El monje trapense y obispo noruego Erik Varden, encargado desde este domingo de predicar los Ejercicios Espirituales al Papa y a la Curia romana, ha subrayado la centralidad de la liturgia para comprender el tiempo de Cuaresma y prepararse adecuadamente para la Pascua. En una entrevista concedida a la revista Ecclesia, Varden advierte: “Si dejamos que la liturgia hable y no la convertimos en algo banal y aburrido, se nos revelará el misterio de la Cuaresma”.
Con motivo de la publicación en España de su libro Heridas que sanan (Encuentro), el obispo propone meditar sobre las heridas de Cristo en la Pasión como camino para comprender y sanar las propias heridas del hombre contemporáneo.
Las heridas del hombre y las heridas de Cristo
En su nueva obra, Varden parte de un poema cisterciense medieval, la Rythmica Oratio, atribuida a Arnulfo de Lovaina, para recorrer las llagas del Crucificado. Desde ahí plantea una reflexión para este tiempo cuaresmal: las heridas existen, son reales, pero no tienen la última palabra.
El obispo señala que la sociedad actual oscila entre ocultar las heridas y convertirlas en una identidad. Frente a esa doble tentación, el cristianismo ofrece un realismo distinto: reconocer que el hombre está herido, pero afirmar que es más que sus heridas y que estas pueden convertirse en ocasión de gracia.
Contemplar las llagas de Cristo, explica, es también contemplar lo que el pecado hace al hombre. “Las heridas de Cristo crucificado son heridas que yo infligí”, recuerda, evocando la intensidad espiritual de la Semana Santa. Sin embargo, la Cruz no es el final. La Pascua es paso. El Resucitado se aparece glorioso, pero conserva las llagas: la herida no se niega, se transforma.
Cuaresma: examinar el corazón ante la Cruz
Para Varden, la Cuaresma es un momento privilegiado para preguntarse si el corazón permanece sensible ante el misterio de la Cruz o si se ha endurecido por la rutina y la sobreexposición a imágenes y noticias.
En un mundo saturado de información y tragedias, el riesgo es el adormecimiento de la conciencia. El obispo recuerda que no se trata de vivir cada calamidad con una carga insoportable, pero sí de evitar que el corazón se vuelva impermeable al sufrimiento ajeno y al amor entregado de Cristo.
El tiempo cuaresmal, insiste, invita a mirar la Cruz con ojos nuevos: a tomar conciencia de que Dios todopoderoso aceptó la fragilidad y se dejó herir por amor. El arte, la música y la literatura pueden ayudar a recuperar esa mirada contemplativa que rompe la indiferencia.
La liturgia, pedagogía de la Iglesia
Ante la pregunta de cómo vivir en profundidad este tiempo, Varden es claro: “Profundizando en la liturgia de la Iglesia”. La liturgia —afirma— es una gran pedagogía. Sus signos, silencios, textos y gestos orientan la atención y educan la conciencia.
Por eso advierte del peligro de banalizarla. Si se convierte en algo rutinario o superficial, pierde su fuerza formativa. En cambio, si se participa en ella con docilidad, conduce al misterio y prepara verdaderamente para la Pascua.
En este sentido, considera que la liturgia es una clave crucial para la evangelización. No la única, pero sí la más significativa, porque es el lugar donde la Iglesia proclama y actualiza el misterio de Cristo.
Proclamar a Cristo resucitado
En el umbral de la Cuaresma, las palabras de Varden recuerdan que este tiempo no es un ejercicio intimista ni un simple ajuste moral. Es una escuela de contemplación, una purificación del corazón y una preparación real para la Pascua.
Si la liturgia habla y el cristiano escucha, el misterio se revela. Y la Cuaresma deja de ser costumbre para convertirse en camino de conversión.