Los siete domingos de San José (II)

Los siete domingos de San José (II)

Durante siete domingos acompañaremos a San José en un recorrido espiritual que nos permitirá contemplar, paso a paso, sus dolores y gozos, y aprender de su obediencia silenciosa y fiel en el misterio de la Encarnación.

Oración inicial al Corazón de Jesús

Corazón de Jesús, Verbo eterno del Padre, Sumo y eterno Sacerdote,
que no sólo quisiste habitar entre los hombres,
sino aprender de un hombre en la obediencia cotidiana de la casa de Nazaret.

Tú, que mirabas a José no sólo como protector,
sino como verdadero padre, puesto por el Padre celestial
para introducirte en la Ley, en el trabajo, en la oración y en el silencio de Israel.

Él custodió tu Cuerpo santísimo y defendió tu vida frágil,
con el ejemplo visible de lo que significa vivir enteramente para Dios.

Concédenos, Señor, ser en estos siete domingos
como discípulos admitidos en la intimidad real de tu casa.

Haznos aprender de José lo que Tú mismo aprendiste:
la obediencia silenciosa, la virilidad santa, la fidelidad sin ruido,
el amor que sirve sin ocupar el centro.

Corazón de Jesús, introduce a tu Iglesia en la escuela escondida de Nazaret,
y entréganos, como Tú mismo quisiste entregarte, a la custodia fiel del justo José.
Amén.

Dolor: no tener nada que ofrecer – Gozo: custodiar al Verbo encarnado (Lc 2,1-20)

José, custodio del Redentor y ministro del misterio, te contemplamos en Belén,
interiormente recogido, vigilante ante cada movimiento de Dios.

Sufres el dolor de la pobreza, no lamentándote,

sino aceptando que Dios ha querido comenzar su obra en el despojo.

Quisieras ofrecer al Hijo eterno un lugar digno, y sólo hallas un establo.
Pero cuando María te entrega al Niño, comprendes que se te confía el tesoro del cielo.

El Verbo hecho carne reposa en tus brazos.

El que sostiene el universo se deja custodiar por ti.

Tu alma, habituada a la contemplación, adora en silencio.
No te turba la grandeza del misterio, porque vives siempre en Dios.

Aquí aprende la Iglesia que Cristo no se guarda con poder, sino con pureza interior;
no con medios humanos, sino con fidelidad.

Enséñanos, José, a custodiar a Cristo en la pobreza real de la Iglesia,
con vida interior profunda y obediencia fiel.

***

Oración final a María, Esposa del Carpintero

María Santísima, Madre del Redentor y Esposa del justo José coronado en el cielo,
Tú conoces el fin del camino porque has pasado primero por la fe, la cruz y la gloria.

Tú sabes que la vida de Nazaret es silencio que desemboca en visión,
obediencia que se abre a la luz eterna, vida escondida que florece en gloria.

Enséñanos a vivir así, Madre:
con el corazón puesto en el cielo mientras los pies pisan la tierra;
sirviendo, trabajando, custodiando el misterio,
sabiendo que todo es tránsito y todo es siembra para la eternidad.

Confíanos a José, que vive Contigo para siempre en Dios; entrégale nuestra hora última,
cuando el cuerpo se apague y el alma sea llamada a presentarse ante el Padre.

Que José nos espere entonces como padre vigilante y guía seguro;
que nos tome de la mano en el paso decisivo
y nos introduzca, sin temor, en la Casa donde no hay noche ni fatiga.

María, permítenos vivir como José vivió en Nazaret:
en fe, en obediencia, en abandono confiado.

Y morir como José murió en Nazaret: entre tus brazos y los de vuestro Jesús.

Y haz que, acompañados por Ti y por tu Esposo castísimo,
podamos oír la voz del Hijo que nos llama por nuestro nombre
y nos hace entrar para siempre en la alegría del Padre y en el gozo sin fin del Espíritu.

Amén.

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