León XIV presidirá este Miércoles de Ceniza —primero de su pontificado— la tradicional procesión desde la iglesia de San Anselmo hasta la basílica de Santa Sabina, un gesto que en Roma marca el comienzo del tiempo cuaresmal. Con esta celebración, el Pontífice retoma personalmente una práctica que en los últimos años se había visto condicionada por la ausencia papal debido a problemas de salud.
El rito comienza en San Anselmo, en el Monte Aventino, donde el Papa y miembros de la Curia romana se reúnen para iniciar una breve procesión hacia la cercana basílica de Santa Sabina. El trayecto, de apenas unos 200 metros, se realiza mientras se entonan letanías y cantos penitenciales.
Una antigua tradición
La llamada statio forma parte de la antigua tradición de las iglesias estacionales de Roma. Ya en los primeros siglos del cristianismo, el obispo de Roma celebraba la Eucaristía en distintos templos de la ciudad durante la Cuaresma, convocando al clero y a los fieles en un itinerario litúrgico que preparaba a la comunidad para la Pascua. Con el tiempo, esta práctica quedó estructurada dentro del calendario romano.
La estación del Miércoles de Ceniza se celebra desde hace siglos en la basílica de Santa Sabina, construida en el siglo V sobre el monte Aventino, y así, con una ceremonia sobria y cargada de tradición, Roma inicia el camino de cuarenta días que conducirá al Triduo Pascual.