Con el reciente nombramiento de Ronald Hicks como arzobispo de Nueva York (Estados Unidos) ya son cuatro los antiguos colaboradores directos de Cupich que han accedido a sedes metropolitanas de primer nivel en apenas algo más de un año, junto a los actuales arzobispos de Milwaukee, Omaha y Cincinnati. Todos ellos tienen un pasado en común: ocuparon cargos clave en la archidiócesis de Chicago tras la llegada de Cupich en 2015, y varios fueron nombrados obispos auxiliares bajo su gobierno.
Según un análisis publicado por el National Catholic Register, más del 12 % de los arzobispos latinos de Estados Unidos habrán pasado por la órbita directa del cardenal de Chicago.
Un cardenal estratégicamente situado
La proyección de Cupich no se explica solo por su peso personal. Durante una década ha formado parte del Dicasterio para los Obispos, el organismo vaticano que evalúa y propone los nombramientos episcopales, y mantuvo además una relación especialmente estrecha con el papa Francisco, que lo consideró uno de sus principales interlocutores en Estados Unidos.
Esta doble posición —en Roma y en el país— le permitió influir de forma decisiva tanto en la promoción de antiguos colaboradores como en otros nombramientos de alto perfil, como el del cardenal Robert McElroy en Washington, fruto de una intensa labor de apoyo dentro de los cauces eclesiales.
Chicago como semillero episcopal
Desde la llegada de Cupich a Chicago, la archidiócesis se ha convertido en una auténtica cantera episcopal. En tres grandes oleadas —2018, 2020 y 2025— fueron nombrados once obispos auxiliares, una cifra que supera a la suma de los nombramientos realizados en diócesis históricamente más grandes como Los Ángeles y Nueva York en el mismo periodo.
Roma ha recurrido con frecuencia a estos auxiliares para cubrir sedes vacantes, reforzando la percepción de que el modelo de gobierno de Chicago se ha exportado al conjunto del país.
El perfil que Cupich impulsa
Según fuentes conocedoras de la vida eclesial en Chicago, Cupich privilegia perfiles eficaces en la gestión, prudentes en lo público y poco inclinados a la confrontación cultural. No promueve obispos que hagan de la denuncia mediática una prioridad, especialmente en cuestiones morales sensibles como el aborto o la ideología de género.
El objetivo, según estas fuentes, es evitar divisiones internas y exposición mediática negativa. El resultado es un episcopado de bajo perfil público, centrado en la administración y el consenso, aunque no necesariamente homogéneo en todas sus posiciones doctrinales.
Aunque el cardenal Cupich ha presentado su renuncia por edad, no hay duda de que su influencia continuará. Los obispos formados bajo su tutela seguirán recurriendo a él, especialmente en los primeros años de gobierno, cuando la experiencia pesa más que los cargos formales.