emerge con nitidez en la entrevista es la de Juan Pablo II. Ruini no duda en señalarlo como el mayor Papa del periodo que él ha vivido.

«Para mí el mayor es Juan Pablo II».

La razón es doble: espiritual y geopolítica. Wojtyła fue, en palabras de Ruini, un “verdadero líder mundial”. Supo enfrentarse al comunismo sin ambigüedades y comprendió que la secularización no era un destino inevitable, sino un desafío que exigía una nueva evangelización.

Ruini recuerda que, en los años ochenta, algunos sectores eclesiales consideraban que el mundo estaba ya definitivamente secularizado. Juan Pablo II pensaba lo contrario. Y Ruini se alineó con él.

Concilio sí, postconcilio no

El cardenal rechaza la lectura simplista que identifica el Concilio Vaticano II con la crisis posterior. Para él, el problema no fue el Concilio, sino el periodo que lo siguió.

Tras la clausura conciliar, explica, se llegó a cuestionar incluso verdades centrales como la divinidad de Cristo o aspectos fundamentales de la moral católica. Frente a esa deriva, afirma haber reaccionado con firmeza.

No se define como tradicionalista en sentido nostálgico. Tampoco defiende un retorno a la liturgia en latín, pues considera esencial que los fieles comprendan la lengua en la que se celebra. Pero redefine con precisión el concepto que considera decisivo:

«Tradición no significa volver atrás. ‘Tradere’ significa transmitir. Tradición es la continuidad de la Iglesia».

Crisis de fe y pérdida de referencias morales

Ruini no edulcora el diagnóstico: en Occidente la crisis de la fe es “innegable”. Las iglesias vacías y los seminarios con escasas vocaciones no son, para él, simples fenómenos sociológicos, sino signos de una transformación cultural profunda.

Reconoce que hoy se habla menos que antes de los llamados valores no negociables —la defensa de la vida, la indisolubilidad del matrimonio, la moral sexual—, pero advierte que la Iglesia no puede renunciar a ellos:

«No podemos dejar de hablar de estos valores. Forman parte del contenido de nuestra fe».

La respuesta principal, insiste, no es táctica ni política, sino espiritual: oración, conversión y nueva evangelización.

El juicio, el infierno y el realismo cristiano

En el tramo final de la entrevista, Ruini confiesa tener miedo a la muerte, sobre todo por el juicio de Dios, aunque esa inquietud se ve atenuada por la confianza en la misericordia divina.

No cree, en cambio, que el infierno esté vacío:

«No lo creo. Temo que el infierno no esté en absoluto vacío».

Ante la pregunta de si el Hijo del Hombre encontrará fe sobre la tierra cuando vuelva, responde con sobriedad:

«Por desgracia, no es seguro».

Y, sin embargo, su conclusión no es desesperada. A largo plazo, se declara optimista. La razón no es sociológica, sino teológica:

«En el origen del cristianismo no está solo el hombre. Está Dios».

A los 95 años, Ruini no ofrece recetas ni consignas, sino memoria histórica, conciencia doctrinal y la convicción de que la Iglesia solo permanece cuando transmite —sin amputaciones ni ambigüedades— lo que ha recibido.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando