Una nueva oleada de ataques armados contra instalaciones religiosas y sanitarias cristianas en el centro-norte de Nigeria ha vuelto a poner el foco sobre la situación de inseguridad que padecen las comunidades cristianas del país, según informa Tribune Chrétienne. Los hechos se produjeron a comienzos de febrero en el Estado del Níger e incluyeron asaltos a un convento católico, clínicas, hospitales e iglesias.
Las acciones, perpetradas de forma casi simultánea en varias localidades, afectaron tanto a infraestructuras eclesiales como a viviendas civiles y puestos policiales, obligando a numerosos habitantes a huir de la zona ante el temor a nuevas incursiones armadas.
Asaltos nocturnos y destrucción de infraestructuras
Durante la noche del 1 al 2 de febrero, grupos armados atacaron distintas poblaciones bajo la jurisdicción del diócesis de Kontagora. Entre los objetivos se encontraban un convento vinculado a una clínica católica, instalaciones sanitarias diocesanas y templos cristianos pertenecientes a distintas confesiones.
Aunque las religiosas lograron ponerse a salvo, varias de las estructuras fueron saqueadas o incendiadas, dejando sin atención médica a comunidades que ya vivían en condiciones de extrema precariedad. Tras los ataques a edificios religiosos y sanitarios, los asaltantes interceptaron vehículos en las carreteras de la zona, causando víctimas mortales y secuestros.
Confirmación oficial y secuestros
Las autoridades policiales del Estado del Níger confirmaron al menos uno de los ataques, incluido el asalto a un puesto policial mediante el uso de explosivos, así como el secuestro de varias personas. Los hechos evidencian, una vez más, la capacidad operativa de los grupos armados que actúan con escasa oposición efectiva en amplias zonas del país.
Un patrón de violencia reiterado
Estos episodios se suman a una larga serie de ataques que afectan de manera recurrente a comunidades cristianas en el centro y norte de Nigeria. En las últimas semanas, obispos y responsables eclesiales han advertido sobre la normalización de la violencia y la falta de respuestas eficaces por parte de las instituciones estatales.
La reiteración de asaltos contra iglesias, conventos, sacerdotes y servicios vinculados a la Iglesia ha alimentado la percepción de que no se trata de hechos aislados, sino de una dinámica sostenida de hostigamiento.
ONG alertan de un proceso de eliminación
Diversas organizaciones no gubernamentales especializadas en libertad religiosa han ido más allá en su diagnóstico y hablan abiertamente de un proceso de eliminación sistemática de la presencia cristiana en determinadas regiones del país. Cifras difundidas por estas entidades señalan miles de cristianos asesinados en los últimos años y la destrucción de numerosas iglesias desde el inicio de la insurgencia islamista en 2009.
Para estas organizaciones, la combinación de asesinatos, secuestros, destrucción de templos y desplazamientos forzosos apunta a una estrategia de terror que tiene un claro impacto religioso, aunque no sea reconocido oficialmente.
El rechazo del Gobierno nigeriano
Frente a estas denuncias, el Gobierno federal nigeriano continúa negando que la violencia tenga una motivación religiosa específica. Las autoridades sostienen que los conflictos responden a factores complejos —étnicos, económicos, territoriales o climáticos— y rechazan el uso del término “genocidio”.
Sin embargo, para numerosos responsables eclesiales y observadores internacionales, esta interpretación minimiza una realidad visible sobre el terreno: comunidades cristianas enteras abandonan sus pueblos, parroquias desaparecen y la inseguridad se convierte en un factor permanente de vulnerabilidad para quienes profesan la fe cristiana en amplias zonas de Nigeria.