El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha formalizado un acuerdo bilateral con el Gobierno de Hungría para reforzar la cooperación en la defensa de la libertad religiosa y el apoyo a comunidades perseguidas por motivos de fe, con especial atención a África subsahariana y Oriente Próximo.
El memorando se firmó el 4 de febrero en Washington por Michael J. Rigas, subsecretario de Estado estadounidense para Gestión y Recursos, y por Tristan Azbej, secretario de Estado de Hungría responsable del programa Hungary Helps, orientado al apoyo a comunidades cristianas perseguidas.
Cooperación para asistir a comunidades perseguidas
Según informó el Departamento de Estado de EE. UU., el acuerdo tiene como finalidad facilitar la cooperación entre ambos países en el apoyo a cristianos y a otras personas de fe que sufren persecución, violencia o discriminación en distintos contextos internacionales. El texto subraya el compromiso compartido de Washington y Budapest con la promoción de la libertad religiosa como derecho fundamental.
Desde la Administración estadounidense se indicó que los cristianos constituyen uno de los grupos religiosos más perseguidos a nivel mundial y que los ataques contra estas comunidades tienen implicaciones humanitarias y de seguridad, especialmente en regiones afectadas por conflictos prolongados.
El papel de Hungría en programas de ayuda
Por parte húngara, Tristan Azbej destacó la implicación de su país en iniciativas de apoyo a comunidades cristianas perseguidas, especialmente a través de proyectos centrados en la reconstrucción, la educación y el mantenimiento de las poblaciones en sus lugares de origen. Hungría ha desarrollado este tipo de programas en distintos países durante los últimos años.
El acuerdo prevé el impulso de proyectos conjuntos orientados a la protección de minorías religiosas y a la estabilización de zonas afectadas por la violencia sectaria, el extremismo y la persecución por motivos ideológicos o religiosos.
Las denuncias de Trump sobre persecución religiosa
La firma de este acuerdo se produce en un contexto en el que Trump ha venido denunciando de forma reiterada la persecución de cristianos en distintos países. En particular, el presidente estadounidense había reclamado en meses anteriores una respuesta internacional más firme ante la violencia contra comunidades cristianas en Nigeria, donde se han registrado numerosos ataques con un elevado número de víctimas y desplazados.