“¡No quiero esto!”: el cardenal Marx rechaza el órgano de control aprobado por el Camino Sinodal alemán

“¡No quiero esto!”: el cardenal Marx rechaza el órgano de control aprobado por el Camino Sinodal alemán

El avance del Camino Sinodal alemán hacia la creación de una Conferencia Sinodal permanente, con funciones de seguimiento sobre la aplicación de sus resoluciones en las diócesis, ha dejado al descubierto tensiones internas entre los propios obispos, incluida la oposición explícita de uno de sus principales impulsores, el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y Freising, quien exclamó abiertamente: “¡No quiero esto!”, manifestando su rechazo a la creación de una instancia nacional que supervise a los obispos e intervenga en la vida de las diócesis.

Según un análisis publicado por kath.net, la reciente votación que introduce mecanismos de monitoring —supervisión— sobre los obispos diocesanos ha puesto de manifiesto una contradicción de fondo: un proceso sinodal cuyos promotores afirman que sus resoluciones no son vinculantes, pero que al mismo tiempo establece estructuras de control sobre quienes no las aplican.

De impulsor del proceso a crítico del resultado

Marx fue uno de los principales promotores del Camino Sinodal desde su inicio en 2019, junto con el entonces presidente del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK). El proceso, concebido como respuesta a la crisis de abusos y como plataforma de reformas estructurales, ha producido más de 150 páginas de resoluciones sobre cuestiones como el celibato sacerdotal, la predicación laical y el papel de la mujer en la Iglesia.

Sin embargo, la aprobación del mecanismo de control sobre los obispos parece haber marcado una línea roja incluso para el cardenal. El sistema obliga a las diócesis a informar qué resoluciones han aplicado y cuáles no, debiendo cada obispo justificarse ante la nueva Conferencia Sinodal.

Paradójicamente, la estructura aprobada contempla una composición en la que los obispos quedarían en minoría frente a representantes laicos vinculados al ZdK, lo que permitiría adoptar decisiones sin que los prelados dispongan de derecho de veto efectivo.

Una votación controvertida

La votación alcanzó formalmente la mayoría de dos tercios exigida, pero mediante un cómputo discutido: las abstenciones fueron consideradas como votos no emitidos, lo que permitió que 21 votos favorables bastaran para alcanzar la mayoría cualificada, pese a que Alemania cuenta actualmente con 59 obispos. De los 47 presentes, solo 33 votaron, lo que habría elevado el umbral real a 22 votos si se hubiera aplicado un criterio ordinario.

Un problema eclesiológico de fondo

Las resoluciones del Camino Sinodal no tienen carácter vinculante y, en algunos casos, entran en conflicto con la doctrina de la Iglesia. Ningún obispo está obligado canónicamente a aplicarlas. No obstante, el nuevo sistema introduce un mecanismo de señalamiento público que, en la práctica, funciona como una forma de control político y mediático.

Desde el punto de vista de la Iglesia, este modelo plantea un problema grave. La Santa Sede ha recordado reiteradamente que los órganos sinodales son estrictamente consultivos, carecen de potestad decisoria y no pueden ejercer supervisión sobre los obispos, cuya autoridad deriva del orden apostólico.

Finanzas y poder laical

Otro de los aspectos más controvertidos es la posible atribución a la Conferencia Sinodal de competencias en materia financiera, incluyendo un papel del Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK) en el control del presupuesto de la Asociación de las Diócesis Alemanas (VDD). Diversos canonistas han señalado que el ZdK carece de estatuto jurídico eclesial, lo que convierte esta propuesta en especialmente problemática.

Aunque los obispos se apoyen legítimamente en expertos y órganos consultivos, el derecho canónico establece con claridad que la responsabilidad última sobre los bienes diocesanos corresponde al obispo, cuya firma es imprescindible para la validez de los actos económicos.

A la espera de Roma

Los estatutos de la futura Conferencia Sinodal deberán ser aprobados aún por la Conferencia Episcopal Alemana y enviados posteriormente a la Santa Sede. Existe la expectativa de que Roma no apruebe un modelo que introduzca funciones de control o supervisión incompatibles con la eclesiología católica, aunque algunos obispos alemanes confían en que el texto pueda ser “reconducido” canónicamente.

Mientras tanto, la paradoja permanece: el cardenal Marx rechaza una estructura de control que el propio Camino Sinodal —del que ha sido impulsor— ha terminado por diseñar. Una contradicción que pone en evidencia la viabilidad eclesial de este proceso y su compatibilidad con la comunión de la Iglesia.

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