Manual de comunicación vaticana «de éxito»: cómo contarte el vómito pero no si recibió la Unción

Manual de comunicación vaticana «de éxito»: cómo contarte el vómito pero no si recibió la Unción

Han pasado diez meses desde la muerte del Papa. Diez meses después de aquel espectáculo clínico retransmitido por entregas, ahora resulta que aquello fue un “caso de estudio de éxito en comunicación”. Lo dicen con solemnidad. Con aplomo. Casi con orgullo académico.

Hay que reconocerles algo: audacia no les falta.

Durante semanas fuimos informados prácticamente en tiempo real. Supimos cuándo dormía. Cuándo no dormía. Cuánta mucosidad acumulaba. Cuántas broncoscopias le practicaron. Cuándo tuvo broncoespasmos. Cuándo vomitó. Cuándo aspiró. Cuándo le conectaban ventilación mecánica no invasiva por la noche y cuándo le retiraban la cánula nasal por la mañana.

 

Supimos hasta qué desayunaba y cuándo pasó de dieta líquida a sólidos.

Lo que no supimos —detalle menor, al parecer— fue si pidió la Unción de los Enfermos. Si es verdad que murió en el ascensor entre berrinches del misterioso enfermero con el que se obsesionó.

No sabíamos si estaba espiritualmente preparado para morir, pero sí el estado de su intercambio gaseoso.

Transparencia ejemplar.

Por la mañana, el parte era minimalista: “Ha dormido bien”. Por la tarde, barroquismo clínico: descripción minuciosa del exceso de mucosidad endobronquial y de la respuesta a la terapia farmacológica. Un día silencio administrativo; al siguiente, anatomía patológica narrada como si fuera una serie médica.

Y ahora nos dicen que eso “quitó fuerza a los desinformadores”.

Claro. Nada desactiva mejor las dudas que un boletín que te cuenta cómo se ahoga en su propio vómito pero no aclara quién firma los decretos en su nombre.

Nada transmite más serenidad institucional que anunciar ventilación mecánica nocturna programada mientras, simultáneamente, se publican nombramientos episcopales como si el despacho pontificio estuviera funcionando a pleno rendimiento.

Nada proyecta más dignidad que la idea —que también se defendió— de pasearle en pijama por San Pedro para demostrar que seguía vivo.

Fue magistral. De verdad. Comunicación quirúrgica.

Discreción sacramental frente a transparencia bronquial.

El resultado fue un espectáculo inquietante: una autoridad espiritual convertida en parte médico por entregas.

Y ahora pretenden venderlo como modelo.

Quizá convendría una pregunta incómoda: ¿informar en tiempo real sobre el estado pulmonar de un anciano es transparencia… o es degradación institucional? ¿Contarlo todo menos lo esencial es claridad… o es manipulación narrativa?

Porque al final, el problema no fue el exceso de datos médicos. El problema fue la ausencia de una respuesta simple a dos cuestiones básicas:
¿Se estaba muriendo?
¿Estaba en condiciones reales de gobernar?

De eso no hubo parte diario.

Pero sí supimos lo del broncoespasmo.

Y le vimos paseando en pijama por la Basílica de San Pedro.

Comunicación de éxito, sin duda.

Que les den un premio Bravo.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando