TRIBUNA: Carta abierta a León XIV por su discurso al Dicasterio para la Doctrina de la Fe

Por: Francisco José Vegara Cerezo - Sacerdote de la diócesis de Orihuela-Alicante.

TRIBUNA: Carta abierta a León XIV por su discurso al Dicasterio para la Doctrina de la Fe

Santidad:

Tras leer el discurso mentado, de 29 de enero del presente, me he sentido obligado a escribirle esta carta, porque una de dos: o yo estoy muy equivocado, y suplico la caridad de que alguien me saque de tan atormentador error, o hasta el lenguaje orwelliano debería tener un límite y, para que no parezca que tengo problemas de percepción, voy a ir comentando sus palabras más destacadas, que están en negro sobre blanco y aquí pongo en cursiva:

Saludo y agradezco cordialmente al Prefecto del Dicasterio, junto con los Superiores y los Oficiales. Conozco bien el valioso servicio que prestáis, con el fin —como afirma la Constitución Praedicate Evangelium— de «ayudar al Romano Pontífice y a los Obispos en el anuncio del Evangelio en todo el mundo, promoviendo y tutelando la integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral, bebiendo del depósito de la fe y buscando también una comprensión cada vez más profunda del mismo ante las nuevas cuestiones» (n. 69).

¿De qué integridad de la doctrina se puede ya hablar, cuando el magisterio de su predecesor y el suyo propio han emitido documentos que, como le he ido exponiendo en sucesivas cartas, se oponen frontalmente al magisterio dogmático anterior?, ¿y cómo se puede afirmar que se está bebiendo de un depósito de la fe que ha sido diluido mediante el sencillo expediente de la contradicción formal?

Vuestra tarea es ofrecer clarificaciones acerca de la doctrina de la Iglesia, mediante indicaciones pastorales y teológicas sobre cuestiones a menudo muy delicadas.

¿Quién puede considerar como aclaración la negación de lo anteriormente establecido?, ¿y cómo la teología católica, cuya columna vertebral es la continuidad orgánica, por estar basada en la Escritura y la Tradición, se puede levantar sobre la ruptura?

Con este fin, en los últimos dos años el Dicasterio ha publicado diversos documentos; recuerdo los principales: (…) la Declaración Dignitas infinita, sobre la dignidad humana (2 de abril de 2024), que reafirmó la dignidad infinita de todo ser humano, hoy gravemente puesta en peligro, en particular por las guerras en curso y por una economía que pone el beneficio en primer lugar.

La tesis nuclear de Dignitas infinita es la infinitud de la dignidad humana natural, como se declara ya en el primer punto:

Una dignidad infinita, que se fundamenta inalienablemente en su propio ser, le corresponde a cada persona humana, más allá de toda circunstancia y en cualquier estado o situación en que se encuentre.

Por si quedara alguna duda de que hablar de una dignidad radicada en el mismo ser, e independientemente de las circunstancias, sólo puede tener carácter sustancial y, por ende, natural, se añade inmediatamente su aprehensibilidad por la sola razón, sin necesidad de ninguna revelación, que es lo propio de la sobrenaturalidad:

Este principio, plenamente reconocible incluso por la sola razón, fundamenta la primacía de la persona humana y la protección de sus derechos.

Entonces, si la dignidad humana es ya infinita por sí misma, cuando, por un lado, la infinitud es una nota exclusiva de la divinidad, como expresión de su eminencia, y, por otro, a lo infinito no se le puede, por su inconmensurabilidad, añadir ni restar, ¿qué sentido tendría el ámbito sobrenatural, que no podría aportar nada y, aunque lo hiciera, sólo redundaría en un carácter divino que ya se poseería naturalmente por la misma infinitud?

Ni siquiera la teoría de la potencia obediencial justificaría semejante dignidad infinita natural en el hombre, pues, ante todo, la dignidad no es una mera potencia sino un acto, y además la infinitud excluye toda potencialidad y exige plena actualidad.

