Durante la Misa de instalación como nuevo arzobispo de Nueva York, mons. Ronald A. Hicks incluyó referencias culturales poco habituales en un contexto litúrgico: citó letras populares ligadas a la ciudad, incluyendo una frase asociada al repertorio de Bad Bunny, para explicar su visión pastoral de una Iglesia que debe acercarse a su entorno urbano y multicultural.
En el acto celebrado en la Catedral de San Patricio, Hicks evocó que “si te quieres divertir, solo tienes que vivir un verano en Nueva York”, frase tomada de una canción popular recientemente interpretada por Bad Bunny, para ilustrar cómo la música —y la cultura en general— forman parte de su concepción de la vida de la Iglesia en la metrópolis neoyorquina.
La referencia ha generado atención no tanto por el contenido en sí, sino por lo que simboliza: un arzobispo que, desde su homilía de inicio de ministerio, recurre a expresiones del ámbito de la cultura popular para describir la identidad de la ciudad y, por extensión, la misión pastoral que ella exige. Para Hicks —tal parece— este gesto es una forma de conectar con la experiencia cotidiana de los fieles. Sin embargo, diluye también el lenguaje propio de la predicación cristiana y más aún eligiendo un referente cultural ligado a irreverentes letras como:
«Aquí no existe el pecado
Y equivocarse es bonito
Los errore’ son placere’
Igual que to’ tus besito'»
(Ojitos bonitos, Bad bunny)
Entre tradición y cultura popular
Este tipo de recursos plantea interrogantes sobre el equilibrio entre cercanía pastoral y claridad doctrinal. La cuestión no se centra en la cultura popular en sí, sino en el lugar que ocupa dentro de un discurso pronunciado en un contexto litúrgico y en una homilía de especial relevancia eclesial.
La Iglesia, llamada a evangelizar todas las culturas, no puede renunciar a dialogar con el mundo contemporáneo. Pero al mismo tiempo, la predicación cristiana posee un lenguaje propio, arraigado en la Sagrada Escritura, la tradición y la liturgia, que difícilmente puede ser sustituido por referencias culturales pasajeras sin riesgo de confusión.
La intervención de Hicks, más allá de la intención pastoral que la anima, toca los límites del uso de elementos de la cultura popular en la comunicación eclesial, especialmente cuando se trata de momentos que marcan el inicio de un ministerio episcopal —que tienen un fuerte valor simbólico para la vida de la Iglesia— y por la elección de un cantante como Bad Bunny para usar de ejemplo.