Mullally clausura el proceso de bendiciones homosexuales, pero abre una nueva fase de debate en la Iglesia anglicana

Mullally clausura el proceso de bendiciones homosexuales, pero abre una nueva fase de debate en la Iglesia anglicana

La Iglesia de Inglaterra ha decidido poner fin formalmente al proceso “Living in Love and Faith” (LLF), iniciado en 2017 para abordar la cuestión de la sexualidad y el matrimonio. Sin embargo, la clausura del programa no supone el cierre del debate, sino su reconfiguración bajo el liderazgo de la arzobispesa de Canterbury, Sarah Mullally, quien ha impulsado la creación de nuevas estructuras para seguir estudiando la materia.

El Sínodo General aprobó que el LLF concluya oficialmente en julio, pero al mismo tiempo respaldó la constitución de un nuevo Grupo de Trabajo sobre Relaciones, Sexualidad y Género, así como un Grupo Consultivo Pastoral que asesorará a los obispos en casos concretos. El debate no se resuelve; cambia de formato.

De la fase reflexiva a la fase jurídica

El LLF nació como un proceso amplio de reflexión sobre identidad, sexualidad, relaciones y matrimonio. En 2023 desembocó en la introducción de las “Prayers of Love and Faith”, oraciones públicas para parejas del mismo sexo dentro de servicios ordinarios, sin modificar la doctrina anglicana sobre el matrimonio.

La nueva etapa impulsada por Mullally ya no se presenta como un diálogo abierto, sino como un análisis estructurado. El Grupo de Trabajo tendrá el mandato de estudiar el procedimiento canónico necesario para autorizar eventuales servicios específicos de bendición y evaluar qué cambios legislativos serían necesarios para permitir la ordenación o el ministerio de clérigos casados civilmente con personas del mismo sexo.

El paso es significativo: el debate pasa del plano pastoral-discursivo al terreno jurídico-institucional.

Liderazgo en un escenario fragmentado

Durante el debate sinodal, Mullally reconoció el desgaste acumulado y las heridas internas. Admitió que el proceso ha sido difícil y que ha tocado cuestiones nucleares de identidad teológica. Su intervención evitó tanto la ruptura como la imposición.

El arzobispo de York, Stephen Cottrell, reconoció que la Iglesia permanece “profundamente dividida” en materia de sexualidad y matrimonio. El Sínodo aprobó una moción que reconoce “el dolor que muchos han sentido durante el proceso LLF, especialmente las personas LGBTQI+”, al tiempo que agradece el trabajo realizado en estos años.

La votación evidenció que no existe un consenso suficiente ni para ampliar el reconocimiento litúrgico ni para revertir lo aprobado en 2023. Ante esa realidad, el liderazgo opta por reorganizar el proceso en lugar de forzar una definición inmediata.

Doctrina intacta, tensión latente

Por el momento, la doctrina tradicional del matrimonio permanece inalterada. No se autorizan ceremonias independientes de bendición ni se introduce el matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero tampoco se clausura la posibilidad futura de cambios normativos.

La estrategia adoptada evita una fractura inmediata dentro de la Iglesia de Inglaterra y en la Comunión Anglicana global, donde varias provincias han mostrado preocupación por la evolución doctrinal en materia sexual.

El LLF se cierra como programa. La cuestión de fondo continúa abierta. Bajo el gobierno de Mullally, la Iglesia anglicana entra en una fase más técnica y menos declarativa, en la que el debate no desaparece, sino que se canaliza hacia estructuras permanentes de estudio.

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