El obispo auxiliar emérito de Coira, Mons. Marian Eleganti, ha publicado en su blog personal una reflexión titulada “Und Dennoch bleibt es ein Schisma” (“Y, sin embargo, sigue siendo un cisma”), en la que aborda la situación actual de la Iglesia, la posibilidad de nuevas consagraciones episcopales sin mandato pontificio por parte de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) y la necesidad de afrontar con realismo los problemas internos surgidos en las últimas décadas.
En su análisis, el prelado suizo sostiene que una consagración episcopal realizada sin mandato del Papa conlleva excomunión automática y constituye un acto cismático. Para fundamentarlo, cita el canon 1382 del Código de Derecho Canónico, que establece que el obispo que consagra sin mandato pontificio, así como quien recibe la consagración, incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica. Asimismo, recuerda el canon 1013, según el cual “a ningún obispo le es lícito consagrar a alguien obispo si no consta previamente el mandato pontificio”.
Jurisdicción y constitución visible de la Iglesia
Mons. Eleganti afirma que el mandato para una consagración episcopal debe constar inequívocamente mediante un decreto pontificio, y que proceder sin él supone una negativa práctica a someterse a la jurisdicción del Romano Pontífice. En su argumentación cita la encíclica Mystici Corporis de Pío XII, que subraya el fundamento jurisdiccional del ministerio eclesial, y recuerda el Concilio de Trento, que declaró anatema a quienes apoyaran a obispos no “ordenados legítimamente o enviados por autoridad eclesiástica canónica”.
Según el obispo emérito, la estructura visible y jurídica de la Iglesia forma parte de su constitución divina y no puede ser sustituida por una autonomía práctica basada en decisiones unilaterales.
La situación de la FSSPX
En su reflexión, Mons. Eleganti considera que la FSSPX mantiene una posición de autogobierno que, en caso de nuevas consagraciones sin mandato pontificio, implicaría una desvinculación jurisdiccional del Papa. A su juicio, gestos externos como mencionar al Pontífice en la plegaria eucarística o manifestar adhesión doctrinal no compensarían una ruptura práctica en el ámbito jurídico.
El prelado interpreta esa eventual actuación como un riesgo real de cisma, entendido como la negativa a someterse a la autoridad del Romano Pontífice en el orden jurídico.
Reconocer errores y afrontar la crisis
Al mismo tiempo, Mons. Eleganti no limita su reflexión a la cuestión disciplinar. Señala que la autoridad eclesial debería tomar en serio determinadas críticas relativas a la evolución de la Iglesia tras el Concilio Vaticano II. En particular, menciona la reforma litúrgica, los esfuerzos ecuménicos e interreligiosos y la situación doctrinal en algunos países europeos.
El obispo hace referencia expresa al contexto alemán, donde el llamado “camino sinodal”, según su valoración, estaría promoviendo planteamientos alejados de la doctrina católica tradicional. En este sentido, pide que se afronten con claridad las desviaciones doctrinales y se reconozcan los errores cometidos.
Llamamiento a la oración y a la claridad
En la parte final de su artículo, Mons. Eleganti expresa su deseo de que el Papa y los cardenales afronten con realismo la situación de la Iglesia y emprendan reformas y clarificaciones doctrinales. Al mismo tiempo, distingue estas necesarias clarificaciones de la sinodalidad promovida en los últimos años, que considera insuficiente para responder a la crisis de fe.
El prelado concluye apelando a la oración y a la escucha auténtica del Espíritu Santo, advirtiendo del peligro de confundir la voluntad humana con la voluntad de Dios.