Santidad, habiéndole dedicado ya una carta con las afirmaciones bíblicas y magisteriales contradichas por la tesis de la dignidad infinita natural, creo que no es necesario que repita todos los argumentos, sino que simplemente reitero que esa tesis, contenida en un documento magisterial, es una herejía no ya meramente puntual —cuando una sola de este tipo sería demoledora, por cuanto fallar en un solo punto dogmático es ya perder la fe católica—, sino verdaderamente radical, en cuanto que niega el fundamento mismo de toda la doctrina católica, o sea, su sobrenaturalidad. ¿Y de un documento que contiene tal aberración dice usted que clarifica la doctrina de la Iglesia? A mí, sinceramente, no pueden sino sonarme a sarcasmo todas esas palabras con las que trata de cubrir, con el velo de la más anodina normalidad, el mayor atentado doctrinal de la historia.

La Nota doctrinal Mater Populi Fidelis, sobre algunos títulos marianos referidos a la cooperación de María en la obra de la salvación (4 de noviembre de 2025), que fomenta la devoción mariana popular, profundizando en sus fundamentos bíblicos y teológicos, y al mismo tiempo ofrece aclaraciones precisas e importantes para la mariología.

En el documento aludido se encuentran estas afirmaciones:

22. Teniendo en cuenta la necesidad de explicar el papel subordinado de María a Cristo en la obra de la Redención, es siempre inoportuno el uso del título de Corredentora para definir la cooperación de María.

27. En sentido estricto, no podemos hablar de otra mediación en la gracia que no sea la del Hijo de Dios encarnado.

67. Algunos títulos, como por ejemplo el de Mediadora de todas las gracias, tienen límites que no facilitan la correcta comprensión del lugar único de María.

¿Realmente al rechazo de las funciones de corredentora y medianera de la gracia por parte de María se le puede atribuir, según sus mismas palabras, que fomenta la devoción mariana popular, profundizando en sus fundamentos bíblicos y teológicos?, ¿cómo se va a fomentar ninguna devoción, anulando las oraciones más entrañables que la Iglesia ha dedicado siempre a María?, pues ¿qué sentido tiene ahora rogar su intercesión sobrenatural si, justamente, el don sobrenatural —la gracia— ya no está en sus manos?

Supongo que el objetivo ecuménico de convergencia con la exquisita aversión mariana protestante se habrá cumplido plenamente; pero no deja de sorprenderme que encima eso mismo se pretenda presentar como una fervorosa soflama del más rancio catolicismo. Es el idéntico recurso irónico y tergiversador que ya utilizó su predecesor al, por ejemplo, titular Traditiones custodes al documento que precisamente trataba de restringir drásticamente la tradición litúrgica. Tampoco es que sea muy novedosa la cosa, pues de todos es sabido que la antaño llamada “República Democrática Alemana” no era exactamente la Alemania democrática; pero que el magisterio pontificio haga uso de tan arteras triquiñuelas verbales hunde irremisiblemente en el más profundo descrédito toda la doctrina católica, salvo que aquel magisterio sea sólo supuesto.

Finalmente, la Nota doctrinal Una caro. Elogio de la monogamia, sobre el valor del Matrimonio como unión exclusiva y pertenencia recíproca (25 de noviembre de 2025), que profundiza de manera original en la propiedad de la unidad del Matrimonio entre un hombre y una mujer.

De este último documento voy a entresacar dos puntos:

122. La persona no puede ser tratada de una manera que no corresponda a esta dignidad, que puede llamarse «infinita», tanto por el amor ilimitado que Dios le tiene como por ser una dignidad absolutamente inalienable.

Se confirma expresamente la tesis de Dignitas infinita; pero, en primer lugar, la razón del amor de Dios es completamente inadecuada, ya que este amor, obviamente, es sobrenatural y, por ende, no puede fundar una dignidad meramente natural; y, en segundo lugar, la inalienabilidad convierte a esa dignidad en sustancial y despoja de sentido al pecado y a la condenación, pues ni el primero podría mermar una dignidad infinita ni el que ostenta tal dignidad podría tampoco condenarse eternamente.

