El Vaticano llama a musulmanes y cristianos a rechazar la violencia y construir la paz en el Ramadán y la Cuaresma

El Vaticano llama a musulmanes y cristianos a rechazar la violencia y construir la paz en el Ramadán y la Cuaresma

El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso ha hecho público este 20 de febrero el mensaje dirigido a los musulmanes de todo el mundo con motivo del mes de Ramadán y la fiesta de ‘Id al-Fitr 1447 H. / 2026. El texto, firmado por el prefecto del organismo vaticano, el cardenal George Jacob Koovakad, y por el secretario, monseñor Indunil J.K. Kodithuwakku, subraya la cercanía y solidaridad de la Iglesia católica con los creyentes musulmanes, en un año en el que, por una “providencial convergencia de calendarios”, el Ramadán coincide en gran parte con la Cuaresma cristiana.

Dejamos a continuación el mensaje completo:

Queridos hermanos y hermanas musulmanes:

Es con gran alegría que me dirijo a ustedes con ocasión del mes de Ramadán, que culmina en la fiesta de la ruptura del ayuno, ‘Id al-Fitr’. Esta importante celebración anual me ofrece una valiosa oportunidad para expresarles mi cercanía, solidaridad y respeto, a ustedes, creyentes en Dios, “uno, vivo y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, que ha hablado a los hombres” (Concilio Vaticano II, Declaración Nostra Aetate, 28 de octubre de 1965, 3).

Este año, por una providencial convergencia de calendarios, los cristianos vivimos este período de ayuno y devoción junto a ustedes durante el santo tiempo de Cuaresma, que conduce a la Iglesia hacia la celebración de la Pascua. En este tiempo espiritualmente intenso, buscamos seguir más fielmente la voluntad de Dios. Este camino compartido nos permite reconocer nuestra fragilidad inherente y afrontar las pruebas que pesan sobre nuestros corazones.

Cuando sufrimos pruebas —ya sean personales, familiares o institucionales— solemos creer que comprender sus causas revelará un camino claro hacia adelante. Sin embargo, con frecuencia descubrimos que la complejidad de estas situaciones supera nuestras fuerzas. En una época marcada por la sobrecarga de información, narrativas y puntos de vista contrapuestos, nuestro discernimiento puede verse nublado y nuestro sufrimiento volverse aún más agudo. En tales momentos, surge de manera natural una pregunta: ¿cómo podemos encontrar un camino hacia adelante? Desde una perspectiva puramente humana, la respuesta puede parecer esquiva, dejándonos con una sensación de impotencia.

Es precisamente entonces cuando puede surgir la tentación de ceder a la desesperación o a la violencia. La desesperación puede parecer una respuesta honesta ante un mundo quebrantado, mientras que la violencia puede presentarse como un atajo hacia la justicia que elude la paciencia que exige la fe. Sin embargo, ninguno de los dos puede ser jamás un camino aceptable para los creyentes. El verdadero creyente mantiene su mirada fija en la Luz invisible que es Dios —el Todopoderoso, el Misericordioso, el único Justo— que “rige a los pueblos con equidad” (Sal 96,10). Tal creyente se esfuerza, con todas sus fuerzas, por vivir conforme a los mandamientos de Dios, pues sólo en Él se encuentran tanto la esperanza del mundo venidero como la paz tan profundamente deseada por todo corazón humano.

En efecto, nosotros —cristianos y musulmanes, junto con todas las personas de buena voluntad— estamos llamados a imaginar y abrir nuevos caminos por los que la vida pueda ser renovada. Esta renovación es posible gracias a una creatividad alimentada por la oración, a la disciplina del ayuno que purifica nuestra visión interior y a actos concretos de caridad. “No te dejes vencer por el mal —nos exhorta el apóstol Pablo—; antes bien, vence el mal con el bien” (Rom 12,21).

Queridos hermanos y hermanas musulmanes, especialmente aquellos entre ustedes que luchan o sufren en cuerpo o espíritu a causa de su sed de justicia, igualdad, dignidad y libertad: tengan la seguridad de mi cercanía espiritual y sepan que la Iglesia católica se mantiene solidaria con ustedes. Estamos unidos no sólo por nuestra experiencia compartida de prueba, sino también por la tarea sagrada de restaurar la paz en nuestro mundo herido. Estamos verdaderamente “todos en la misma barca” (Francisco, Carta encíclica Fratelli Tutti, 3 de octubre de 2020, 30).

La paz —éste es mi ferviente deseo para cada uno de ustedes, para sus familias y para las naciones en las que viven—. No se trata de una paz ilusoria o utópica, sino, como subrayó el Papa León XIV, de una paz nacida del “desarme del corazón, de la mente y de la vida” (Mensaje para la 59ª Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2026). Tal paz es un don recibido de Dios y cultivado desactivando la hostilidad mediante el diálogo, practicando la justicia y apreciando el perdón. Que, a través de esta estación compartida de Ramadán y Cuaresma, nuestra transformación interior se convierta en catalizador de un mundo renovado, donde las armas de la guerra den paso al valor de la paz.

Con estos sentimientos, rezo para que el Todopoderoso colme a cada uno de ustedes con su amor misericordioso y su consuelo divino.

Desde el Vaticano, 17 de febrero de 2026

Cardenal George Jacob Koovakad
Prefecto

Mons. Indunil J.K. Kodithuwakku
Secretario

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