Cobo clausura CONVIVIUM con claves para el presbiterio madrileño: fraternidad, sinodalidad y reto vocacional

Cobo clausura CONVIVIUM con claves para el presbiterio madrileño: fraternidad, sinodalidad y reto vocacional

La Archidiócesis de Madrid ha clausurado CONVIVIUM, la Asamblea Presbiteral celebrada los días 9 y 10 de febrero en el Auditorio Pablo VI. El arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo, cerró el encuentro sintetizando el proceso en diez conceptos que, según explicó, han estado presentes tanto en las preasambleas como en las jornadas finales.

El primero fue la llamada a caminar juntos. “No estamos aquí por una idea, sino porque hemos sido llamados”, afirmó, subrayando el carácter vocacional del ministerio sacerdotal.

“Convocados” a ejercer la pastoral con otros

El segundo concepto fue la propia palabra CONVIVIUM. “Somos los convocados, y convocados a ejercer la pastoral con otros, no solitariamente”, señaló el cardenal, insistiendo en la dimensión colegial del presbiterio.

Entre las claves señaladas estuvieron también la centralidad del encuentro con Cristo, la escucha —al Espíritu, a la Palabra, a la Iglesia y al pueblo— y la humildad, recordando que es el Espíritu quien guía la Iglesia y que todos tienen algo que aportar.

Cobo subrayó además la necesidad de caminar con la diversidad del laicado, distinguiendo entre delegar tareas y compartir la responsabilidad en la evangelización.

Cuidado mutuo y fraternidad sacerdotal

Otro de los ejes reiterados fue el cuidado de los sacerdotes. El concepto de “cuidarnos” apareció como una constante del proceso de CONVIVIUM, junto con la fraternidad sacerdotal y la esperanza de que esta fraternidad sea abierta y generadora de comunidades cristianas.

“Somos hombres de Eucaristía, y por tanto instrumentos para generar comunidades”, afirmó el cardenal.

En la parte final de su intervención, Cobo insistió en la urgencia vocacional: “No hay futuro sin el cuidado de las vocaciones, y no hay vocaciones si el ministerio deja de ser alegre o pierde el tono de la fraternidad”.

La Asamblea concluyó con una encomienda a la Virgen de la Almudena y un mensaje final del arzobispo a los presbíteros: “Gracias por ser curas. Y ahora, a seguir trabajando”.

Un discurso en clave sinodal

Más allá del contenido inmediato, el discurso de Cobo se inscribe claramente en el estilo sinodal que hoy marca buena parte del lenguaje eclesial: caminar juntos, escucha, corresponsabilidad, integración de la diversidad y cuidado mutuo.

La insistencia en “caminar juntos” refuerza la comunión, pero plantea el reto de no diluir la identidad sacramental del sacerdote en una categoría meramente funcional o de equipo. El presbítero no es solo un agente pastoral; está configurado con Cristo Cabeza para enseñar, santificar y gobernar.

Del mismo modo, la distinción entre delegar y compartir responsabilidad en la evangelización es relevante. La corresponsabilidad laical es una realidad afirmada por el Concilio Vaticano II, pero siempre dentro de la clara distinción entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial.

Aclaración doctrinal:

El sacerdocio común lo reciben todos los bautizados por el Bautismo y les permite participar en la misión de la Iglesia ofreciendo su vida como sacrificio espiritual y dando testimonio cristiano en el mundo. El sacerdocio ministerial, en cambio, se recibe mediante el sacramento del Orden y configura al presbítero con Cristo Cabeza y Pastor, otorgándole potestad para enseñar, santificar y gobernar, y para celebrar la Eucaristía in persona Christi. Ambos proceden del único sacerdocio de Cristo, pero son distintos en naturaleza y no solo en grado.

Que no sea solo un eslogan

La clave estará en cómo estas diez claves se traduzcan en decisiones concretas en la vida diocesana. Porque la fraternidad sacerdotal y el impulso vocacional no dependen solo del clima interno, sino también de la claridad de identidad y de la coherencia pastoral.

En definitiva, CONVIVIUM deja un mensaje claro: fortalecer la comunión del presbiterio madrileño. El desafío será que esa comunión no sea solo un eslogan del momento sinodal, sino una realidad arraigada en la identidad propia del sacerdocio.

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