145. Una visión integral de la caridad conyugal no niega su fecundidad, la posibilidad de generar una nueva vida, porque «esta totalidad, exigida por el amor conyugal, corresponde también a las exigencias de una fecundidad responsable». La unión sexual, como forma de expresar la caridad conyugal, debe naturalmente permanecer abierta a la comunicación de la vida, aunque esto no signifique que deba ser un objetivo explícito de todo acto sexual.

Ahora bien, después de que Francisco aprobara la interpretación de Amoris laetitia, hecha por los obispos argentinos, que indica que, cuando no se pudo obtener una declaración de nulidad, (…) igualmente es posible un camino de discernimiento, de modo que, si se llega a reconocer que, en un caso concreto, hay limitaciones que atenúan la responsabilidad y la culpabilidad (cf. 301-302), particularmente cuando una persona considere que caería en una ulterior falta, dañando a los hijos de la nueva unión, Amoris laetitia abre la posibilidad del acceso a los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía (cf. notas 336 y 351), ¿qué importancia tiene ya que los esposos legítimos hagan uso de métodos anticonceptivos artificiales?, ¿colamos el mosquito y nos tragamos el camello? (cf. Mt 23, 24). ¿Acaso se les va a denegar a los que se han preocupado de regularizar sacramentalmente la situación acogerse a un proceso de discernimiento donde se considere la posibilidad, aquí también, de limitaciones circunstanciales que atenúen la responsabilidad y la culpabilidad? Aceptada la moral de circunstancias, socavadora del objetivismo que se creía que caracterizaba la moral católica, ¿qué puertas se le pueden poner ya a ese campo? Haber aceptado la profanación del matrimonio por parte de los adúlteros, que ya pueden recibir sacrílegamente la penitencia y la Eucaristía, y poner, sin embargo, exigencias a los debidamente casados carece de toda lógica y justicia, y hasta parece una burla, dando facilidades a los que van por mal camino y poniendo trabas a los que han tomado el bueno.

Todo este trabajo será sin duda de gran provecho para el crecimiento espiritual del santo y fiel Pueblo de Dios.

¿Cómo un Romano Pontífice, que se supone asistido por el Espíritu Santo, puede presentar como alimento provechoso lo que, como doctrina gravemente adulterada, no es más que un veneno tanto más letal cuanto más simula su corrección?

Aprecio, en particular, que en esta “Plenaria” hayáis iniciado una fructífera reflexión sobre el tema de la transmisión de la fe, asunto de gran urgencia en nuestro tiempo.

En la nueva jerga, a la herejía descarada se la denomina “transmisión de la fe”, sólo que omitiendo, por supuesto, que esa fe ya no es la católica, pues, aunque la herejía parezca venir de la Santa Sede, es inevitable que herejía se quede.

No podemos, en efecto, «ignorar que, en las últimas décadas, se ha producido una ruptura en la transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico».

La auténtica ruptura se está produciendo actualmente con la sustitución de la doctrina dogmática católica por algo no solamente distinto, sino incluso diametralmente opuesto, y eso es lo que con esta carta quiero públicamente denunciar.

Como he recordado con ocasión del reciente Consistorio extraordinario, nosotros queremos ser una Iglesia (…) que anuncia el Evangelio, sobre todo a través de la fuerza de la atracción.

Lo único innegable es lo de la atracción; pero, claro, una atracción que utiliza los mismos medios que el mundo, de donde se sigue que ese evangelio que oculta la sobrenaturalidad, de la que somos tan indignos, y que exige, como ineludible condición, la conversión radical, sólo puede ser ya el sucedáneo al que así se refirió san Pablo: «Si un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema» (Ga 1, 8). Es de suponer que, para el apóstol, sería indiferente el color con el que el ángel fuera vestido, pues, como ya dice el refrán, el hábito no hace al monje… ni al ángel ni al papa.

Nota: Los artículos publicados como Tribuna expresan la opinión de sus autores y no representan necesariamente la línea editorial de Infovaticana, que ofrece este espacio como foro de reflexión y diálogo.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando