Hicks asume la archidiócesis de Nueva York: «Confiar en Dios será la base de mi ministerio»

Hicks asume la archidiócesis de Nueva York: «Confiar en Dios será la base de mi ministerio»

El arzobispo electo de Nueva York, Ronald Hicks, pronunció en la tarde del 5 de febrero su primera homilía pública en la catedral de San Patricio, durante la celebración de las vísperas previas a su instalación al frente de la archidiócesis, según informó el National Catholic Register (NCR). La intervención tuvo lugar en un contexto litúrgico y marcó el inicio de su ministerio episcopal.

Lea también: León XIV oficializa el nombramiento de mons. Hicks en Nueva York

Ante los fieles reunidos, Hicks se refirió al momento que atraviesa la archidiócesis y a la responsabilidad que asume como nuevo pastor, reconociendo la complejidad de la misión encomendada.

Lea también: Estados Unidos: El ex canciller diocesano de Hicks se «casa» con un hombre

En su homilía —que fue alternando entre inglés y español—, el arzobispo electo explicó que afronta esta nueva etapa desde una actitud de confianza y entrega a Dios, señalando que su modo de proceder se basará en la oración diaria, la búsqueda de la voluntad del Padre y el trabajo compartido con personas fieles en los distintos ámbitos de la vida eclesial.

«Mi hoja de ruta es confiar en Dios, entregarme a Él, unir mi corazón al Corazón de Jesús y buscar la voluntad del Padre cada día en la oración, rodeado de personas buenas y fieles y sirviendo junto a ellas», afirmó Hicks.

Además indicó que el ejercicio del ministerio episcopal comporta desafíos reales, pero también oportunidades para servir y acompañar a la comunidad diocesana.

Dejamos a continuación la homilía, publicada íntegramente por el NCR:

Paz y bien.
¡Paz y todo bien para todos ustedes! [En inglés]
¡Paz y bien a todos mis hermanos y hermanas en Cristo, y a todas las personas de buena voluntad!
Paz y bien.

[En inglés]

La Iglesia, en su sabiduría, nos concede una tarde como esta.

No para resolver todos los problemas y desafíos de nuestra Iglesia y de nuestro mundo. Y ni siquiera para destacar todas las bendiciones y los éxitos.

Estamos aquí esta tarde para orar… juntos.

Venimos aquí como personas de fe y de buena voluntad para pedir a Dios que me bendiga y que bendiga a toda la Arquidiócesis de Nueva York mientras damos estos próximos pasos… juntos.

Desde el anuncio de que seré el undécimo obispo de la Arquidiócesis de Nueva York, muchas personas me han estado preguntando: «¿Cómo te sientes? ¿Cómo te estás sintiendo?».

Muchos no esperan una respuesta. Comienzan a enumerar emociones.

«¿Te sientes entusiasmado? ¿Nervioso? ¿Ansioso? ¿Feliz? ¿Inseguro? ¿En paz? ¿Bendecido?»

Y cuando les respondo, simplemente digo: «Sí».

Sí. Todas esas emociones han ido pasando por mí, en distintos momentos y de distintas maneras.

Este llamado a guiar, enseñar y santificar en la Arquidiócesis de Nueva York trae consigo grandes responsabilidades y hermosos dones.

Y, al igual que esa mezcla de emociones, liderar la Arquidiócesis implica complejidades reales, desafíos serios y, al mismo tiempo, una abundancia de alegría, bondad y bendición.

Si desean tener una idea de cómo pienso dar estos próximos pasos, mi hoja de ruta es confiar en Dios, entregarme a Él, unir mi corazón al Corazón de Jesús y buscar la voluntad del Padre cada día en la oración, rodeado de personas buenas y fieles y sirviendo junto a ellas.

Quiero decir esto también en español.

Si quieren saber cómo voy a caminar en esta nueva etapa, voy a confiar en Dios, ponerme en sus manos y unir mi corazón al Corazón de Jesús para hacer la voluntad del Padre cada día en oración. Quiero caminar acompañado de personas buenas y fieles, trabajando juntos en la misión y en los ministerios de la Iglesia.

[Continúa en inglés]

Cuando estaba en la escuela secundaria, escuché una homilía que muchos de ustedes probablemente también han escuchado. Y el escenario de esa homilía es precisamente este lugar.

Justo al otro lado de la calle, fuera de las puertas principales de esta Catedral, se alza la famosa estatua de Atlas. Es grande, musculoso y fuerte, y carga el mundo entero sobre su espalda. Cuando uno mira esa estatua, casi puede sentir el esfuerzo. El peso del mundo lo está aplastando. Es una imagen poderosa de cómo es la vida cuando intentamos cargar con todo por nuestra cuenta.

Ahora, después de mirar a Atlas, crucen la Quinta Avenida y entren en la Iglesia, la casa de Dios, para tener una perspectiva diferente.

Entren por las puertas de la Catedral de San Patricio. Fíjense en los hermosos murales nuevos del nártex, que representan a inmigrantes del pasado y del presente, a santos y figuras destacadas de Nueva York, y a los primeros respondedores. Luego, sigan una línea recta caminando por la nave central, pasando junto a todas las personas reunidas en oración. Avancen hacia el altar y, justo detrás de él, encontrarán una pequeña estatua de Jesús. Al igual que Atlas, Cristo sostiene el mundo. Pero, a diferencia de Atlas, Jesús no lo sostiene sobre su espalda.

Él sostiene el mundo en la palma de su mano. Y lo sostiene con facilidad, con alegría, casi sin esfuerzo.

Jesús no lucha, no se esfuerza ni es aplastado.

Él sostiene el mundo, con todos sus desafíos y complejidades, con autoridad, verdad, amor y misericordia divina.

Esta yuxtaposición nos ofrece una imagen poderosa.

De un lado de la calle, Atlas nos muestra lo que sucede cuando intentamos cargar con todo solos.

De este lado, Cristo nos invita a poner nuestra confianza en Él.

En este sencillo contraste encontramos el corazón de nuestra fe y el llamado del Evangelio. Somos invitados a soltar la tarea imposible de cargar con todo por nosotros mismos y a permitir que Cristo sea quien nos sostenga. Es un mensaje de confianza, de entrega y de hacer la voluntad de Dios.

En la lectura de esta tarde del Nuevo Testamento se nos exhorta a seguir la voluntad de Dios, no como una carga, sino como un camino de confianza. Uno de los ejemplos más hermosos de alguien que vivió conforme a la voluntad de Dios es la Santísima Virgen María. El «sí» de María no fue solo un momento puntual. Fue una entrega de toda la vida. Incluso en momentos de dolor, incertidumbre y al ver sufrir a su Hijo amado, permaneció siempre fiel a la voluntad de Dios.

Y así, al ser instalado mañana, les pido humildemente que oren por mí, y sepan que les prometo orar por ustedes, no solo esta noche, sino todos los días de mi vida.

En las palabras de Santa Teresa de Ávila: «Nada te turbe, nada te espante. Solo Dios basta». [En español]

Al comenzar mañana este ministerio, no quiero ser Atlas.

No quiero fingir que puedo cargar el peso de esta arquidiócesis sobre mis propios hombros.

En cambio, con ustedes… juntos, pongamos la Arquidiócesis de Nueva York, con todas nuestras esperanzas, todas nuestras heridas y todo nuestro futuro, en las manos de Jesús.

Jesús ya sostiene el mundo. Y en esa confianza, sabemos que también nos sostendrá a nosotros.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando