Mons. Sanz: «Acoger es una bendición, pero la Iglesia debe discernir con prudencia»

Mons. Sanz: «Acoger es una bendición, pero la Iglesia debe discernir con prudencia»

El arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, ha defendido con claridad su postura ante el debate social sobre inmigración en España, subrayando la importancia de la acogida como gesto de solidaridad cristiana, pero también la necesidad de plantear respuestas sensatas y razonadas ante desafíos complejos.

En una reflexión pública en Religión Digital, titulada “Sencillamente, a mis hermanos”, Mons. Sanz explica que su papel es mirar a cada persona con los ojos de Cristo, reconociendo que los inmigrantes son una bendición para la Iglesia y la sociedad, y que su llegada ofrece oportunidades de fraternidad y crecimiento espiritual, comunitario y pastoral.

Acoger desde el Evangelio

El arzobispo recuerda las palabras del Evangelio de san Mateo (“fui forastero y me hospedasteis”), que considera un mandato moral y espiritual para toda comunidad cristiana. Desde esta base, afirma que la acogida debe ser generosa, sincera y abierta, especialmente hacia quienes vienen huyendo de situaciones de violencia, pobreza o persecución religiosa.

Mons. Sanz pone de manifiesto que no solo llegan familias, sino también vocaciones, seminaristas y sacerdotes de países donde la libertad religiosa es limitada o inexistente, lo que —según él— enriquece profundamente la vida de la Iglesia y manifiesta la universalidad de la comunión eclesial.

Una mirada que combina apertura con prudencia

Sin renunciar a una postura de apertura, el arzobispo aboga por una acogida ordenada y prudente, propia de una sociedad que quiere ser solidaria sin caer en respuestas simplistas o demagógicas. “Siempre es deseable abrir las puertas y acoger a cuantos más mejor”, escribe, pero advierte contra soluciones populistas que no consideren las limitaciones reales de espacio, recursos y cohesión social.

Buscando así evitar relativismos que debiliten la vida comunitaria y constructiva de la Iglesia, promoviendo en cambio una política de acogida que sea estable y sostenible, que proteja la dignidad de los inmigrantes y transforme también a quienes acogen.

Un debate vivido con responsabilidad pastoral

Mons. Sanz reconoce que sus palabras han suscitado reacciones diversas, incluidas críticas por parte de sectores que interpretan su postura como restrictiva frente a propuestas más abiertas. En su reflexión, y hace un llamado al respeto mutuo dentro de la comunidad cristiana, invitando a escuchar y entender las diversas miradas sin caer en polarizaciones o descalificaciones.

Su intervención busca, desde la misericordia y la verdad, reconocer la tragedia de muchos inmigrantes y, al mismo tiempo, promover respuestas que fortalezcan la convivencia social y la unidad doctrinal de la Iglesia.

Una acogida generosa que transforma a todos

Mons. Sanz no deja lugar a dudas sobre su compromiso cristiano con los más necesitados. Para él, la Iglesia no puede permanecer callada ni ausente ante las grandes cuestiones de la sociedad. Su invitación es a que la comunidad católica reflexione y actúe desde una fe madura, que no rehúye los desafíos, sino que los aborda con caridad y sabiduría, fiel al mandato evangélico de amar al prójimo.

En este sentido, su llamado no es una negación de la acogida, sino una invitación a que ésta se realice con corazón grande y cabeza serena, buscando siempre el bien integral de cada persona y de toda la sociedad.

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