La Real Basílica de San Francisco el Grande, en Madrid, ha reabierto al público su imponente cúpula tras dos meses de trabajos de restauración. El templo, uno de los más significativos del patrimonio religioso español, recupera así plenamente uno de los elementos arquitectónicos más sobresalientes de la cristiandad.
La intervención ha permitido restaurar tanto la estructura como las pinturas murales que decoran el interior de la cúpula, devolviendo visibilidad y esplendor a un espacio concebido no solo como proeza técnica, sino como manifestación teológica a través del arte.
Una de las mayores cúpulas del mundo cristiano
Con 70 metros de altura y 33 metros de diámetro, la cúpula de San Francisco el Grande es la mayor de España y figura entre las más grandes del mundo cristiano. Solo la superan la de la basílica de San Pedro del Vaticano, la del Panteón de Roma y la de Santa María del Fiore, en Florencia.
Levantada en el siglo XVIII, la cúpula responde al ideal barroco tardío y neoclásico de elevar la mirada del fiel hacia el cielo, integrando arquitectura y una catequesis visual. En la tradición cristiana, la cúpula simboliza el firmamento, la trascendencia y la comunión de los santos, convirtiéndose en un espacio que invita a la contemplación del misterio divino.
Historia de un templo franciscano
La actual basílica fue construida entre 1761 y 1784 sobre el solar de un antiguo convento franciscano del siglo XIII, vinculado según la tradición a la presencia de san Francisco de Asís en Madrid. Su planta circular y su monumental cúpula responden al gusto ilustrado del siglo XVIII, pero conservan una clara intencionalidad religiosa.
Declarada Monumento Nacional en 1980, la basílica ha sido escenario de actos litúrgicos relevantes y conserva un importante patrimonio artístico de los siglos XVIII y XIX. Entre sus muros se encuentran obras de Goya, Zurbarán, Casto Plasencia, Francisco Jover, Martínez Cubells y Antonio Carnicero, entre otros.
Arte que evangeliza
La reciente restauración ha permitido recuperar los frescos de la cúpula, realizados con técnicas tradicionales que incluyen el uso de clara de huevo como aglutinante, lo que aporta luminosidad y profundidad cromática. Estas representaciones no cumplen una función meramente decorativa, forman parte de la tradición catequética de la Iglesia, que a lo largo de los siglos ha utilizado el arte como medio para enseñar la fe, elevar el espíritu y expresar la belleza.
La reapertura de la cúpula devuelve a Madrid uno de sus grandes espacios sagrados, recordando que las iglesias no son solo monumentos históricos, sino lugares donde arquitectura, arte y fe convergen para anunciar el Evangelio.