Dos cardenales venezolanos y un arzobispo emérito han instado públicamente a la Iglesia en Venezuela a expresar una voz clara, unitaria y firme ante la actual situación política e institucional del país, marcada por la incertidumbre tras las elecciones presidenciales de 2024 y el deterioro prolongado de las condiciones sociales en una carta firmada por los propios prelados.
Una carta difundida antes de la asamblea episcopal
El llamamiento fue hecho público el 31 de enero por los cardenales Baltazar Porras y Diego Padrón, junto con el arzobispo emérito de Coro, Ovidio Pérez Morales, pocos días antes del inicio de la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Venezolana. La proximidad temporal ha sido interpretada por observadores locales como un intento de ofrecer criterios de discernimiento a los obispos en un momento especialmente delicado para el país.
Desde comienzos de enero, tras los acontecimientos políticos posteriores a las elecciones presidenciales celebradas el 28 de julio de 2024, la Conferencia Episcopal Venezolana ha mantenido un perfil público prudente, limitándose a un breve comunicado inicial y evitando pronunciamientos más amplios sobre la evolución de la situación nacional.
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Un contexto de incertidumbre institucional
En la carta, los firmantes describen el momento actual como una “hora crítica” para Venezuela, caracterizada por una situación de provisionalidad institucional y por el riesgo de una mayor fractura social. Señalan que el país se encuentra a la espera de una transición política aún incierta, en un contexto de debilitamiento del Estado de derecho y de restricciones a derechos fundamentales.
Tras los comicios de 2024, ampliamente cuestionados por la oposición y por buena parte de la comunidad internacional, el Gobierno no publicó los resultados desagregados por centros de votación, mientras que sectores opositores sostienen haber obtenido una victoria clara. Desde entonces, se han denunciado detenciones de dirigentes políticos, restricciones a la libertad de expresión y un aumento de la presión sobre medios de comunicación y organizaciones civiles.
Principios que los prelados consideran irrenunciables
Ante esta situación, los cardenales y el arzobispo emérito recuerdan tres principios que califican como no negociables y que, a su juicio, deben orientar cualquier salida pacífica a la crisis: la dignidad de la persona humana, la vigencia de la Constitución y la soberanía popular como base de la convivencia nacional.
En el texto, subrayan que la recuperación del Estado de derecho y de una constitucionalidad efectiva es condición necesaria para garantizar el pluralismo democrático, el desarrollo económico y político, la convivencia pacífica entre los ciudadanos y el respeto a los derechos humanos, en coherencia con los valores de un pueblo mayoritariamente creyente y de tradición cristiana.
Tres peticiones concretas a las autoridades
La carta articula estas reflexiones en tres propuestas concretas que los firmantes consideran prioritarias.
En primer lugar, reclaman la liberación inmediata, total e integral de todos los presos políticos, precisando que esta debe incluir no solo la excarcelación, sino también la supresión de cualquier medida cautelar posterior que pueda prolongar situaciones de control o represión.
En segundo lugar, piden el fin de la hegemonía comunicacional ejercida por el Estado y la restitución plena de la libertad de comunicación. En el texto, los prelados vinculan explícitamente este derecho con el derecho a la vida y con la dignidad de la persona.
En tercer lugar, llaman a respetar la voluntad mayoritaria del pueblo venezolano expresada en las elecciones presidenciales de julio de 2024 y subrayan la urgencia de iniciar una transición política que no prolongue la actual situación de incertidumbre.
La misión de la Iglesia en la vida nacional
Los firmantes recuerdan que la Iglesia, pese a las limitaciones propias de la condición humana, es por voluntad de Dios signo e instrumento de comunión entre todos los venezolanos. Desde esta convicción, expresan su deseo de que la Iglesia contribuya activamente a la reunificación nacional y a la reconstrucción moral y material del país.
El texto insiste en que este compromiso no corresponde solo a los pastores, sino también a los fieles laicos, cada uno desde sus propias competencias y responsabilidades, y subraya la dimensión moral y espiritual de la actual crisis.